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Vidas paralelas: don Álvaro y Manolete

  • Manolete y don Álvaro Domecq, grandes amigos dentro y fuera de los ruedos. Dos vidas paralelas entregadas a la fiesta de los toros. FOTO: ARCHIVO ALVARO DOMECQSe cumple este fin de semana el 63 aniversario de la muerte del más famoso torero de la reciente historia taurina de España. Manolete arrastró multitudes, jugándose la vida todas las tardes y subiendo más que nunca el cachet de los toreros de su época, hasta el punto de dejar para sus herederos una incalculable fortuna.

UN año más la afición taurina recordará estos días al gran diestro cordobés, Manuel Rodríguez Sánchez "Manolete", muerto a consecuencia de la grave cogida que le produjo, en la plaza de Linares, el toro "Islero" de la ganadería de Miura, lidiado en quinto lugar. El diestro vestía aquella tarde trágica un terno de color malva y plata. Era el 28 de agosto de 1947 y la muerte se produjo, tras varias intervenciones quirúrgicas, efectuadas por distintos afamados cirujanos, a las cinco horas y siete minutos de la madrugada del día 29. Pese a su aspecto físico y gesto cansado de sus últimos años, que le hacía parecer mucho mayor, Manolete murió muy joven. Contaba tan solo 30 años de edad, pues había nacido el 4 de julio de 1917. Su muerte produjo una gran conmoción en España, Francia, México y demás países de Hispanoamérica, donde era muy querido y admirado.

Gran amigo íntimo del torero y de la misma edad, solo tres días mayor que Manuel, era el caballero rejoneador jerezano, Alvaro Domecq y Díez, al que el diestro, pese a la gran confianza que tenía con él, le trató siempre de usted, llamándole Don Alvaro y, en otras ocasiones, Caballero, que era como mucha gente del toro llamaba familiarmente a Don Alvaro. Eran dos vidas paralelas que numerosas veces se habían jugado juntos la vida en los ruedos y también habían convivido muchas horas en el campo, y en una estrecha relación de buena y confiada amistad, en la vida privada. Manolete pasaba grandes temporadas en Jandilla, entrenando y montando a caballo.

Alvaro Domecq hijo, que lo conoció, y con siete años paseaba a caballo con Manolete, me dice que su padre y el torero "tuvieron mucha amistad y siempre Manolete fue muy cariñoso con mi padre".

Don Alvaro y Manolete, Manolete y Don Alvaro. Uno el mejor rejoneador de su época; otro, el mejor torero de a pie de entonces, unidos por una misma afición: los toros. Don Alvaro viviría aún 58 años más, dedicando su vida por completo al caballo y a la ganadería brava. Mientras que Manolete, con su muerte, entraría en la leyenda, para siempre.

COGIDA Y MUERTE DE MANOLETE

Mucho se ha escrito en estos sesenta y tres años que han transcurrido, acerca de la fatídica tarde de Linares y de la noche y madrugada siguientes, cuando Manolete, gravemente cogido, era intervenido en la enfermería de la misma plaza por el cirujano de la misma Dr. Fernando Garrido Arboleda y como fuera llevado, desde allí al Hospital de los Marqueses de Linares, en una camilla de manos, para evitarle - según se dijo - los bruscos saltos de una ambulancia por el mal empedrado piso de las calles linarenses, ya de noche y mal alumbradas; mientras el diestro se desangraba a chorros.

El cartel de la corrida lo componían el veterano Gitanillo de Triana, íntimo amigo de Manolete, y Luis Miguel Dominguín, que contaba 20 años y al que había confirmado su alternativa, dos años antes. Luis Miguel y su hermano Domingo hicieron todo lo que, como amigos y compañeros del maestro cordobés, estuvo a su alcance, mandando llevar a Linares, desde Madrid, en sendos vehículos, al Dr. Jimenez Guinea, famoso cirujano de la plaza de Las Ventas, y al célebre Dr. Tamames. Todos trataron de salvar la vida del diestro, pero, como se ha llegado a decir, años más tarde, "una sucesión de errores evitables convirtieron en mortal una cogida que no lo era".

¿Cuáles fueron esos errores de los que tanto se ha hablado? El principal de todos parece ser que, cuando Manolete ya se iba recuperando, gracias a las transfusiones que le pusieron, el Dr. Jimenez Guinea, según se afirma, ordenó que se le aplicara un plasma venido de Noruega que tenían en el Hospital de Jaén y que habían llevado por si hacía falta. Pero dicho plasma, sobrante de la pasada guerra europea, parece que estaba infectado y fue, el que en pocos segundos, le produjo la muerte, la cual fue certificada automáticamente por el Dr. Tamames. Manolete dejaba de existir, cuando parecía que su recuperación hubiera sido posible, según se dijo años después, especialmente por Fabián Garrido, hijo del Dr. Garrido Arboleda, el primer cirujano que le operó de urgencia, en la enfermería de la plaza.

Don Alvaro Domecq, que presenciaba aquella tarde la corrida de Linares, estuvo acompañando al torero, sin separarse de él en sus últimos momentos; ocupándose de distintas circunstancias, incluso de su traslado al hospital y, posteriormente a su muerte, a ruegos de doña Angustias Sánchez, madre de su amigo, que lo nombró su albacea, se haría cargo de dar a su herencia la distribución, según los deseos del fallecido. Hablándose en aquellos momentos de la inmensa fortuna que dejó el matador de toros y que fuera repartida entre su madre, hermanas y familiares más allegados.

LOS MISMOS ERRORES MÉDICOS OCASIONARON LA MUERTE DE PAQUIRRI

Se ha dicho que los mismos o parecidos estúpidos errores médicos que se cometieron con Manolete, produjeron la muerte del diestro Francisco Rivera Paquirri, el 29 de septiembre de 1984; nacido un año después de que muriera Manolete y trágicamente fallecido a los 37 años de edad, a consecuencia de la mortal cogida que le produjo el toro "Avispado", de Sayalero y Bandrés, en la plaza cordobesa de Pozoblanco.

Avisado urgentemente su íntimo amigo, el Dr. Ramón Vila, cirujano de la plaza de la Maestranza, de Sevilla, cuando llegó al Hospital Militar de Córdoba, a donde Paquirri fue llevado, solo pudo certificar su muerte

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