Cofradías

Y Jerez rezó ante un Huerto portentoso

  • La cofradía de Santo Domingo lució a gran altura en una extraordinaria con motivo de sus 75 años de vida

Momento de la salida del Señor Orando en el Huerto. Momento de la salida del Señor Orando en el Huerto.

Momento de la salida del Señor Orando en el Huerto. / Vanesa Lobo

La hermandad de la Oración en el Huerto cumplimentó con nota alta su extraordinaria salida a las calles de Jerez. El motivo, los setenta y cinco años de vida tras ser reorganizada y fusionada con la muy antigua archicofradía del Dulce Nombre de Jesús. Todo ello bajo el espíritu dominico que ha sido como una luz que siempre brilla en el devenir de esta corporación cargada de elegancia y buen gusto cofradiero.

Media hora pasaba de las cinco de la tarde cuando se abrieron las puertas del convento y la cruz de guía salía a la zona de Cristina. En esta ocasión no había cofradías que pasaran por Puerta de Sevilla. Ni se escuchaban tambores y timbales como ocurre en la tarde del Jueves Santo. Que cuando el Huerto sale el Jueves Santo ya ha echado a andar. La tarde jerezana estaba destinada sólo y exclusivamente para la hermandad blanquinegra del Señor que ora en el Huerto mientras se aferra al cáliz de su Pasión. El misterio iba sin olivo en la trasera del prodigioso paso de Guzmán Bejarano. Mucho se habló en las tertulias cofrades y batiburrillos de todo a cien sobre si el paso luciría mejor o peor. Sin embargo, lo que nadie supo acertar es que lo más subrayable estaba. Y lo más importante en este portentoso misterio es el Señor. El que lucía ayer una túnica de estreno, preciosamente confeccionada por el grupo del taller de costura de las hermanas.

Salió el Huerto a la zona de Cristina para tomar el camino que le llevaría hasta el encuentro de los cuatro templos que conforman la parroquia de los Cuatro Evangelistas. Templos históricos y estampas inéditas para este misterio cuando pasó por San Marcos, asomó por San Juan de los Caballeros o acudió hasta San Mateo para posteriormente llegar hasta el santuario diocesano de San Lucas con el fin de encontrarse con el Señor Caído. Crisantemo morado para ese huerto improvisado con primor porque las flores de iris se secaron al adivinar la bellísima imagen del Señor nada más colocarlos los priostes. Y dos bandas de categoría. La agrupación musical jerezana ‘La Sentencia’, que tocó como si no hubiese un mañana, y las cornetas y los tambores de la reconocida banda de ‘Las Cigarreras’ que esta vez sí que pudo armonizar bellos acordes de marchas clásicas tras un misterio jerezano.

Aires de Jueves Santo

La procesión trajo a la ciudad aires de Jueves Santo. Rememoró a muchos cofrades esos recuerdos de una de las tardes más hermosas del calendario litúrgico. Cuando la Iglesia celebra la Institución de la Eucaristía y recuerda el amor fraterno de todos ya que el maestro se ciñó la toalla y lavó los pies a sus discípulos antes de acudir al Huerto a orar ante el Padre.

Cruzó el Señor la remozada plaza de Belén y se internó en la Carpintería Baja para subir hasta las faldas de su Madre que se encontraba en la basílica del Carmen. No hubo medallas ni intercambios de diplomas, a pesar de compartir día con los cofrades de la Lanzada y ser su camino lógico de vuelta.

Culminado

Y así llegó hasta la calle Tornería. Acariciada su imagen por los acordes de ‘Las Cigarreras’ cuando sonaron las marchas ‘Ave María’ o ‘Costalero del Soberano’.

Y más allá, llegó el Señor a su iglesia conventual para redondear una tarde noche preciosa. Entró con la Marcha Real y se reencontró con su Madre, confortada por su vuelta a su casa.

La hermandad del Huerto tuvo su cenit en este año de aniversario con esta salida extraordinaria. Una procesión que llevó al Señor hasta los tuétanos de ese Jerez histórico. A ese Getsemaní que nunca cesa de ofrecer frutos para la Vida Eterna. Porque no se entiende el Jueves Santo sin la cofradía de Santo Domingo. La que sale cuando ya el día del Amor Fraterno ha echado a andar. Una jornada en la que todo comienza pero no finaliza hasta que la Señora Confortada alumbra con su rostro la madrugada en la que Jesús decide redimir al mundo.

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