La jerezana espera un trasplante de los dos pulmones La fuerza de Tatiana: "Me voy a curar"

  • La jerezana, de 32 años y con fibrosis quística, espera desde año y medio el trasplante de sus dos pulmones

Tatiana Chagoyen, días atrás, durante la entrevista. Tatiana Chagoyen, días atrás, durante la entrevista.

Tatiana Chagoyen, días atrás, durante la entrevista. / Miguel Ángel González

Respiro profundo. A los minutos me doy cuenta de que es algo que ella desearía hacer. Respirar. Respirar con todas sus fuerzas sin una máquina que le acompañe. Respirar, abrir bien costillas, que el aire llene sus pulmones hasta rebosar. Sin dolor. Respirar. Vivir.

Tatiana Chagoyen, de 32 años, tiene fibrosis quística. Tras un tremendo golpe de tos en el verano de 2018 vive acompañada 24 horas de una máquina de oxígeno y está de baja (es médico del trabajo) hasta que le lleguen sus pulmones. Sus dos pulmones. En agosto del citado año rogó en el hospital de Córdoba que llegaran sus órganos, "necesito volver a mi vida, ¿cuándo llegan?". Le dijeron que entre 4 y 6 meses. Lleva año y medio esperando

La vida de Tatiana cambió a sus 3 años. Algo no iba 'normal' en su cuerpo y a pesar de recibir un diagnóstico negativo, algo no cuadraba. Fue en Madrid cuando junto a su nombre apareció el de fibrosis quística. Ella no tuvo problemas respiratorios, la alarma saltó por el aparato digestivo, se retorcía de dolor con una gastroenteritis seriada. 

"Mis padres nunca me han dado conciencia de enferma. Y yo, a pesar de ser muy preguntona soy muy inocente. Cuando era una niña me tomaba la medicación (pastillas) y me iba a jugar con los niños. Yo me sentía una niña normal, por no tener, no tenía ni desnutrición, algo común en esta enfermedad", relata Tatiana. 

El punto de inflexión llegó a sus 27 años, mientras realizaba el MIR. "Estudié Medicina para ayudar a otras personas, no pensando en curarme a mí. ¿Qué te digo del MIR? Una de mis grandes luchas fue pelear no hacer guardias de 24 horas, ¡no podía! Mi unidad docente, que era médico de trabajo el jefe, me dijo que volviera a estudiar el MIR y que hiciera una especialidad que no tuviera guardias, como análisis clínicos... ¿Estoy hablando esto con un médico de trabajo, cuando hay un término que es 'trabajadora especialmente sensible'? Alucinamos", recuerda la jerezana. 

Consiguió un informe restrictivo, le quitaron las 24 horas (tuvo que hacer 12...), le quitaron la puerta general, pero tuvo que hacer 'puerta de trauma': "Por ahí entran indigentes, turbeculosos, infecciones cruzadas... Eso no son sólo fracturas ni dolores músculo-esqueléticos. Entra de todo. No me protegieron". Y fue estar ahí y comenzar a decaer su salud. 

"Pillé la pseudomona. ¿Qué significa? Estar como estoy ahora. Significó hundirme. La pseudomona te genera una clínica que aumenta la tos y las secreciones, el moco se hace mucho más espeso, verde, un color muy feo, te entra fiebre, cansancio, mucho agotamiento, necesita tratamiento antibiótico oral e intravenoso", describe. 

A la vez que el cuerpo de Tatiana comenzaba a decaer (que no sus ganas, ¡qué ganas de vivir!), a su padre le diagnosticaban un cáncer de pulmón. De nuevo respirar. De nuevo los pulmones. A pesar de estar semanas ingresadas con gotero, su única obsesión era acabar su carrera, hacer sus guardias, realizarse como persona y como profesional: "Yo soy médico del trabajo, yo debo ver trabajadores 'sanos' y no podía fastidiar toda mi vida por unas guardias, por unos ingresos. No me lo podía permitir. Y volví". y Volvió. 

Volvió a sus guardias de 12 horas. De ocho de la mañana a diez de la noche. En Sevilla en verano, "y dando gracias" por tener un ventilador en la consulta. "Los enfermos de fibrosis quística nos deshidratamos y yo acababa muerta. Jose (su pareja y cuidador, admirable también su total entrega) me decía que me iba a matar. Pero ¿qué hacía con el trabajo?", declara.

Tras otro ingreso grave, su familia le dio el ultimátum. No podía seguir así. "No me negaba a hacer guardias, sólo pedía que me quitaran de la puerta. Me estaban condenando a no acabar", señala Tatiana, quien como a fuerzas nadie le gana, tocó la tecla: la denuncia. Iba a por todas porque el MIR le estaba costando (aún más) su salud. 

Es ese año en 'Trauma' unió bajas que alcanzaron los siete meses, "entraba y caída mala". Aún así terminó su carrera con su promoción, "yo soy muy válida". El 31 de enero de 2017 consigue su meta. Acabar como especialista. Salió con 8 ofertas de trabajo. Así que el mismo 1 de febrero ya estaba trabajando en Mutua Universal en Cádiz, empresa a la que agradece el trato que está recibiendo. 

Feliz. Pero su salud iba a peor. En febrero de 2018 sus pulmones no dan a más. No había cumplido 30 años y le acababan de comunicar que "iba para trasplantes. Los dos pulmones". Año y medio esperando. 

Como hizo Pablo Ráez, hace unas semanas utilizó las redes sociales para concienciar. "Necesito que lleguen mis pulmones, lo necesito ya. Yo y todos los que están en mi situación. Hacen falta órganos. Y en mi caso no sirve cualquier paciente, deben ser jóvenes...", declara, siendo consciente de que eso significa que vendrán de una muerte trágica.

Tatiana, que es médico y paciente, reconoce que tras una muerte repentina los familiares siguen estando en shock como para decidir si donan o no los órganos. "El apego existe. Aún no te has despedido y te están preguntando si quieres donarlo. Muchos en ese momento dicen que no donan, y luego se arrepienten. Es muy importante concienciar a la población, esos órganos van a personas como yo, que nos dan vida", subraya. 

"Yo no estoy condenada a muerte, con mis dos nuevos pulmones estaría bien. Tengo ahí la solución, son dos pulmones. Vuelvo a estar sana y es vida. Es recuperar mi vida. No nos desahuciéis. Si no me llegan, no sé cuánto voy a durar, tengo un 19% de capacidad pulmonar. Necesito mis globitos ya", remarca. 

Tatiana piensa en la futura operación "y me ilusiono, no tengo miedo. Si me quedo en la camilla estaré dormidita, no tendré más dolor. Estoy harta de tener dolor, mi diafragma ya no aguanta más. Pero aquí estoy, con dos narices (sólo escucharla es motivador). Mi estado de ánimo es lo que está salvando. También lloro, es natural. Pero aquí estoy. Me voy a curar. Lo sé". 

La fibrosis quística le ha quitado (por ahora) su trabajo y la libertad de respirar sin una máquina. Pero no le ha quitado la sonrisa. Una sonrisa amplia, contagiosa, que siempre va al compás de unos ojos oscuros brillantes que te hipnotizan. Es Tatiana, Tati. Te vas a curar. Lo sé. 

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