La culpa la tuvo la vieja 'Maquinilla'

Un curioso recorrido visual por el antiguo ferrocarril urbano, el tren de las bodegas

Jesús López, relaciones públicas del Club Filatélico Jerezano, junto a José Manuel Iglesias, del Club Ferroviario Jerezano y Pedro Martín Rielo, junto a la maqueta y uno de los expositores. /Manuel Aranda
Jesús López, relaciones públicas del Club Filatélico Jerezano, junto a José Manuel Iglesias, del Club Ferroviario Jerezano y Pedro Martín Rielo, junto a la maqueta y uno de los expositores. /Manuel Aranda
J.p.s. / Jerez

12 de marzo 2012 - 01:00

Fueron aquellos aventureros románticos extranjeros que tuvieron ojo para levantar el negocio bodeguero del vino los que, en mayor o menor medida, hicieron de la nuestra una ciudad moderna, donde una potente burguesía progresista e industrial había asumido las riendas políticas y urbanas de Jerez. Jerez se convirtió en una ciudad moderna y, como siempre ocurre, fue antaño el vino y no otra cosa lo que propició su escalada. Volamos con la imaginación hasta la segunda mitad del siglo XIX, en 1872. Fue entonces y no antes cuando el fortísimo incremento de las exportaciones de 'sherry' a granel aconsejó el alumbramiento de uno de los fenómenos más singulares del ferrocarril español. Y Jerez es ciudad pionera en proyectos ferroviarios.

Que levante la mano quien no haya oído hablar en su vida del 'tren del vino', el tren urbano, o de la 'Maquinilla', o de la 'Jerezana' de la empresa Los Andaluces. Un tren callejero que daba solución a la necesidad de los bodegueros de transportar en carruajes sus botas hasta los muelles de exportación de la bahía de Cádiz o bien al resto del país. Las calles se resentían por el paso de las bestias y carros y el vino se perdía. Un sencillo sistema ferroviario discurría entre calles y plazas, recogía las botas de las principales bodegas y las conducía hasta la estación central de mercancías, la antigua estación de pequeña velocidad.

Casi un siglo duró el invento. Llegaron los sesenta y aquello se esfumó. Ahora, sesenta años después, un grupo de apasionados del mundillo del ferrocarril -hombres ya hechos y derechos- trata de rescatar de la memoria este servicio tan peculiar y útil para nuestros antiguos bodegueros. Por eso, pisar estos días la sala de 'El Tren del Vino', en el Centro Social de La Granja, es un imaginario regreso al Jerez decimonónico y a su 'trenecito urbano' a través de ilustraciones, fotografías, maquetas, objetos y materiales propios del oficio y vídeos aportados por socios del Club Ferroviario Jerezano. La iniciativa, ya realizada antes en la Sala Paúl, cuenta además con la aportación del Club Filatélico Jerezano, que expone sus sellos, postales e ilustraciones sobre el 'trenecito' pertenecientes a las colecciones particulares de sus socios Manuel Izquierdo y Jesús López.

José Manuel Iglesias, responsable del Club Ferroviario, se crió entre los barracones de la vieja estación de ferrocarril. Salió adelante como camionero pero su pasión fueron siempre los trenes. "Observaba día a día ese movimiento, ese trajín de máquinas, el trasiego de una estación... Me quedaba fascinado por todo eso". Tras el panel, Iglesias Nieto está siempre pendiente de los módulos que conforman una gran maqueta de trenes en la exposición realizadas en miniatura a escala 'N'. Está satisfecho por la asistencia de público y, a la vuelta de la esquina, tienen aseguradas las visitas de escolares.

Junto a José Manuel, está otro 'torta' del mundillo de los trenes. El abogado Pedro Martín Rielo, un enamorado del Talgo, es el presidente de la asociación "Amigos del Ferrocarril", posee en su casa una impresionante colección de máquinas y vagones, un pequeño 'museo' dedicado al ferrocarril, e insiste al periodista que se refleje en el artículo "la necesidad de que Jerez cuente con una sede fija para todo esto y que sea visitable de forma gratuita. De esta forma, nunca se perdería el esfuerzo, cariño y dinero que el coleccionista ha puesto en ello". Martín Rielo recordó entonces la promesa fallida del futuro Museo del Tren y el 'olvido' de las réplicas de las maquinarias ferroviarias de cinco pulgadas con que llegó a contar el parque de Vallesequillo. Uno de los módulos de la maqueta que estos días adorna la exposición es obra suya y recrea un ameno y detalladísimo panorama y pasisajes de una estación escocesa-inglesa en la que cada pieza cobra significado.

Para todos ellos, todo esto sigue siendo aún su ilusión, su particular 'taller de sueños'.

(La muestra 'El Tren del Vino' está expuesta hasta el próximo día 16 en el Centro Social de La Granja, en horas de 9 a 14 de lunes a viernes y martes y viernes de 17 a 20 horas).

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