30 años de Literatura Infantil y Juvenil

¡Que me devuelvan mi dinero!

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Literatura Infantil y Juvenil

En este mes del libro, vamos a dar un giro a nuestra línea general y nos vamos a parar a pensar en qué ocurre con los libros que no nos gustan. La crítica literaria de libros de adultos suele fijarse en libros muy esperados, muy promocionados, de autores muy consolidados, de editoriales que saben regalarlos y que confían en ellos,… y en general terminan siendo buenas críticas o, al menos, reseñas positivas. Algunas veces, cuando alguien ha vendido el producto antes de tenerlo listo y “patina”, la crítica se echa encima y se da un “cajonazo” que decimos por aquí.

Pero lo cierto es que se promociona mucho libro con entrevistas por periodistas que no se han leído el libro, con lo que las palabras encantadas del autor o autora lo ponen en un lugar al que luego no llegan. O, en el mejor de los casos, pasan sin penas ni glorias en las reseñas periodísticas (en papel y digitales). Pero ¿qué pasa cuando alguien compra uno de esos libros y no cumple para nada con lo que parecía prometer?

En la Literatura Infantil y Juvenil hay que ser muy prudentes. Existen libros malos, pero también existe el efecto “Pipermint” del que hablaba Margaret Mahy: unos librillos troquelados de muy poca calidad que eran devorados por los pequeños y que hicieron lectores a la mayoría de ellos. Es cierto que se deberían destapar esos libros pero los criterios no están unificados por lo que, para muchos títulos, detractores y partidarios se den por igual.

Quiero recordar que en una conocida novela arreglan una varita mágica rota con cinta adhesiva. En otra, en una nave espacial se estropea un pomo de la puerta y hay que estar rozando la pared hasta encontrar un interruptor de la luz… Cuando se dan esos anacronismos, esa falta de imaginación, esas copias de los personajes de Tolkien una y otra vez en otros formatos, debería la crítica decir que por ahí no. Sin embargo son superventas y dicen que los han leído montones de jóvenes (claro que las películas posteriores les dan coartadas).

Pero hay algunos apartados con los que se puede ser muy exigente. Por ejemplo: las ilustraciones. Hay ilustraciones malas hasta decir basta. Aquí hemos avisado de las promociones que hacía un periódico nacional de cuentos muy mal ilustrados; y la tendencia a la autopublicación, con los “dibujitos” de un amigo o amiga, son casi delitos.

Otros es el de los ensayos. Aquí, lógicamente, el autor puede hablar de lo que quiera y cuanto quiera. Pero el título no debe inducir a engaño. Pongamos por ejemplo: “Historia crítica de la Literatura Infantil y Juvenil en la España actual (1939-2015)”, de casi 700 páginas y cuarenta y tantos euros, escrito por Jaime García Padrino y publicado por Marcial Pons, Ediciones de Historia.

Vaya por delante que en las Actas del II Congreso de Literatura Infantil y Juvenil, en diciembre de 1998 (concretamente en las Actas del Precongreso), García Padrino decía: “Desde mi personal perspectiva, declaro que me siento atraído por completar o integrar esa perspectiva en una sociología de la Literatura Infantil y Juvenil, en la que debemos aplicar los procedimientos metodológicos bien asentados en el campo de la Sociología de la Literatura General. Existe así, desde mi experiencia, un campo por explorar dentro del tratamiento específico de la Literatura Infantil y Juvenil Española en el campo de la sociología literaria. Es decir, además de los correspondientes estudios dedicados a autores y obras enmarcadas en las circunstancias sociales de su época, creo posible desarrollar una investigación sobre problemas tales como las lecturas más comunes de los niños y las niñas españoles en los años finales del siglo XIX y durante los dos primeros tercios de este que se nos acaba; sobre las traducciones más leídas o difundidas en cada época y sus posibles influencias o repercusiones en la producción autóctona; sobre las condenas de moralistas, censores y gobernantes con respecto a las lecturas convenientes o propias para la infancia y la juventud; sobre los fondos y orientaciones de las editoriales más representativas de cada época; sobre la labor difusora y promotora realizada desde publicaciones periódicas...”

Con esas compro el libro pero me encuentro solo con “estudios dedicados a autores y obras enmarcadas en las circunstancias sociales de su época”; en unas divisiones de épocas discutibles; prescindiendo de toda la historia de la ilustración; prescindiendo, por tanto, de los álbumes ilustrados; con grandes ausencias entre autores y obras citando, sin embargo, obras muy menores; sin atención a las editoriales; sin atención a las traducciones; sin hablar de las actuaciones políticas y campañas oficiales en pro de la lectura; sin hablar de los eventos básicos del ramo;… Debía llamarse “Lote de comentarios de libros de narrativa, poesía y teatro, agrupados por etapas y contextualizados en esas etapas”. Así no me habría llevado a engaño. Así no pediría ¡Que me devuelvan mi dinero!

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