Jerezanía rociera ante la Blanca Paloma
La hermandad se presentó ante la Virgen a las tres y diez de la tarde con una escolta de más de un centenar de jinetes y con el hermoso prólogo que se escribió un año más en Muñoz y Pabón
FOTOS: pascual
A las tres y diez minutos las hermandad de Jerez llegaba a la ermita de la Virgen del Rocío. A esa hora rendía la ida de tres días a la aldea, cumpliendo un año más, y van ochenta, con el rito de llevar la devoción rociera jerezana ante la Blanca Paloma. Previamente, desde las 13:30 horas, la comitiva vivía su particular entrada en las calles Bellavista y Muñoz y Pabón, con la gente de Jerez jaleando la llegada del Simpecado. Es la costumbre de cada año: caballos, peregrinos y carretas engalanadas para este día grande en el que la hermandad entró, por orden de antigüedad, en la posición 16, tras la del pueblo de Gines.
Unos 120 caballos precedieron a la carreta principal en cuya trasera se agolpaban centenares de romeros y romeras que dieron paso a las quince carretas. Una comitiva espectacular, hermosa y en la que se respiraba jerezanía por sus cuatro costados. Las flores de la carreta, sin entrar en cuestiones de gusto, fueron, como nos dijo un miembro de la junta de gobierno, al estilo campero en tonos morados y rosa, que se colocaron por la mañana en la Canaliega.
Un detalle. La paloma que se posó el pasado miércoles en Santo Domingo, estuvo en la presentación. Por cierto, se asomó fuera en la noche del Guaperal pero volvió a los pies del Simpecado.
La llegada tuvo los signos de siempre y la animación característica de esta hermandad cuando asoma por la Madre de las Marismas para entrar en la aldea por Bellavista. No pararon de cantar la gente del Coro al Alba, Los de Siempre, el Viejo Simpecado, Los Seis Varales, la Peña de Manuel Valderas Sevilla, El Sopetón, De la Albarizuela al Rocío e incluso, porque estaba de paso, la Hermandad de Móstoles. Por cierto que los del Al Alba estrenaron unas sevillanas dedicadas a los 80 años de la hermandad, algo de lo que no se acordó el que en la megafonía daba paso a las hermandades en la presentación.
Entre el bullicio se pudo ver al veterano Andrés Cano y a Daniel Carretero, con su cámara en ristre. En la cabecera de la comitiva rociera jerezana a Reyes Domecq portando el banderín de camino, escoltado por Pepe Barrera, Luis García, Luis y Antonio Domecq, Álvaro Domecq y Fermín Bohórquez, entre otros muchos, yendo por delante los dos piteros de la hermandad.
En esa ida a la ermita, se llevó a cabo la oración ante el Simpecado de Bollullos par del Condado; petaladas y muchos 'vivas' a la Virgen, junto a las enhorabuenas por la feliz llegada.
Tras los grandes carros de Gines tirados por bueyes, marchó Jerez camino de una ermita cuya entrada principal estaba escoltada por la gente de Almonte con estandarte y decenas de varas, aunque, también hay que destacarlo, menos gente tras las vallas de protección que delimitan la zona del público.
Pasadas las tres de la tarde, sonaba el himno nacional y la hermandad cantaba la Salve para rápidamente retirar el Simpecado de la puerta y poner rumbo nuevamente a la calle Almonte, a fin de dejar la carreta en la capilla en la que permanecerá hasta que este domingo salga el estandarte mariano camino de la misa del Pentecostés, en el Real del Rocío.
Antes de arribar a la casa, hubo parada ante el inmueble que siempre ha ocupado la familia Domecq en la esquina de Almonte, algunos metros antes de la sede jerezana, algo inusual pero que se produjo este año.
Así fue el sábado en el Rocío, el día grande de la romería y que empezó a anunciar que la culminación se acercaba. Jerez volvió a imponer sus formas y estilo en la aldea y en el rocierismo, porque, como se comentaba en la presentación de ayer, se notó que Jerez entraba con una caballería grande, numerosa y bien vestida. Con una gente rociera que siente esto mucho manifestándolo como sólo lo sabe hacer. Con sombreros a la mano, en señal de respeto a la que en su paso ocupaba el grandioso retablo que, pese al polvo que acumula estos días, lucía como la gran obra de talla e imaginería que es, el más solemne y maravilloso dosel para que la Virgen reciba las plegarias y oraciones silentes e íntimas que recibe cada segundo de los que se apostan pegados a su reja.
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