Jerez

Padilla y Pereiras 'retrataron' la viña y a su gente

  • Pintor y fotógrafo, respectivamente, supieron ver con ojos de grandes artistas la belleza y el esplendor de la viña jerezana, así como el esfuerzo y el trabajo de sus hombres y mujeres en la vendimia y en los oscuros lagares donde se convertía la uva en mosto.

A la memoria de mis buenos

amigos Juan y Eduardo.

Fueron dos de los más grandes artistas que Jerez tuvo en el siglo XX y los dos supieron captar como nadie la belleza y el esplendor de la viña. Padilla, Juan Padilla Lara, pintor, profesor de la Escuela de Artes y Oficios, maestro del bodegón, se especializó en la uva, el fruto de la vid, ya cortado, pintándolo con precisión casi fotográfica, en aquellos hermosos lienzos que expusiera, más de una vez, en la sala Pescadería Vieja, mientras fuera sede de la Real Academia de San Dionisio, y que tanto o más que entonces aún se siguen cotizando como verdaderas obras maestras. Un legado acrecentado por su hijo Juan Padilla Pardo, también gran pintor, seguidor de la misma línea creativa que su padre.

Eduardo Pereiras Hurtado, por su parte, captaría con su cámara fotográfica las más bellas escenas de la viña, en tiempo de vendimia. Las mujeres y los hombres de la vendimia, tuvieron en Pereiras a su mejor cantor, a su exaltador por antonomasia; porque el artista resaltaría siempre la grandeza de su esfuerzo; magnificando y convirtiendo en arte la estética de su trabajo, el sudor y el afán de una dura jornada, bajo el tremendo sol de agosto.

Las corta de la uva, el traslado en canastas para el soleo, en el almijar; la uva ya expuesta en los redores de esparto; la pisa de la uva en los oscuros lagares de las viñas; todo eso lo supo ver, captar y resaltar Pereiras con su objetivo mágico de increíble cazador de imágenes, entre un verde mar de vides, alineadas en las cepas. La misma uva que Juan Padilla 'retratara' en su estudio, con el polvillo aún de la vid; reposando fresca y jugosa, tras ser cortada de la cepa madre.

El pintor, perfecto conocedor del tema, idealizaba en su estudio el fruto dorado de la vid, junto con otros momentos costumbristas del trabajo en la viña. Escenas del campo jerezano en tiempo de vendimia, como las que Pereiras retrataba al natural, en los mismos escenarios, donde se desarrollaban las propias faenas vitícolas, con su cámara de artista enamorado del paisaje y de la capacidad del hombre, para convertir todo aquello en el mejor vino del mundo. Porque Eduardo Pereiras no solo buscaba la belleza y la estética de los escenarios naturales de la viña, sino que lo que más le atraía era, precisamente, la figura del hombre viticultor y la de la mujer vendimiadora, repartiendo su esfuerzo y su trabajo, entre los frutos de ese mar preñado de vida.

Juan Padilla Lara y Eduardo Pereiras Hurtado, maestros de los pinceles y de la fotografía artística, supieron ver, con su talento y con su arte, toda esa belleza luminosa y espectacular que encierra la uva, la viña, la viticultura en general, y la exaltaron con verdadera pasión, llevándola a los lienzos o al papel. Imágenes que ya son verdadera historia; pero que aún están ahí, que han quedado para el recuerdo; para ser admiradas, como retazos de la vida de nuestras viñas, en las que se renueva cada verano el milagro de convertirse la uva en mosto, en vino nuevo.

Tengamos un pequeño recuerdo para estos dos grandes artistas de nuestra tierra, Juan Padilla Lara y Eduardo Pereiras Hurtado, que vivieron enamorados hasta los tuétanos de su arte y que, con tan singular maestría y dedicación, supieron 'retratar', como nadie lo hiciera antes ni después, la viña, sus frutos y su paisaje. Y, sobre todo y por encima de todo, a los hombres y mujeres que un año y otro regaron la viña con el sudor de su trabajo.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios