Jerez, exportadora de fórmulas arquitectónicas

Patrimonio

El historiador Fernando López Vargas-Machuca reivindica la creatividad del taller jerezano como impulsor de nuevas formas gótico-mudéjares en la primera mitad del siglo XV

Un investigador asegura que La Rábida es jerezana

Fernando López Vargas-Machuca, junto a la Iglesia de la O de Sanlúcar
Fernando López Vargas-Machuca, junto a la Iglesia de la O de Sanlúcar
A. C.

21 de abril 2024 - 05:00

El conferenciante, junto a Liliane Dahlmann, presidenta de la Fundación Casa Medina Sidonia; y Antonio Romero Dorado, de la Fundación Hermandad de la Santa Caridad de Sanlúcar.
El conferenciante, junto a Liliane Dahlmann, presidenta de la Fundación Casa Medina Sidonia; y Antonio Romero Dorado, de la Fundación Hermandad de la Santa Caridad de Sanlúcar.

"La arquitectura medieval jerezana ha sido malinterpretada por la tradición historiográfica". Lo tiene claro el investigador jerezano Fernando López Vargas-Machuca, que asegura que esto ha provocado que haya sido vista "como un mero apéndice o derivación del gótico que llega a Córdoba y a Sevilla tras la Conquista en el siglo XIII, por Fernando III de Castilla y su hijo Alfonso X 'El Sabio'".

De tal manera, una vez que el gótico ha pasado por ambas ciudades, llega a Jerez, aunque con menos fuerza "porque es una localidad de frontera, con una población muy problemática". Eso era algo que no casaba bien con la exuberancia decorativa de San Dionisio, la Torre de la Atalaya, Santo Domingo, etc. "Los historiadores que hasta hace 30 años habían investigado sobre el tema, no sabían muy bien dónde encajar cronológica y estilísticamente esa arquitectura porque decían que era una mezcla de ese gótico venido de Sevilla y Córdoba con la tradición local almohade que había en las mezquitas", añade López.

Unas declaraciones que el historiador realiza a raíz de la presentación en Sanlúcar, días atrás, de su hipótesis de que la iglesia de Santa María de la Rábida (Huelva) es jerezana, "obra del taller gótico-mudéjar de Jerez". La conferencia, titulada 'Mudejarismo estético en las promociones artísticas del I Duque de Medina Sidonia: el Monasterio de La Rábida como eslabón perdido', se celebró en la sede de la Fundación Casa Medina Sidonia, Palacio de los Guzmán, con la compañía de Liliane Dahlmann, presidenta de la Fundación Casa Medina Sidonia; y Antonio Romero Dorado, de la Fundación Hermandad de la Santa Caridad de Sanlúcar.

Explica el autor que a partir de los años 60 del siglo XV, aparece el tardogótico, con la construcción de San Miguel y de la Cartuja; unas décadas más tarde, Santiago. "Con la Catedral de Sevilla llega un gótico de una fuerza abrumadora, una obra construida íntegramente en piedra, completamente abovedada, de dimensiones colosales y con formas renovadas que vienen de latitudes septentrionales de Europa. Se convertirá en el estilo oficial de Jerez. Se renuevan así San Dionisio, San Mateo, San Marcos, Santo Domingo... Así, hasta que en el XVIII se construye la nueva Iglesia Colegial rememorando las formas tardogóticas. Un trabajo que es muy valorado y los maestros jerezanos son reclamados en la obra de la Catedral de Sevilla ya que manejan la técnica del corte de la piedra y el abovedado. Lógico, porque hay que tener en cuenta que gran parte del monumento sevillano se realiza con piedra proveniente de la Sierra de San Cristóbal, a través del río Guadalquivir. Pero no era considerado Jerez como centro creador de formas, sino de piedra y maestros, ya que depende de Sevilla en ese tardogótico".

Pero, ¿qué sucedió antes?

Las líneas de investigación que Vargas-Machuca ha seguido en las últimas décadas han sido la ubicación cronológica del taller jerezano, que comienza a trabajar en el último cuarto del siglo XIV y concluye en 1464, que es cuando cambia el alcalde del alarifazgo, el maestro mayor del Ayuntamiento de Jerez. Un taller gótico-mudéjar que mezcla elementos de la tradición gótica con la islámica, llegado posiblemente desde Córdoba, que "una vez que se instala en Jerez desarrolla mucho más aún la creatividad".

"Los maestros principales -añade- son Fernán García, que interviene en la Capilla de la Jura (1404) y es alcalde del alarifazgo hasta 1433; y su sobrino, Alfonso Benítez, alcalde del alarifazgo desde 1433 hasta 1464. Como tales alcaldes, son los encargados de las obras municipales y por tanto se les puede atribuir San Dionisio, muy vinculada al Ayuntamiento. Y la Torre de la Atalaya (1440), obra municipal donde se coloca el primer reloj público de la ciudad".

Nuevas fórmulas

Pero lo más interesante es que estos talleres "aportan fórmulas, cosas nuevas. Hay que destacar que en Córdoba y en Sevilla, la mayoría de las iglesias se hacen en las primeras décadas tras la Conquista, no inmediatamente después como se ha dicho. Se van sustituyendo las antiguas mezquitas reutilizadas como iglesias cristianas por edificios nuevos hechos en estilo gótico, con algún elemento mudéjar. Tras ello, los talleres de Córdoba y Sevilla cierran, porque no hay necesidad de construir nuevos templos, tan sólo reparaciones y ornamentaciones. La tradición del corte de la piedra se pierde".

Como la repoblación en Jerez fracasa, tal como se ha comentado antes, las iglesias siguen siendo mezquitas reutilizadas, con algún añadido que cristianiza el espacio. "Pero cuando tiene lugar la Batalla del Salado, en el siglo XIV, la frontera se aleja. La ciudad poco a poco se repuebla, adquiere potencia social y económica, lo que conduce a la necesidad de renovar los edificios. Las mezquitas se tiran y se construyen edificios nuevos -aunque se respetan muchas veces los ábsides y portadas del XIII, como en San Dionisio- desde un taller de Córdoba que se instala en Jerez y nace así una dinastía local, el gótico-mudéjar de Jerez, que va a controlar la alcaldía del alarifazgo hasta 1464, que son sustituidos por otra dinastía nueva que va a trabajar en la Catedral de Sevilla, ya gótico tardío. Un gótico más avanzado que el del siglo XIII, que ya en Córdoba ha experimentado mezclas con lo mudéjar, pues aquí se permite trabajar con creatividad, basada en la ilógica de los elementos arquitectónicos, una sintaxis heterodoxa, poco orgánica de la colocación de los elementos, en una gran fantasía decorativa a la hora de añadir piezas ornamentales, venidas de la tradición lejana románica, del gótico del XIII, del gótico tardío con formas flamígeras que vienen de la Catedral de Sevilla, algo que es vanguardia y que aparece en Jerez al mismo tiempo o incluso antes que en la Catedral sevillana, que es muy relevante. O el tercelete, que se aplica en la Capilla de la Jura, por primera vez en Andalucía".

Un taller creativo que exporta fórmulas y se ve en Arcos, con Santa María la Mayor; en la parroquia del Divino Salvador de Vejer, la Iglesia de la O de Sanlúcar, la sacristía de la Cartuja de Sevilla, el convento de Santiago de la Espada de Sevilla, etc.

"De todo esto se deduce que no sólo el taller de Jerez tiene éxito porque en ese momento se demanda construir en piedra y es el taller jerezano el que sabe hacerlo, sino que además difunde unas fórmulas renovadoras en las que se mezclan la vieja tradición gótica, la nueva tardo-gótica y el sustrato mudéjar que es habitual en Andalucía. Mi investigación de La Rábida abunda en ese terreno, esto es, decir que la iglesia de La Rábida se hace con mano de obra jerezana, a través de la gran donación del primer duque de Medina Sidonia, que facilita la llegada de los maestros hasta allí, pues contribuye a la difusión de las formas gótico mudéjares jerezanas por todo el antiguo reino de Sevilla y a la renovación así de las fórmulas tanto constructivas como decorativas. Un foco, el de Jerez, creador y renovador que acabará cuando empiece la construcción de San Miguel y la iglesia de la Cartuja, por la irresistible influencia de la Catedral de Sevilla".

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