Feria Taurina del Caballo | Corrida de Toros

Las medidas contra el Covid-19 dejan a Juan Ortega sin su puerta grande

  • El Juli y Andrés Roca Rey cortaron una oreja por coleta en una corrida de Jandilla a menos en el último tercio

  • Sonó el himno nacional antes del paseíllo y se guardó un emotivo minuto de silencio

Juan Ortega, torero nuevo en esta plaza  que demostró unas maneras clásicas muy del gusto de la afición de este rincón, que se entregó a su toreo premiándolo con sendas orejas.

Juan Ortega, torero nuevo en esta plaza que demostró unas maneras clásicas muy del gusto de la afición de este rincón, que se entregó a su toreo premiándolo con sendas orejas. / Pascual

Nunca olvidará Juan Ortega que el triunfo de la tarde de su presentación en Jerez –ya como matador de toros porque en esta plaza no se dan novilladas– no lo podría redondear con la salida a hombros por una de las más asoleradas puertas grandes de España.

Las medidas sanitarias contra la pandemia lo han evitado, teniendo que abandonar la plaza por la puerta de cuadrilla.

Ha sido una feria de la pandemia. La plaza cerrada desde 2019, las corridas de mayo aplazadas a julio por lo mismo, el minuto de silencio por las víctimas, la plaza a mitad de aforo y la afición enmascarada.

No era la plaza de la feria, con los enganches en la puerta, las batas de cola en los tendidos y el festivo público saliente de la caseta que se entusiasma en el tendido.

Era una plaza a medias con tristonas banderas a media asta y un público más medido. En una tarde de feria no hubiera podido aguantar el presidente, Rafael Carrero, bien toda la tarde, la petición de la primera oreja que denegó a El Juli, oreja que de conceder no hubiera tenido más historia. Luego la plaza volvió por sus fueros, a entusiasmarse, y se cortaron cuatro trofeos.

Puede ser que también estuviera el ganado de pandemia, más justo de presencia y remate y viniéndose a menos. Manejable, eso sí, pero tirando a apagarse en el último tercio por eso las faenas tuvieron siempre mejor inicio que remate.

La terna cumplió con arreglo al ganado de que dispuso en una tarde de menos brillo, porque los toreros tuvieron innegable oficio pero no hubo más virtuosismo que el toreo de capote de Juan Ortega y sus torerísimos doblones.

Ahí dejó su aroma Juan Ortega, torero de exquisiteces tocado por los duendes que ha saltado al cerrado coto de las figuras.

A su primero lo meció con calidad a la verónica, un toro que tumbó a Ruiz Román tumbando el jaco por los cuartos traseros. Tuvo buena brega en banderillas cumpliendo los toreros con los palos y acudió con alegría al cite por los doblones de Ortega, que lo sublimó, muy despacio en la muleta en esa templada apertura. pero el toro no tragó cuando Ortega cambió de mano a la zurda, el torero tuvo que moverse más que el astado , la acometida vino a menos y la voluntad de Ortega no dio más fruto que la oreja que le pidió el público.

Con el quinto insistió lo indecible y de nuevo el tendido reaccionó a sus formas capoteras con el toro devuelto. El sobrero evidenció su poco recorrida ya en el percal, si fue toro de medio lance también lo iba a ser de medio pase. Siempre suelto, no lo dejó escapar Ortega en un quite por chicuelinas con aire añejo y una media de sensación.

Tras el monterazo de Andrés Revuelta, otro inicio sublime aprovechando esas primeras embestidas, pero luego el toro bajó y fue a menos en una insistente porfía de Ortega de la que entresacó algún momento de brillo recompensado por la facilidad de la espada, con una oreja.

Y esa fue la tónica de la tarde. El Juli muy correcto y profesional con un toro que no decía nada y a esa falta de transmisión se sumó que se vino abajo en la muleta.

Al cuarto sí que le cortó la oreja con muchas más ganas que el toro, manejable pero con poco gas. la estocada final le facilitó el trofeo.

Roca Rey Falló a espadas ante su primero, un toro con el que no pudo mantener esa tensión que requiere que una faena cale al tendido y el altibajo de la izquierda. Sorprendió en el sexto sacando partido a base de entrega de un toro mansón y suelto al que hizo rompiera embestir a su muleta sobre la mano derecha, aunque vino a menos, cortando la última oreja de la tarde.

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