El Rebusco

La aristocracia obrera del jerez

  • Semblanza de la viña a la bodega de los trabajadores del Marco de Jerez

Francisco Muñoz, en W&H. Foto de George Tarlton, 1966. Francisco Muñoz, en W&H. Foto de George Tarlton, 1966.

Francisco Muñoz, en W&H. Foto de George Tarlton, 1966. / George Tarlton

El historiador Diego Caro Cancela, titulaba de esta peculiar manera, "La aristocracia obrera: los trabajadores del vino de Jerez" (1995), uno de sus trabajos.

En el mismo hacia esta reflexión sobre la industria del vino de la comarca de Jerez: "...muchas veces hemos estado deslumbrados por los grandes apellidos -normalmente extranjeros- que fundan y mantienen las grandes casas bodegueras (...), y nos olvidamos de los cientos, de los miles de trabajadores que con su esfuerzo y sabiduría producían y elaboraban unos vinos que con el paso de los años se convierten en la principal seña de identidad de la ciudad y el marco geográfico que los producían".

Un aspecto, éste, al que se le ha prestado poca atención. Sorprende la poca bibliografía que ha generado entre los investigadores locales.

El profesor Caro aplica a estos trabajadores del vino la expresión "aristocracia obrera", diferenciándola de los jornaleros del cereal, "no solo en sus condiciones de trabajo, sino también de sus ingresos salariales y en sus propias actitudes sociopolíticas".

Como decía uno de los personajes de la novela de Blasco Ibáñez, La bodega (1905): "Si entonces hubiese aparecido Fernando Salvatierra, (...), con todas esas cosas de pobres y ricos, de repartos de tierras y 'rivoluciones', le habrían ofrecido una caña y le hubieran dicho: «Siéntese su mercé en el corro, camará; beba, cante, eche un baile con las mocitas si en ello tiene gusto y no se haga mala sangre pensando en nuestra vida, que no es de las peores».

Pepe Sánchez, el minuto (en segundo plano), trasegando el vino. Pepe Sánchez, el minuto (en segundo plano), trasegando el vino.

Pepe Sánchez, el minuto (en segundo plano), trasegando el vino.

Continuando esta línea de sus investigaciones, en el 2020, Diego Caro trataría de la "Reconversión laboral y conflictividad social en el Marco de Jerez durante la transición (1975-1982)".

Un asunto, el de las convulsas relaciones entre patrones y obreros, que ya venía de lejos, como ha estudiado Jesús Manuel González Beltrán, en "Regulación laboral y conflictos en las viñas del Marco de Jerez en el siglo XVIII" (2020).

Tan solo en los últimos años han visto la luz una serie de ellos, y que relacionamos: "Los conflictos sociales en la reconversión del sector bodeguero en el Marco de Jerez (1982-1991)", de Emilio José Ciprés, del 2019; "Los "carpinteros" del "jerez": los convulsos inicios del XX" (2020), de Carmen Borrego; "El martillo, órgano ugetista del gremio de toneleros de Jerez, Análisis de la crisis social y política (1916-1918)", de Lorena I. Rubio, trabajo de grado, periodismo, de la Universidad de Sevilla, del 2015.

El lobby de Jerez. El sindicato oficial de criadores exportadores de vinos de Jerez de la Frontera (1931-1938), de Francisco Bernal García, del 2016, V Encuentro de la asociación española de Historia económica, Sevilla; "Periódico El martillo: cultura acción obrera", de Pablo Collado y Miriam Orozco, Actas del Congreso de las cepas a las copas (2020).

Recomendables, como complementos de lectura más relajada, anotamos para los interesados: "El jerez de los bodegueros" (2004), de Francisco Bejarano; "Dos días de septiembre" (1962), de José Manuel Caballero Bonald, y "La templanza" (2015), de María Dueñas.

De la viña a la bodega

Como escribe el antropólogo jerezano Esteban Ruiz Ballesteros en "Construcción simbólica de la ciudad" (2000): "El vino conecta los terrenos de albarizas del término municipal con el casco de bodega, que en su penumbra y silencio le sirve de reposo a la criadera, y que se incrusta sin notarse en la trama urbana local. El vino implica tanto al señorito de turno como al último jornalero que participa en la vendimia".

En 1967, según los datos aportados por la revista La Actualidad, había en Jerez 682 empresas de viñas, y 8.996 obreros vitícolas. Además de una serie de industrias auxiliares vinculadas al comercio del vino, entre ellas 19 tonelerías. con 793 obreros,

A los trabajadores que llegaban a encargado de departamento los compañeros le espetaban con esta expresión: "ya podrás ir a trabajar vestidos con una chaqueta".

Algunos de estos "capataces de chaqueta" han quedado en la memoria colectiva. He aquí algunos de ellos: Lorenzo Mesa García (al que los ingleses le llamaban, por su corpulencia física, the big roud table), trabajó en Sandeman durante 50 años, siendo distinguido con la medalla al Mérito del Trabajo, modalidad bronce, Medalla de Bronce de la Ciudad, impuesta por el alcalde Tomás García Figueras, y premio al productor esclarecido otorgado por la Junta Oficial de la Vendimia en 1967; José Gálvez Buzón, sanluqueño, vinculado a González Byass, y a sus ratones bebedores de jerez, en 1956 recibió la medalla de bronce al Trabajo; Manuel Morales, 54 años en Domecq.

En 1916, Jerez Grafico recogía en su índice algunos de estos capataces de bodega: José Vega, Manuel Aparicio Tellado, Manuel Chaparro Guerrero, José Jiménez López, Carlos Morón del Toro y Miguel Santiago Martínez.

Tanto, José Sánchez Rosado, de la saga de los Minuto, arrumbador durante muchos años en Garvey, como su hijo, y mi primo, Vicente Sánchez García, venenciador de Sandeman, con una nariz privilegiada, merecen estar en esta relación.

Según Rafael García Gómez, el que fuera capataz general de González Byass, en declaración a Jesús Barquín: "Había arrumbadores de 3ª, arrumbadores de 2ª, de 1ª, encargados de cuadrilla, puestos a lo largo de los cuales se ascendía por una mezcla de antigüedad y de valía personal. Los encargados de cuadrilla más aventajados por edad y conocimiento pasaban a encargados de departamento (de clarificaciones, de soleras, de frío, etc.).

El personal de bodega tenía un alto índice de analfabetismo y muchos de los que llegaban a encargados de cuadrilla por escalafón no tenían un bagaje como para tomar decisiones relevantes, de modo que en el paso de encargado de departamento había un salto cualitativo. El control de todo era responsabilidad del capataz general. Durante el tiempo que fui capataz general, llegué a tener a mi cargo 18 jefes de departamento, algunos de ellos con 12 cuadrillas",

La presencia de la mujer en las bodegas no ha sido muy relevante. Muchas de ellas, la mayoría viudas, eran destinadas a departamentos como el embotellado o al de etiquetado, en naves apartadas; o bien, en fecha más reciente, a labores administrativas.

Etiquetadoras en González Byass. Etiquetadoras en González Byass.

Etiquetadoras en González Byass.

Imaginario

En otros aspectos, podemos observar la manera en la que se muestran las diferentes actividades desarrolladas por los trabajadores de las viñas y las bodegas del Marco, la imagen creada por manifestaciones culturales y artísticas

Si observamos el etiquetado de los vinos nos encontramos ejemplos como el arrumbador de Antonio Higuero para las bodegas de Antonio Núñez, o bien el de Manuel Valle para Valdespino, que fue el logotipo de la compañía. Aún luce en la gran veleta que actualmente marca los vientos en el complejo de las bodegas Estévez.

En el primero podemos distinguir la firma de Higuero, algo poco habitual entre los artistas gráficos dedicados a estos menesteres, que en su caso llegó a ser amonestado por dejar constancia de la autoría.

La bella composición, en cuatro viñetas, representando diferentes labores en torno a la uva y el vino. Es obra de Sebastián Moya "Cachirulo" hizo para otra bodega jerezana.

El pintor jerezano, Rodrigo Báez, recrea la imagen de un veterano trabajador venenciando en el interior de una bodega. Para este diseño, del brandy de las bodegas Galloso, del Puerto, se inspiró en una foto de Pereira.

Otras representaciones de venenciadores, como de vendimiadores y vendimiadoras recogiendo la uva en época de vendimia, o trasegando el vino, se pueden contemplar en otras muchas etiquetas.

El fotógrafo Eduardo Pereira ha sido el que mejor ha captado el mundo del trabajo en la viña y la bodega. Una muestra de ello es el conjunto de imágenes reproducidas en su libro Donde Jerez sueña, editado por la Caja de Ahorros de Jerez en 1986.

Algunas de ellas fueron reproducidas por las bodegas Tradición para adornar las botellas de sus vinos VOS y VORS.

Y en el cine, aunque con menos ejemplos, nos encontramos con el documento audiovisual más antiguos que se ha conservado hasta nuestros días, el fechado en 1924. sobre las bodegas Domecq. Documental que incluye extraordinarias escenas en la bodega y en la viña Macharnudo, y que tuve la satisfacción de localizar y recuperar.

Casi un siglo después, el director de cine jerezano, Antonio Lobo, realizaría un crítico análisis de los últimos años del sector con El vino, el mundo y nosotros (2019). Obra premiada en el Most Festival.

La novela de Blasco Ibáñez, La bodega, tendría su versión a la gran pantalla de la mano de Benito Perojo. Aunque en su adaptación al cine, 1929, aligeró la historia de sus aspectos más críticos, su exhibición no estuvo exenta de polémica, tanto en Jerez como en otros lugares de España.

Un recuerdo especial queremos dedicar a un incansable trabajador de las bodegas Osborne, José Luis Gómez Bermúdez (1930-2008), responsable, durante décadas de su departamento de publicidad.

Un año antes de fallecer, y por iniciativa personal, publicó sus recuerdos en el libro El hombre que plantaba toros.

Su vida laboral comienza en 1955, al ser contratado como jefe de ventas por la reputada litografía Jerez Industrial, en la que permanece hasta 1960, año en que es fichado por el Grupo Osborne del Puerto de Santa María. En esta empresa se jubilará en 1996, después de treinta y seis años de activo y ejemplar ejercicio de su profesión como jefe de publicidad.

Entre 1962 y 1977 se encargó personalmente de la elección de los diferentes emplazamientos por toda la geografía española de la famosa silueta negra de toro que Manolo Prieto diseñó para Osborne. Casi un centenar de estas emblemáticas figuras están situadas de forma estratégica por todo el territorio español.

Durante esos años se dedicó igualmente de la promoción de los diferentes productos de Osborne, de forma especial de la gama de brandies.

Con la agencia EPSA, del cubano Juan Cros Arrue, y la productora Estudios Moro, coordinaría diferentes campañas publicitarias de difusión nacional que aún perdura en la memoria de varias generaciones de españoles y que ha dejado huella en la historia de la publicidad nacional. Tanto la campaña para el brandy Veterano, con la pareja formada por Elena Balduque y el jerezano Antonio Pica a mediados de los años `60, como la que llevó a cabo con el mismo Dalí.

La modelo inglesa Jane Shrimpton, conocida con el apodo de la Gamba, vino a España en el verano de 1967 para rodar un anuncio para Osborne, por el que cobraría, nada más y nada menos, 750.000 ptas.

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