Salud · Día Internacional contra el cáncer de mama

"Con el cáncer te haces más fuerte, valoras más la vida"

  • La jerezana Silvia Gaona relata sus años de lucha contra la enfermedad. Ahora es voluntaria de la AECC y da talleres para mujeres en el hospital.

Silvia Gaona se colaca en su casa el pañuelo, días atrás, repasando una de las formas que enseña en los talleres. Silvia Gaona se colaca en su casa el pañuelo, días atrás, repasando una de las formas que enseña en los talleres.

Silvia Gaona se colaca en su casa el pañuelo, días atrás, repasando una de las formas que enseña en los talleres. / vanesa lobo

"El cáncer llegó a mi vida a los 37 años". Así de rotunda, firme y sincera habla Silvia Gaona del "cangrejo" que la obligó a echar el freno en su vida y enfrentarse a la enfermedad. El día después de que su hijo soplara las cinco velas de su cumpleaños Silvia vio en su cuerpo la alerta. La piel retraída en un pecho le cortó la respiración, llamó a su marido y le dijo "Antonio, mira, lo único que te digo es que te agarres que vienen curvas. Esto es cáncer".

"Siempre me he mirado mucho porque tengo muchos antecedentes. Por la familia de mi padre, los ocho que han tenido la enfermedad han fallecido, incluso un niño de 9 años. Yo soy la única superviviente", relata la jerezana. Su 'bicho' fue un carcinoma ductal mixto infiltrante, con el 99% hormonal. Una bomba. Todo fue muy rápido. Apareció "de la noche a la mañana" a finales de junio y el 16 de septiembre a Silvia la durmieron en el quirófano. "Quería saber desde el minuto cero lo que tenía, pero hasta que no se analiza no se sabe cómo se llamaba el niño. Eso sí, sabía que debía agarrar al toro por los cuernos, quería ser la mejor paciente del mundo", recuerda Silvia. Y así hizo. Se enfrentó sin titubear a las pruebas, a la espera de los resultados, a la operación -una tumorectomía, es decir, una extirpación parcial de la mama- y tras la intervención fue cuando supo que por la naturaleza de su cáncer, había que dar quimioterapia y radioterapia, "y porque no hay más cosas".

"No lloré. Yo sabía que estaba ahí. Se sabe. No sé como explicarlo, pero se sabe. Me metí en mi quirófano, me durmieron, cuando salí tenía mi pecho y una incisión. Cuando estudiaron a ese cangrejo vieron que mi cáncer no era un simple cáncer de mama, sino que el mío estaba tocando una zona muscular y era un 99% hormonal. En los mejores años de la vida, súper fértil... eso era una bomba. Eso pasaba a la sangre y te vas", describe Silvia.

Estuvo con quimioterapia desde octubre de 2014 hasta mayo de 2015, y después un mes completo con radioterapia. No hubo reacción al tratamiento que no presentara la jerezana. "A los diez días se me cayó el pelo, enchufarte a la máquina esa que es muy duro, las llagas, dolores de piernas, fatigas... Yo lo pasé absolutamente todo. En una ocasión tuve una reacción de libro y me suspendieron el tratamiento de quimio. Me comentaron que había algo que estaba funcionando en Barcelona. Otra bomba que si yo quería podía probar... Y tiré para adelante, aunque me quedé un mes sin andar. Nada más que por mi hijo de cinco años...", relata Silvia. Un niño al que poco después de soplar la tarta de su quinto cumpleaños le tuvo que contar que como no se había lavado los dientes como debía, su larga melena se había caído. "Fue mi única vía de escape en ese momento. No te imaginas cómo iba cada día a lavarse los dientes". Un año después, fue su hijo el que le dejó sin habla: "Vio un anuncio en la televisión de la película 'Ma ma', y lo estaba bañando y me dijo: 'Mamá me has mentido. A ti no se te ha caído el pelo porque no te has lavado los dientes. Tú tienes cáncer de mama'. A mí se me cayó todo. Esa tarde me puse con él a jugar con pelucas de disfraces. Yo con mi hijo me he reído horrores con mi calva. Tenía que darle normalidad".

A sus 42 años Silvia tiene la incapacidad absoluta y una neuropatía sensorial como secuela. Las manos las tiene operadas y cuando "las piernas me dicen que no andan, no andan". Y Silvia es feliz. Feliz porque ha superado el cáncer, porque ahora "sé disfrutar de la vida. La enfermedad me ha enseñado a querer más a los demás. Te das cuenta de que pasan los días y se te ha olvidado decir te quiero, saludar al vecino, dar un achuchón... Con la enfermedad te haces más fuerte y valoras más los minutos del día. Valoras mucho más la vida".

Tras haberlo superado, Silvia es voluntaria en la Asociación Española Contra el Cáncer. Acude varias veces al hospital -"el mejor equipo profesional está en Oncología, Ginecología... Te cuidan mucho", subraya- para dar talleres de cómo colocarse pañuelos, pelucas y cómo maquillarse: "Transmito lo que a mí me han transmitido. A veces el personal sanitario está saturado porque no eres tú, desgraciadamente hay muchos enfermos".

Hoy Día Internacional Contra el Cáncer de Mama, por Silvia, y por todas las 'silvia' que luchan a diario, Jerez se tiñe de rosa.

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