Obituario

Titi (Carmen) Domecq Ybarra

  • Bisnieta de Carmen Núñez de Villavicencio Olaguer Feliú, Marquesa de Domecq d’Usquain

Titi Domecq Ybarra, a la derecha, con Victoria Mora Figueroa, las dos ya en el cielo. Titi Domecq Ybarra, a la derecha, con Victoria Mora Figueroa, las dos ya en el cielo.

Titi Domecq Ybarra, a la derecha, con Victoria Mora Figueroa, las dos ya en el cielo.

Este jueves 26 nos dejaba Titi Domecq tras una dura lucha con el COVID-19, persona de gran bondad, que se hacía querer por todos. Tuvo la suerte de poder estar acompañada por su hija Rocío, que también estuvo ingresada y pasó a la UCI a visitarla.

Pensar en Titi lleva a pensar en nuestra bisabuela, por la que no sólo muchas llevamos el nombre de Carmen, sino también por su mejor legado. Carmen Núñez de Villavicencio tuvo una numerosísima descendencia, a la que supo inculcar los valores que ennoblecen al ser humano y lo hacen realmente a imagen y semejanza de Dios, como para lo que fue creado.

De los muchos hijos que tuvo, sobrevivieron 6: María Pepa, que fue religiosa Reparadora, y los otros 5 de los que proceden las 5 ramas: Domecq Rivero, por el mayor: Pedro; Domecq de la Riva, por José; Soto Domecq, por Carmen; Domecq González por Manuel, y Domecq Díez por Juan Pedro.

En todos sus hijos y nietos quiso inculcar una sencilla y profunda piedad basada en el amor a la Sagrada Eucaristía y a la Santísima Virgen, una preocupación efectiva por los demás comenzando por los más próximos y especialmente por los más necesitados.

Al terminar de construir lo que sería la casa familiar, en la Plaza del Arroyo, ella y su marido Pedro Domecq Lostau, pensaron si esto es para nosotros, ¿Qué podemos hacer por los demás, por los más necesitados? Y acometieron la construcción y mantenimiento del asilo de las Hermanitas de los Pobres. Aunque no le gustaba figurar en el bien que hacía, quedaron algunos testimonios.

Un día se presentó a verla un hombre muy afligido y al recibirlo preguntó qué le pasaba y respondió que se le había muerto un caballo: "Pero, hombre, eso no es como para estar así". Entonces él le dijo: "Pero cuando ese caballo es el medio de sustento de toda la familia, sí que es como para estar tan preocupado". Era cochero y vivía de eso. Su respuesta fue rápida: "Pues eso tiene fácil solución, ahora le acompañan a la cuadra y elija usted mismo el caballo que mejor le vaya". Enseguida subió el cochero de la casa, muy acalorado: "Señora, que quiere llevarse el mejor caballo que tenemos". "Claro, si le dije que eligiera, no va a elegir el peor". Así era la bisabuela.

En el oratorio de la casa celebraba misa un sacerdote, a la que todos acudían, familiares y cuantos allí trabajaban. Ella misma se ocupaba de preparar lo necesario y pasaba horas allí rezando. Así sacaba fuerzas para poder ayudar a todos y aconsejar debidamente.

Tratemos de recordar a esta buena jerezana, que tanto hizo por su tierra. Hay un libro: “Una Dama según el Corazón de Dios”, válido para su proceso de canonización. Al estar agotado desde hace años, se hizo una versión digital. Quien quiera leerlo, no tiene más que decirlo.

Titi heredó de Carmen su bondad innata, saber acoger a todos y dar lo mejor de sí misma, siempre con una sonrisa. Su marido, Alfredo Erquicia, y sus hijos han sido los más beneficiados de toda su ternura y generosidad. Infundía paz, pero lo mismo pueden decir sus hermanos, y nos lo están diciendo sus primos, también cuantos la conocieron y trataron de cerca, es unánime el cariño y agradecimiento hacia Titi.

Tenemos la seguridad de que “Dios no actúa como un cazador, que espera el menor descuido de la pieza para asestarle un tiro. Dios es como un jardinero, que cuida las flores, las riega, las protege, y solo las corta cuando están más bellas, llenas de lozanía, Dios se lleva a las almas cuando están maduras… Se la ha llevado porque está madura para la boca de Dios, como una fruta bellísima, y la conduce al paraíso.” Este razonamiento de San Josemaría me vino a la mente, sí, por eso ya se llevó a Titi.

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