Coronavirus en Jerez | Academia Hoy "La pandemia ha tambaleado los cimientos de nuestra sociedad, nada será igual que antes"

  • Ángel Estella, presidente del Comité de Ética Asistencial en el Hospital Universitario de Jerez, disertó ayer en la Academia sobre los aspectos éticos en los pacientes graves de COVID-19

  • El doctor reconoció "la incomunicación" como uno de los errores graves y expuso "el drama" que supone para el clínico "tomar decisiones de asignación de recursos escasos"

  • "Ha sido clave la colaboración entre equipos asistenciales y directivos locales en un ejemplo de trabajo en equipo encomiable"

El doctor Ángel Estella, ayer durante su conferencia en la Real Academia de San Dionisio.

El doctor Ángel Estella, ayer durante su conferencia en la Real Academia de San Dionisio. / Manuel Aranda

El doctor Ángel Estella, presidente del Comité de Ética Asistencial en el Hospital Universitario de Jerez, ofreció ayer en la Real Academia de San Dionisio la conferencia 'Pandemia COVID-19. El paciente grave. Aspectos éticos', dentro del ciclo Medicina y Sociedad que este año ha dedicado estas jornadas a la pandemia por coronavirus.

Su actividad asistencial en la UCI del Hospital jerezano convierte al doctor Estella en un testigo directo de la atención de los pacientes más graves atendidos en los hospitales durante la pandemia, y su especialización en el mundo de la bioética ha contribuido de forma notable a demandar y mejorar la atención más humana y cercana a los enfermos, implementando en los peores e iniciales días de la crisis sanitaria una estrategia de comunicación y acompañamiento compasivo que fue potenciada por la Sociedad Andaluza de Medicina Intensiva y extendida a las UCI de nuestro territorio nacional.

La bioética ha de contribuir a la búsqueda de un espacio de reflexión en el que diversos puntos de vista puedan encontrar elementos en común para mejorar la vida de las personas; la búsqueda de lo óptimo precisa de voluntad de comprensión con quien piensa diferente.

Presentado por Joaquín Ortiz Tardío, presidente de la Real Academia de San Dionisio, el doctor Estella se presentó con corbata negra en señal de respeto a las víctimas, dedicando el comienzo de su intervención a aquellas personas que han sido azotadas con la peor parte de esta pandemia, "pacientes y familiares que durante este tiempo nos han dado una lección de vida admirable, sin olvidar las otras enfermedades graves" no causadas por COVID que también fueron atendidas durante estos tiempos tan duros: "La ciudadanía ha demostrado un comportamiento ejemplar hacia los sanitarios, no hay palabras para describir la entereza, apoyo, y comprensión que nos han mostrado en momentos tan duros".

Recordó cómo, de modo premonitorio, hace ahora dos años concluía en el ciclo de conferencias de esta Academia la ponencia titulada 'La Bioética del Siglo XXI' reflexionando cómo deberíamos encaminarnos hacia una ética de lo vulnerable y de la responsabilidad "que tanta presencia ha tenido durante este tiempo de pandemia".

El núcleo de la conferencia se centró en los principales "conflictos éticos de los pacientes graves", reconociendo como uno de los mayores errores en la atención sanitaria "la incomunicación" a la que sometieron a los pacientes infectados, abogando por "estrategias de comunicación y acompañamiento compasivos" como uno de los aspectos más importantes que mejorar, situándolo al mismo nivel de importancia que los "tratamientos médicos y de soporte".

Expuso la "situación dramática" que supone para el clínico "tener que tomar decisiones de asignación de recursos escasos en situación de emergencia cuando se está atendiendo a los casos más graves". Elogió el documento emitido por el Grupo de Trabajo de Bioética de la Sociedad Española de Medicina Intensiva y Unidades Coronarias (SEMICYUC) -avalado por otras sociedades científicas-, el primero en publicarse en nuestro país, dirigido a profesionales muy preocupados por la situación extrema que vivían y lamentó el tratamiento que al mismo dio el Comité de Bioética de España, reprobando el "desconocimiento de la realidad asistencial en primera línea" y echando en falta el "necesario asesoramiento clínico cuando se opina desde un marco tan teórico".

El 'edadismo' al que se hizo alusión "ni fue, ni ha sido ni será un criterio único en la toma de decisiones" en UCI: se enumeraron criterios encaminados a aplicar el escaso recurso "a quienes más probablemente se beneficiarán" del mismo, eliminando categorías excluyentes y teniendo en cuenta la capacidad de recuperación. Desgraciadamente, el tratamiento invasivo "no equivale siempre" a recuperación clínica ad integrum, como imprudentemente han podido transmitir a la sociedad, y los grandes estudios publicados en los últimos meses soportan esta aseveración "que ya era conocida" por los intensivistas que se dedican a la bioética desde las salas de UCI de nuestro país a pie de cama.

De cara al futuro, "y como hubiéramos preferido los clínicos", las autoridades sanitarias públicas e incluso este Comité de Bioética de España podría "emitir unas instrucciones ante esta situación con criterios concretos de asignación de recursos". Mientras tanto, "tenemos la obligación moral y convicción de que cuando el barco no puede ser navegado con garantías por su capitán hemos de botar pequeñas embarcaciones para hacer frente a las olas de esta tempestad" en un claro ejemplo de "profesionalismo que ha sido clave para abordar esta crisis sanitaria".

Así, "evitar tratamientos fútiles, la ponderación de riesgos y beneficios, y la consideración de las secuelas que puedan suponer los tratamientos invasivos" seguirán incluyéndose en "las consideraciones que forman parte de la toma de decisiones compartidas con los pacientes y sus familiares". En estas decisiones consensuadas "ha sido clave la colaboración entre equipos asistenciales y directivos locales en un ejemplo de trabajo en equipo encomiable".

Rechazó de manera asertiva "la charlatanería de la que hicieron uso algunos profesionales en redes sociales e incluso prensa sobre todo en los primeros meses, reclamando a esta más responsabilidad social, y demandando una mayor dedicación en combatirla a los Colegios Médicos y Sociedades Científicas". Aprovechó en este punto para destacar "el titánico esfuerzo" que la Comunidad Científica e Investigadora ha realizado "en tiempo récord combatiendo la pandemia contrarreloj con rigor científico. Fue excepcional y muy compleja la toma de decisiones, supone un riesgo evitable generalizar tratamientos empíricos" en un certero alegato del doctor Estella por la medicina personalizada, obtenida con las mejores evidencias, y considerando clave "la participación del paciente de manera autónoma" en las decisiones sanitarias y en materia de investigación, más si cabe en situación de incertidumbre.

"La protección de la intimidad del paciente ha entrado en conflicto como un valor a proteger como es el daño a terceros en las estrategias de prevención de contagios para evitar la expansión de la pandemia", hecho similar que se produce "en aquellos que se niegan a la vacunación"; en este sentido, defendió "un mundo globalizado" criticando que "no puede plantearse la vacunación desde una perspectiva localista, ni siquiera nacional", precisando que "más que una competición por quien vacuna más y primero" predomine "un principio de solidaridad que está excluyendo a los países más desfavorecidos".

Los cuidados al final de la vida "siguen siendo sin duda una prioridad que merece tanta dedicación como encontrar un tratamiento eficaz" a esta enfermedad, la compasión "puede ser la mejor expresión de la virtud profesional y debe impregnar todo acto médico", por lo que "hemos hecho todo lo posible por favorecer el acompañamiento familiar en dichas situaciones".

"Que la sociedad venere a las personas mayores, las grandes sacrificadas de esta pandemia y a las que tanto les debemos"

Como corolario de su exposición, Ángel Estella expuso que "la pandemia ha tambaleado los cimientos de nuestra sociedad, nada será a partir de este tiempo igual que antes", añadiendo que "ha quedado al descubierto la incompetencia para afrontar empresas tan difíciles de nuestra clase política que continúa abochornándonos en debates e intervenciones públicas donde buscan rédito en las urnas usando la desgracia de las víctimas de esta enfermedad", por lo que "sería deseable un entorno menos confrontado y más deliberativo" en este campo: "Algunos anhelamos una política más generosa, desprendida y vocacional pero la mayoría de los sueños se troncan y este va camino de ello. No obstante, no podemos generalizar esta impresión porque sería injusto con todos aquellos que han soportado su responsabilidad pública con vocación de servicio".

Por otro lado, subraya que "hemos presenciado enormes gestos de solidaridad, cooperación y empatía de nuestra población, de esta sólo nos queda exigirles que no se aloje en el conformismo, que exija un papel más activo en las decisiones de nuestro futuro y que venere a las personas mayores, las grandes sacrificadas de esta pandemia y a las que tanto les debemos. De esta forma demostraríamos optar a ser una sociedad madura y prudente".

Acabó su exposición el doctor Estella subrayando que "toca huir de la autocomplacencia y hacer balance de lo ocurrido, reconocer nuestros errores y trabajar por solucionarlos con exigencia y con compromiso por las generaciones futuras; repetirlos es negar la posibilidad a tantos nuevos errores que nos quedan por cometer, y negarlos perder la oportunidad de aprender de ello. Para afrontar esta crisis hemos aprendido que es clave el trabajo en equipo y el compromiso colectivo alineando voluntades, transformar la organización se antoja necesario. Porque tras la crisis se avecinan tiempos muy difíciles para la reconstrucción de todo lo devastado, no será fácil afrontar estos nuevos tiempos, la ética de la responsabilidad necesita de un esfuerzo solidario en el que toca ser generosos y compasivos".

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