Sucedió en Jerez ‘Tierras del Jerez’, una historia de claros y oscuros

  • El pabellón puso a Jerez en la Expo, pero con un alto coste que, junto a una mala gestión económica, dejó un elevado déficit

Pedro Pacheco, inaugurando el pabellón Tierras de Jerez. Pedro Pacheco, inaugurando el pabellón Tierras de Jerez.

Pedro Pacheco, inaugurando el pabellón Tierras de Jerez. / Archivo

Una de las historias que más dieron de sí en esta cuidad, tanto en los social como en lo político, fue la apuesta de Pedro Pacheco por llevar a Jerez a la Expo 92. Aquello se concretó, después de demasiados tiras y aflojas con la organización, con la que no hubo ninguna sintonía de principio a fin, en una inversión de unos 500 millones de pesetas en levantar el pabellón, en un tiempo récord, junto a los elevados costes de explotación y mantener el día a día de las actividades. La falta de patrocinadores y el sobrepeso económico que tuvieron que soportar los restauradores, que apostaron por ofrecer la gastronomía jerezana en el espacio, fue otro de los daños colaterales de la pésima gestión económica de la iniciativa.

El pabellón promocionaba el caballo, con espectáculos diarios, el flamenco y el vino. Al fin y a la postres, el balance económico fue desastroso. Sólo si se habla de ciertos intangibles se puede reconocer una parte de éxito. Pero, en las crónicas que entonces evaluaron la presencia de la ciudad en la Expo, se concluía que Jerez no supo rentabilizar en los difíciles años que siguieron a la Expo una inversión multimillonaria y, como en muchos otros pabellones, la experiencia acabó pasando factura.

El proyecto inicial tenía un coste de 2.500 millones de pesetas. La falta de financiación para acometer su construcción y las nulas garantías de que fuese a lograr el permiso para quedar en pie tras la Expo, con la idea de recuperar la inversión vendiendo el espacio, obligó a Tierras del Jerez a modificar la idea por otra más económica, ya pensando en un edificio para derribar tras la Muestra.

Una imagen del pabellón jerezano. Una imagen del pabellón jerezano.

Una imagen del pabellón jerezano. / Archivo

El ‘pabellón de la fiesta’, así se vendía el edificio jerezano. Contenía nueve espacios dedicados a la restauración –‘casetas’ - y otros para tiendas de merchandising, de ropa, artesanía y reservados de tres bodegas del Marco de Jerez. La ‘estrella’ del pabellón era un robot que representaba a un caballero del siglo XVIII que bebía vino de Jerez y recitaba a Shakespeare, que estaba casi siempre averiado. También hubo una exposición de Fórmula 1. A falta de un picadero enorme, se llevaron unas cuadras portátiles para los caballos de la Yeguada Militar y del Depósito de Sementales, que se encargaron de ofrecer los espectáculos diarios, con jinetes y enganches. En cualquier caso, la promoción entonces fue importante dado que el buen ambiente reinaba en la Expo. Incluso los enganches y jinetes consiguieron lucirse por toda la Expo en una cabalgata ecuestre que no contó con el beneplácito de la organización.

Jerez atrajo a ilustres visitantes como la reina Sofía, que acudió a conocer el caballo de raza azteca que el Gobierno de México le había regalado al rey Juan Carlos y que había quedado al cuidado de la Yeguada Militar en el pabellón. También estuvo el entonces príncipe Felipe de Bélgica. Artistas como Alejandro Sanz. Y, por supuesto, muchos cargos públicos.

Acabada la Expo, Tierra del Jerez ofreció la cifra de cuatro millones de visitantes. La anécdota fue que, al no existir tornos de acceso al pabellón, Pacheco no tuvo reparos en afirmar que los visitantes se contabilizaron “por el método de la berrea”.

Una imagen de las casetas. Una imagen de las casetas.

Una imagen de las casetas. / Archivo

La Justicia para el derribo de las casetas

El 4 de julio de 1985, la reforma del González Hontoria para crear el nuevo recinto ferial, que implicaba la demolición de las casetas fijas, tuvo otro parón por parte de la Justicia que aceptó el recurso presentado por titulares afectados. Fue la Audiencia Territorial de Sevilla la que ordenó la paralización de los derribos. Recodar que la idea era dejar sin construcciones de mampostería todo el parque, excepto los dos templetes existentes. Hasta llegar a lo que hoy es el recinto ferial, las disputas judiciales y los acuerdos más o menos amistosos encauzaron una situación complicada para los planes consistoriales. En la imagen, la caseta de los militares y al fondo, la de Rumasa, con los antiguos carteles nominativos de las calles.

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