Jerez

Monumentos en honor al olvido

  • Un recorrido por algunos de los lugares con más historia de la ciudad, abandonados, sin restaurar, sin mantenimiento, a la espera de alguna intervención municipal

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Un turista austriaco se come una lata de judías Heinz en plena plaza de Mercado. Son algo más de las doce de mediodía. Se siente el rey del mambo porque está en Jerez, una de las cunas del flamenco, y de paseo por este barrio emblemático. Se le ve feliz a pesar del calor. Le acompaña como telón de fondo el palacio Riquelme, asegurado con una ‘puerta’ de acero, al que le han crecido malas hierbas por las fisuras. Está que se cae. Ese aire decadente envuelve el viaje de Martin, el visitante, en un entorno apacible. “Es que mire, está este palacio aquí y a su lado, ‘El Lagá de Tío Parrilla’. Me gusta este contraste”, comenta.

No piensa lo mismo Mercedes, una vecina de San Mateo, para quien ese contraste es una triste realidad, una parte que refleja cómo está un barrio entero.  “Era tan bonito cuando estaba abierto. Pero ahora da mucha pena verlo así. Y bueno, si le hablo del barrio, que está abandonaíto. Mire las palmeras cómo están y el otro día un camión se llevó dos bancos de la plaza por delante. Se han olvidado de San Mateo. Y mire ese museo (el Arqueológico) tan bonito ahí cerrado. Jerez tiene muchas cosas bonitas, aunque yo no las veo porque no salgo de aquí”. Acaba la conversación y en ese momento pasa por delante del palacio el trenecito turístico de la ciudad, enseñando eso, contrastes.

Sentados en un banco está Sebastián con uno amigos. Se balancean, entre risas, para demostrar la inestabilidad del asiento. “Nos reunimos siempre aquí y llegará un momento en el que no nos podamos ni sentar”. En la droguería de la plaza,  María Bejarano, que ha sido muchos años presidenta de la Asociación de Vecinos de San Mateo, asegura que hace bastantes años que el abandono habita en el palacio Riquelme, y que una buena opción es que el Ayuntamiento le hubiera permitido a Joaquín Rivero instalar ahí su pinacoteca, como solicitó en su día el empresario jerezano. “Sin acuerdos con unos ni con otros y sin arreglos, el palacio se cae a pedazos, literalmente”. María dice que tiró hace muchos años la toalla, “por la falta de atención del Consistorio hacia nosotros. Simplemente, se olvidaron de que estábamos aquí”. Bejarano apunta que no esta sólo así el palacio Riquelme, sino también el de San Blas, del popular ‘El Pantera’, lleno de ratas, abandonado, al que entran a robar y a destrozar cada dos por tres. Y si te das paseos por el barrio, verás que hay casas que se caen porque se está construyendo mucho fuera, pero aquí nada. Si una casa se tiene abandonada durante décadas, yo creo que el Ayuntamiento debe expropiarla”.

El palacio Riquelme es propiedad municipal desde los 70 y en 30 años no se ha hecho nada. Un destacado historiador de la ciudad ha señalado que una “buena opción hubiera sido entregárselo a Rivero. La fachada es de 1542. Llegó a ser una casa de vecinos, luego la compró el popular ‘El Pantera’ para que viviera su mujer y después se convirtió en caballerizas”. Fue hecha por la familia Riquelme.

Sigue el penoso recorrido hasta el torreón de calle Muro, que forma parte de las murallas almohades del siglo XII y es una obra de tapial, es decir, hecha de tierra. También es propiedad municipal “y está que se cae”. Los estudiosos aseguran que los cimientos se los está llevando el viento “y arriba ha crecido una higuera que habría que limpiar. Ni se ha hecho restauración ni siquiera, el más mínimo mantenimiento”. “Toda la parte de San Mateo da pena. Uno de los casos más sangrantes es  lo que hoy es el Zoco de Artesanos, para cuya restauración el Ayuntamiento recibió dinero suficiente y lo que hicieron fue tirarlo y lo reconstruyeron de nuevo, a la manera de Jerez, fatal”, dicen.

El barrio de San Miguel es el próximo destino, concretamente, el palacio de Villapanés. Otro edificio que expropió el Ayuntamiento, sólo utilizado y restaurado en parte para estudios universitarios. “Una intervención mal hecha que se cargó el palacio. Y pusieron además frente a la fachada la escultura a Lola Flores, que no deja ver la división de las calles. Dentro hay pinturas, murales, escayolas en los techos del siglo XVIII y una escalera espectacular”, cuenta un historiador. Ha sido fábrica de cerveza, casa de vecinos, cuartel de la Guardia Civil, y ahora simplemente no es nada.

En el bar de la acera de enfrente cuenta  Manuel Sotomayor, que este palacio “debería protegerse y no dejar que se cayera”. Allí lleva este trabajador más de 32 años y lo ve abandonado desde hace unos 12 años. Un paisaje nada esperanzador. En la fachada lateral del palacio un desvencijado cartel anuncia promesas incumplidas para este espacio. Sueños abandonados, como el palacio que los espera. Y la cosa no marcha. Manuel se queja también de que los bajos de la casa, en plena calle, vive a veces botellones improvisados y trapicheos con drogas. Son de la misma opinión en la peña colchonera de la zona, donde dicen que este abandono “es una vergüenza, al mismo que está sumido el barrio, que está hecho una porquería. Aquí no viene nadie para hacer nada y ya hemos denunciado en numerosas ocasiones el tema de drogas”. Un grupo de aficionados al Atlético de Madrid nacidos en el barrio, que ven desde el interior de la peña cómo va cambiando su barrio, a su pesar, aunque ilusionados, por lo menos, con los fichajes para la nueva temporada del club de la ribera del Manzanares.  

El recorrido culmina junto al palacio Domecq, junto a Cristina. Allí, un monumento al Marqués de Domecq, realizado en los años 20 del siglo pasado por Lorenzo Collault Valera, preside la plaza. Es casi, un homenaje a la melancolía y al olvido: rejas oxidadas, plantas descuidadas y partes de la escultura desconchadas. Es la imagen que ofrece a los numerosos turistas que cada día se llevan de recuerdo una fotografía de este enclave.

Un ejemplo más del estado en que se encuentra parte del Patrimonio de la ciudad, creadores de la historia de un pueblo que se acerca al ciudadano a través de sus calles, las casas, cada esquina. Historia que puede terminar pasando a ser sólo eso, historia.

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