Jerez

Villamarta se queda sin su quiosco más insigne

  • Mario Naranjo, propietario del negocio de prensa y revistas de la Plaza Romero Martínez, cierra este lunes tras 51 años

Mario, kiosquero Mario, kiosquero

Mario, kiosquero / Miguel Ángel González

Seguramente, a partir de este lunes, a muchos les resultará raro ver el quiosco del Teatro Villamarta cerrado. Después de 51 años al pie del cañón, Mario Naranjo, su propietario, echa el cierre, simple y llanamente por alcanzar su jubilación. "Tenía que haberme marchado en febrero cuando cumplí los 65, pero ya se sabe, lo que pasa con los autónomos...", relata mientras recoge ya algunos enseres que han formado parte de su día a día en el último medio siglo.

"Con catorce años ya venía a ayudar a mi padre (Joaquín Naranjo), salía del colegio y me venía aquí para que mi padre fuese a comer y luego él volvía y me marchaba de nuevo al colegio de La Salle. Así estuve una serie de años hasta que él se jubiló y desde hace 22 años llevo yo el negocio por mi cuenta", recuerda.

Su pequeño reino en la plaza Romero Martínez va mucho más allá, "tiene 72 años", añade Mario, "y fue una continuación de un quiosco de madera que mi padre tenía en la otra esquina y en el que estuvo durante siete u ocho años".

Eran otros tiempos, tiempos en los que en casa todos tenían que arrimar el hombro. "Yo ayudaba a mi padre, cuando tenía ese quiosco pequeño, a liar tabaco, que era lo que más vendía. Nosotros vivíamos en El Pelirón y tanto mi madre como yo le ayudábamos cuando llegábamos a casa con esa tarea". Era también la época "en la que se cambiaban tebeos viejos y novelas del oeste".

Mario Naranjo no oculta que el negocio "ha tenido momentos muy buenos, reconozco que se ganaba dinero, aunque también he de decir que se echaban muchas horas". Hoy día "esto ya no es lo que era porque la tecnología ha sustituido al papel en muchos ámbitos, quizás no tanto como se dice, pero ya no es lo mismo. Tú no ves a la gente joven comprar un periódico o una revista, tiene que ser muy especializada, pero prensa, nada de nada", apunta.

Recuerda con nostalgia aquella época "justo después del franquismo" cuando empezaron los fascículos y coleccionables. "Yo llegaba a vender muchísimo, y el hombre que encuadernaba las colecciones, Manuel Betanzos, que ha fallecido recientemente, llegaba a hacerme 700 encuadernaciones al año, una barbaridad".

El quiosco fue también un punto de venta de libros "porque en aquella época en Jerez había pocas librerías, estaba 'Papel y tinta' que estaba en la calle Larga y pare usted de contar. Teníamos una buena biblioteca, recuerdo editoriales como Bruguera, Plaza y Janes, Planeta...".

Lo peor para él es "lo pensionado de este negocio. Esto y un bar puede ser parecido, aunque creo que hasta peor porque el bar o el restaurante tiene sus horarios, aquí no. Ahora porque ya no se vende y cierro a mediodía pero antes estaba aquí todo el día".

"Me levanto a las seis de la mañana y a las siete menos cuarto estoy aquí ya todos los días, menos el domingo que abro media hora más tarde. Estoy hasta las dos o dos y media y de cinco a ocho y media o nueve, ya depende si hay algo o no en el teatro", asegura.

Pero no todo es negativo, "yo puedo presumir de tener clientes pero también de tener amigos porque llevan tanto tiempo viniendo que somos casi íntimos. Eso es lo bonito de esta profesión, conoces a mucha gente interesante".

No obstante, Mario Naranjo recuerda aún situaciones embarazosas, muchas de ellas marcadas en su memoria. "Aquí he tenido malas experiencias, como que se metiera un tío dentro con una navaja, pero la que peor de todas fue un 4 de noviembre de 1999 a las seis menos cuarto de la mañana. Estando ahí poniendo los periódicos, se me acercó una persona con un pasamontañas y me puso una pistola en la espalda. Sin pensarlo, porque son cosas que haces y luego no sabes cómo has llegado a hacerlas, le di un codazo, el tío se echó al lado y salí corriendo. Mientras él cogía el poco dinero que tenía y los bonobuses, que entonces se vendían aquí, encontré a Paco, el vigilante de Correos, y cuando volvimos, salió corriendo como El Centella. Afortunadamente, no pasó a mayores pero el susto fue increíble".

En otra ocasión, "cuando paraban aquí frente al teatro los autobuses de La Valenciana, se bajó un señor corriendo con una maleta, pero una maleta de las antiguas. '¿Puedo dejar esto aquí dentro?', me dijo. Y le respondí que dentro no, que la dejase fuera junto a los periódicos y yo le echaré un vistazo".

"Acto seguido apareció la Brigadilla de Investigación Criminal, la BIC, '¿ha estado aquí un señor con una maleta?', preguntaron. Y le respondí: ''Sí, ahí ha dejado una maleta fuera'. Al abrir la maleta, llevaba todo tipo de contrabando, joyas, tabaco, plumas estilográficas...El Guardia Civil me dijo 'se ha librado usted porque no la ha metido dentro del quiosco'. Así como esas puedo contar unas cuantas".

El lunes, el quiosco pasará a manos de Urbanismo "porque esto es una concesión", afirma Mario, "ya no sé qué pasará, porque mis dos hijas no quieren hacerse cargo de él, algo que entiendo".

-¿Y ahora qué?- "Me dedicaré a mis dos pasiones, la pintura y la fotografía, que durante todo este tiempo las he tenido que sacrificar. Hubo un tiempo que podía compaginarlas, pero llegó un momento, con las hijas, que tuve que priorizar el trabajo".

 

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