Jerez

Las tres derechas

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LA derecha de hoy presenta demasiadas secesiones. Le ha sucedido lo contrario que a la izquierda. La izquierda es una desde que Carrillo pasó a mejor vida que la política y Anguita sucumbió a la reconquista socialista. Con seres más o menos moderados, más o menos lúcidos y lucidos, menos inteligentes y más ineptos, pero una. A la derecha española, en cambio, le está sucediendo lo que a la derecha europea. El bipartidismo y el pensamiento bipolar es estrictamente anglosajón, y para que sobreviva son necesarias tres cosas: una maquinaria cinematográfica con guionistas en huelga, un cuatro de julio con banderolas y cabalgata azul, y una tendencia natural al chou, quiero decir, al espectáculo y al mitin de confeti. Esto, o varias pelucas blancas, de tirabuzones. En Europa, en el continente, el pensamiento político es menos cuadriculado -más octogonal, más poliédrico.

La derecha rancia ha perdido sus complejos y ya no oculta sus verdaderas ideas. Ha salido de las catacumbas y predica con sus canales digitales y sus líneas editoriales. No enaltece a Franco, no sale en episodios de Cuéntale a Imanol, ni cantan boleros sepias como Espérame en el Cielo, pero expresan con convicción, con aspereza, sin talante, una ideología clara, motivada, de principios. Son, de lejos, los más tolerantes con otras opiniones de la escena política -y la izquierda es la nueva censura, la nueva inquisición ideológica, sectaria, inflexible.

La derecha jovenísima, modernísima, con su chupete de recién nacida, comete el mismo error que la izquierda. La línea divisoria entre la izquierda y esta derecha nuevísima, la de alcaldía de villa, es casi inexistente, nadie sabe dónde está o si la habido. Las dos defienden posiciones políticas sin saber, en realidad, por qué las defienden. Lanzan mensajes en un todo inconsciente, autómata, mecánico, puro reflejo. Les sucede como a los vascos nacionalistas. Reclaman una independencia, una lengua excluyente, la prohibición el castellano, todo sin un fondo histórico, ni sociológico, ni ético, una inventiva inmensa. No hay razones ni motivos. Sólo una moda política de soniquete, una corriente -una ventolera que, a fuerza de repetirse, parece verdad, pero no.

La derecha mayoritaria, la que se gusta de llamarse centro y era aznarista hasta Irak, la que maniata al resto y dirige la oposición, perpetra el pecado de ser consciente de sus malas obras. Esta derecha, la que aprueba oposiciones de registradores y abogacía del estado, la que viste barba y voz de esencia de perfume en el Congreso, reniega de la derecha de siempre y se abraza o desprecia a la derecha modernísima en idas y venidas calculadas, estudiadas al milímetro. Apoya una medida política u otra en atención a las encuestas, al rédito electoral. Renuncia a ideas por votos, de un modo pensado, deliberado, consciente, en un constante mirar hacia otro lado en las matemáticas de las urnas. Es peor que la izquierda, porque la izquierda, aunque sea a veces, se cree a Marx y quiere ser como Rigoberta Menchú. Esta derecha es la más política de todas -o, lo que es lo mismo, la más lamentable de todas.

Y así, queda zapato para rato. Y con estas estamos.

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