Tierra de nadie

Maduro: la vergüenza de todos

Marcha en Venezuela Marcha en Venezuela

Marcha en Venezuela / EFE/ Miguel Gutiérrez

Aquí estamos, en nuestro mundo… constitucional, “libre”, occidental, “civilizado…”. Uno piensa que en él, no podrían repetirse los horrores de un pasado muy reciente, pero “uno” se equivoca. Creemos que nuestra Unión Europea, la ONU, las organizaciones humanitarias, la Corte Penal Internacional, la Organización de Estados Americanos, y tantas otras asociaciones o plataformas que dicen “velar por nuestros derechos”, servirían, al menos –y además de para pagar nóminas excesivas, abultados gastos y dietas vergonzantes a sus “honorables” ejecutivos- , para conseguir evitar, o paliar, grandes catástrofes humanitarias, como poco, las debidas a la maldad humana; pero no, una vez más, nos equivocamos.

Un país hermano, una nación a la que nos une la Historia, la lengua y las costumbres: Venezuela, padece la interminable tiranía de un sátrapa carnicero, egoísta y cruel. Un payaso, inculto y populista, un mamarracho avaricioso y despiadado y embustero y sanguinario también, somete durante ya muchos años a todo un pueblo que, bajo sus garras obscenas y fétidas, se consume y muere ante la intolerable pasividad de todos. Digo pasividad, sí; de muy poco sirven ya las altisonantes declaraciones de repulsa, las condenas mediáticas, los reconocimientos a la oposición; no sirven de nada porque los venezolanos son encarcelados, apaleados, torturados y asesinados cada uno de los días en los que nosotros vemos, escuchamos o leemos las noticias y no hacemos lo suficiente para evitarlo.

Cada una de esas vidas arrancadas por la codicia implacable de un macabro cateto colocado a dedo por otro tirano bajuno, como fue el innombrable Hugo Chávez, pesará sobre nuestras conciencias, por muy “lejos” –en kilómetros- que creamos estar de todas esas personas –cada una con su nombre, su historia, su esperanza y su familia, como nosotros, igual que nosotros-; todas ellas nos debieran importar tanto como para exigir y no parar hasta lograr el fin de ese patético vocero y los corruptos militares que lo sostienen, mientras llenan sus bolsillos con el oro de Venezuela y sus cuentas corrientes, en paraísos fiscales, con los recursos que pertenecen al pueblo, a esas gentes que mueren sin medicamentos ni alimentos, sin ayuda ni socorro… Un verdadero desastre.

La desgracia es, aún, mucho peor. Hay, no sé muy bien cómo calificarlos…, ¿“partidos políticos”, bolcheviques panfletarios, arribistas tenebrosos, populistas incendiarios…? Que, a pesar del innegable horror con el que el mequetrefe Maduro sigue aplastando a los que debiéramos considerar hermanos nuestros, seres humanos como nosotros somos, continúan dando su apoyo a esa bestia y a los que le ayudan a seguir donde está. Esta basura -¡ese era el nombre que antes no encontraba!- no tiene otro objetivo, en su abyecta y miserable vida, que conseguir, algún día, hacer lo mismo en sus propios países, en los que viven como “marqueses proletarios”, entre ellos el nuestro: España. Su “ideología” caduca y desastrosa, sus “teorías políticas” irrealizables y engañosas, su cinismo brutal, sus falta de coherencia enervante e insufrible; sólo persiguen acabar con nuestra libertad para poder ponernos el pie en el pescuezo y someternos a sus deplorables fines, eso que ellos llaman, pomposamente y con una inalcanzable hipocresía: “revolución”, “proyecto solidario”, “dictadura del proletariado”, etc. … ¡la madre que los parió…!, a Dios rogando y con el mazo dando, o, como diría José Mota: ustedes me votan, que ya yo…. yo ya….

Venezuela se muere. No da igual mañana que hoy, cada día la masacre es mayor, cada noche el terror se adueña de sus calles y de sus gentes, los criminales se llevan a hijos, padres, hermanos, amigos… que nunca regresarán. No debemos esperar, ni tampoco dejar pasar ni una más a los “bolivarianos” de acá. Hay que reclamar a los que mandan que actúen, hay que gritar a los que exculpan o defienden el crimen de “lesa humanidad” que está sufriendo Venezuela, que se vayan, no los queremos aquí, hay que borrarlos de nuestras Instituciones, relegarlos a la sombra, impedir que nos lleven al infierno que, para todos salvo para ellos, supondría su triunfo: miren, miren a la Venezuela “bolivariana” de Maduro…

Chávez pagó a “bolivarianos” -¡Hay, si D. Simón Bolívar levantase la cabeza…!- digamos “de acá” para desestabilizar nuestro país. Algunos pestilentes medios de comunicación dieron inusual cabida, resonancia excesiva y un sospechoso protagonismo a los que, hábil y sibilinamente, se supieron “apropiar” del justificado y comprensible “espíritu del 15M”; hoy, las consecuencias de todo aquello, condicionan la política, por tanto el bienestar y el futuro, de España y de los españoles. Ocurre así, luego… es tarde.Pensamos que las tragedias siempre les suceden a los demás, es obvio que no es así. El refranero, siempre sabio, nos lo recuerda: “Cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar”. Los que nos llamamos y sentimos demócratas, los que creemos y defendemos la libertad de todos, no podemos continuar asumiendo la intolerable vergüenza que supone la persistencia en el poder, usurpado a la voluntad de los venezolanos, del déspota Maduro y de sus secuaces -dentro y fuera de Venezuela-.

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