Jerez

Las amplias líneas de la pintura de Jerez

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Público en la exposición Ars Picturae, en los Claustros de Santo Domingo.

Público en la exposición Ars Picturae, en los Claustros de Santo Domingo. / Manuel Aranda

DURANTE algo más de dos meses el espectador ha tenido la oportunidad de asistir a una amplia exposición de pintura en la parte alta de los Claustros de Santo Domingo. Todavía se puede contemplar hasta el 9 de junio. Se trata de una exposición grande en el espacio y en el tiempo. En el espacio porque ocupa en su totalidad las cuatro grandes alas del convento dominico. Grande también porque nos pone en la sintonía de mucho de lo que ha existido en la pintura de Jerez en los últimos cuarenta años; cuarenta años que son los que DIARIO DE JEREZ lleva al servicio de sus lectores y que, desde el primer momento, aquel ocho de abril de 1984, apostó por al arte contemporáneo, sus artistas y todo cuanto acontecía en una sociedad que veía como la cultura, en general y el arte, en particular ofertaba infinitas posibilidades sociales y eran motivos impulsores del bienestar y el relanzamiento de la economía.

El periódico se abrió a la crítica de arte. Algo que, por entonces, era práctica poco activa. Manolo de la Peña, su primer Director aceptó la propuesta de un joven maestro de escuela, licenciado en Historia del Arte, que llevaba ya tiempo haciendo sus pinitos en la crítica. La página de Arte fue bautizada cpmo EL DIARIO DE LAS ARTES y desde ella, todas, las semanas se daban a conocer los acontecimientos expositivos que existían en la zona, los mínimos que había en Jerez, los muchos que, en aquel tiempo, ya con la Expo 92 en lontananza, se sucedían en Sevilla y algunos del resto de España. La crítica del Diario de Jerez fue de las habituales en ARCO y, desde los primeros momentos ha sido firma presente y continua en una Feria a la que, en el Diario, se le ha dado una máxima difusión. Posteriormente, Rafa Navas, segundo Director, impulsó, más si cabe, la experiencia crítica y fomentó de forma efectiva la plástica contemporánea. Con él se crea la Sala ARTEADIARIO, que lleva dieciocho años ofertando un espacio expositivo para los que comienzan y para todos aquellos que tengan algo serio que decir en la creación artística más inmediata. Más tarde, vendría David Fernández que siguió apoyando el desarrollo de la sala y del espíritu de la crítica de arte en el periódico. Ahora, con Dani Lamparero, la realidad artística del Diario continúa su marcha ascendente y sigue su curso habitual de entusiasmo.

Y es que la pintura, sobre todo, en Jerez es una acción que está muy arraigada. Desde siempre han existido muy buenos hacedores y mucha gente que han tenido verdadera pasión por la pintura. Cosa que, en los últimos años, coincidiendo con lo que de vida tiene el periódico, esta realidad artística no sólo permanece sino que se ha ido acrecentando, existiendo en la actualidad una legión de buenos autores que está llevando el arte que se hace en la ciudad a los segmentos de privilegio del arte que tiene lugar en España.

La pintura que se hace en Jerez viene desarrollándose y ampliando sus posiciones de manera vertiginosa. El tiempo, los intereses de los más jóvenes, la información, la salida hacia otras latitudes buscado horizontes artísticos nuevos comenzaron a dar su frutos y una incipiente Modernidad aclaró muchos horizontes y se empezó a vislumbrar una luz totalmente distinta que abrigaba asuntos y experiencias totalmente alejados de los resabios tradicionales de un arte que se quería mejor de lo que se manifestaba. Los nuevos artistas – también algunos de los más veteranos – comenzaron a experimentar asuntos y posiciones que nada tenían que ver con lo que existía hasta el momento. Si el dinamismo era alto, se notaba mucho más interés por un arte más nuevo y diferente. Los jóvenes dejaban los talleres de los artistas locales y emprendían el camino hacia la Facultad de Sevilla donde, al menos, parecía que se abrazaba una fe más renovadora. Creo, con humildad, que DIARIO DE JEREZ, contribuyó a ese relanzamiento de un arte que se abría a todos los buenos argumentos. Se estaba asistiendo a un gran despegue en el arte que se hacía en Jerez. El gran dinamismo que siempre hubo, se veía aumentado y la afición y el interés se acrecentaba exponencialmente. En Jerez, lo digo convencido y con contundencia, existe una gran cantidad de pintores pintores, probablemente más que en ningún otro sitio. Muchos hacedores que dan vida a una pintura de muy amplio espectro; una pintura casi siempre muy bien ejecutada y que descubre a artistas de verdad. Por eso, se está en condiciones de afirmar que la pintura que tiene lugar en esta ciudad pasa actualmente por momentos de absoluta dulzura. Y esto no es más que la absoluta constatación de la realidad.

Cuando el periódico cumplió veinte años, en homenaje a esa realidad artística existente en Jerez y que el Diario, con su tratamiento noticiable había contribuido a engrandecer, promovió una gran exposición donde se ponía en valor el buen momento artístico y los buenos actuantes que trabajaban por el bien de un arte que se expandía y potenciaba muy positivamente. Ahora, cuando llevamos casi cuarenta años haciendo crítica, viendo cómo la pintura ha alcanzado una madurez incuestionable y existe una gran cantidad de muy buenos pintores, hemos querido realizar una gran exposición que pusiera en valor una realidad artística, la pictórica, que está alcanzando su mejor momento. Pero no hemos querido que sólo los mejores estén presentes. Eso sería una muestra fácil de llevar a cabo. Se ha pretendido que todos los activos artísticos de estos cuarenta años estén presentes. Esta exposición quiere hacer un homenaje a la pintura de Jerez; a todos los que la están haciendo grande. A los que durante estos cuarenta años, han luchado por ella y han puestos las bases para que la pintura, ahora, sea la que es. En ella están presentes los pintores con mayúsculas, de primerísima fila; esos que tienen un reconocimiento en el amplio paisaje del arte español. Pero, también, los buenos y valientes aficionados; los que acuden a las academias a buscar -para encontrar- caminos; los que, con mucho tesón, pintan con pasión y entusiasmo. Porque todos ellos han puesto las marcas para que el arte que se hace en la ciudad siga aportando entidad y la pintura sea una auténtica seña de identidad. Se trata de una muestra colectiva abierta, muy poliédrica, con muchos perfiles, variadísimo contenido sujeto a un número infinito de continentes y diversa formulación de actuaciones. En ella encontramos todos los registros que se dan en la pintura actual; todas las circunstancias que recrean los desarrollos y desenlaces del arte contemporáneo. Formula la realidad artística de buenos creadores, comprometidos con una causa que sienten como justa y necesaria en ese supremo estamento de la pintura de Jerez; también la de muchos otros que están en proceso de búsqueda; todos con intensos planteamientos de entusiasmo por una pintura a la que rinden el máximo honor. Debo decir que, en la muestra sólo hay un grupo numeroso, setenta y siete. Faltan muchos, autores tan entusiastas como los que se presentan en la parte alta de los Claustros y que merecen todo el apoyo que, sin dudarlo, van a tener. Se trata de una exposición que ha querido ser un verdadero homernaje a la pintura de Jerez y a sus artistas; esos esforzados hacedores que están contribuyendo a dar prosperidad a un arte que se ha hecho grande y que presenta unos límites diáfanos y llenos de entidad.

Escribí con motivo de la inauguración de ARS PICTURAE, que la exposición configuraba las líneas amplias de la pintura que se ha hecho en Jerez en estos últimos años; es como un corto capítulo de la historia grande de la pintura. Se trata de una muestra muy amplia en argumentos artísticos para, con ellos, acudir a la gran fiesta de la pintura; esa que abre horizontes y crea máxima inquietud.

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