AnTONIO ALIAÑO. aFECTADO POR EL INCENDIO EN SAN JOAQUÍN

'El amigo invisible' resultó ser... otro jerezano

  • Un trabajador anónimo afincado en Cataluña ofreció por la televisión su casa en Jerez al matrimonio afectado por el fuego en San Joaquín

Antonio apagó el móvil y quedó hecho un manojo de nervios. Eran alrededor de las 9,30 de la noche. Estaba en ese momento en su puesto de ordenanza municipal, cargo que ha venido ocupando desde hace ahora cuarenta y dos años. Pero aquella llamada de su hija Ana avisándole de que su piso en el edificio 'Puerto Rico' de San Joaquín estaba siendo tragada por las llamas le provocó tal encogimiento y angustia que, de inmediato, apareció en su coche en una alocada carrera hacia la barriada. No había semáforo ni señal que se interpusieran en su camino mientras pasaban por su cabeza los rostros de su mujer Manuela y de sus dieciocho nietos.

-¿Con qué se encontró?

- Yo no había visto nunca un despliegue tan grande: cuatro camiones de los bomberos, seis ambulancias, policías por todos lados... Podría parecerse a un gran atentado o algo así. Llegué, reconocí a un amigo policía y le pregunté por Manuela. Enseguida me tranquilizó. Allí estaba, a salvo, esperándome en la parada del autobús entre algunos mareos y fatigas por el humo.

- Y se abrazaron.

- Claro, yo venía sin saber absolutamente qué había pasado. Si había muerto o herido alguno de los míos. Mi mujer estaba en mi casa y, esa tarde, como era costumbre, habían estado con su abuela ocho de los niños, que afortunadamente se fueron sobre las seis.

- Creo que lo han perdido todo.

- Yo, por ejemplo, me he quedado hasta sin ropa... Perdimos también todos los recuerdos familiares: cintas, retratos de 42 años de matrimonio, películas de los nietos... Eso es muy triste. Toda la comida que había comprado y reservado para Navidad hubo que tirarla. Los 'reyes' de los dieciocho nietos también se perdieron... Cuando recuerdo todo eso, siempre me emociono y me saltan las lágrimas.

-¿Cómo lo sobrellevan?

- Bueno, yo creo que soy más blando. Ella es más fuerte, pero cuando volvemos a San Joaquín, se pone a llorar durante dos o tres horas.

-¿Qué ocurrió tras el incendio?

- Esa noche del 17 de diciembre fuimos a dormir a casa de una de mis hijas. Se fueron turnando. Una noche aquí, otra allá... Pero mi mujer quería tener su intimidad y nos planteamos alquilar un piso. Y no era posible...

-¿Por qué?

- A ver: Nosotros tuvimos siete hijos, seis hembras y un varón. Seis de ellos están casados, excepto una. Claro, todos esos matrimonios salían adelante con la construcción. Ahora no, ahora andan en el paro. Y, como sabe, son ahora los padres los que ayudan a sus hijos.

Los días que transcurrieron después fueron tristes, muy tristes. Pero hay un hecho que lo cambia todo. La tarde del 22 de diciembre, Antonio y Manuela aparecen en el programa televisivo 'Entre todos', que presenta, muy pizpireta ella, nuestra compañera sanluqueña Toñi Moreno. Ante las cámaras, el matrimonio vuelve a deshacerse en lágrimas. Exponen su tragedia, su limitada situación económica, la pérdida de los recuerdos de una vida, los 'reyes' de los nietos... Hay alguna que otra aportación económica para que puedan reparar el edificio. Sin embargo, hay una llamada desde Cataluña que sorprende a todos.

-¿Quién había llamado?

- Se trataba de un hombre que llamaba desde Barcelona. Algo nervioso, explicó que tenía en propiedad un piso en Princi-Jerez que no ocupaba porque trabajaba fuera de Jerez, que podíamos quedarnos en él hasta que terminasen las obras en la casa de San Joaquín, que la casa se encontraba en perfectas condiciones, toda amueblada... Nunca quiso decir quién era. Aunque aclaró que era jerezano y que había emigrado a Cataluña a trabajar.

- Y entran en la casa días después.

- Este hombre tenía una hermana en Jerez. Con ella nos ponemos en contacto y nos entrega las llaves. Yo no quería estafar al seguro ni a nadie, así que acordamos hacer un contrato de alquiler para que la cantidad que me asignaba la póliza en caso de incendio, unos 400 euros, las recibiera mensualmente. Y en eso hemos quedado. Nos la alquila hasta que acabe la reforma, creo que tras cuatro o cinco meses.

- Se encuentra como hombre en sitio extraño.

- Esta es la quinta casa que habitamos. Nos casamos muy jóvenes, ella con 17, y yo con 19. Ocupamos una de las casitas de La Uva; luego vivimos en la carretera de El Calvario, que tuvimos que dejar porque no era adecuada a los niños, que sufrían constantes bronquitis. Nos fuimos a los pisos de El Calvario, a un quinto sin ascensor, pero nos mudamos por mi mujer, que ya estaba mal de las piernas. Luego conseguí, por mi situación de funcionario, uno de los pisos de la Junta en San Joaquín.

-¿Le sigue atormentado a su mujer todo lo ocurrido?

- No. Un cortocircuito le puede pasar a cualquiera. Estaba hablando por teléfono con Toñi, nuestra hija mayor, cuando le dijo: 'Espera, que estoy oliendo a goma quemada'. 'Eso puede ser un petardo o algo así', contestó ella. Empezó a andar por la casa. Los nietos ya se habían ido. La perrita le acompañaba a todos lados, mordisqueándole las zapatillas como queriendo avisar de que salieran. Y cuando abrió el cuarto de la salita, descubrió que las llamas eran de un metro de alto. Cogió una sudadera mojada y la puso sobre la televisión, pero las llamas prendieron las cortinas y todo lo que había a su alrededor.

-¿Cómo se encuentra ahora?

- Pues mal. Sobre todo, por las piernas. No para ir de un médico a otro. Y su deseo es volver pronto a casa. Allí es una mujer muy conocida y querida por todos. Vive my cerca de sus hijas Manuela, Antonia, Pepi y Ana, así que mejor no puede estar. Piense que son veinticinco años viviendo en San Joaquín, poco menos de la mitad de una vida.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios