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El día de España

El día de España El día de España

El día de España / ENRIC FONTCUBERTA / EFE

12 de octubre, una fecha para conmemorar la grandeza de nuestra nación; para honrar a los que con su esfuerzo, con su sacrificio, hicieron posible una España grande y libre; para recordar a los que sufrieron, a los que lo dieron todo por el futuro de "los que vendrán": los que hoy estamos. Fueron gentes de bien, luchadoras, recias, bravas, nobles… gentes que se dejaron la piel trabajando, descubriendo, investigando, escribiendo, batallando y sintiendo, gentes a las que debemos esforzarnos por merecer. Celebrémoslo, ¡sin complejos!

En octubre del año pasado, un grupo de traidores golpistas al frente de un populacho enloquecido y cuatro tarambanas disfrazados de diputados, se rebelaron contra España intentando dar un golpe de Estado. Quisieron pisotear con saña a todos los españoles, quebrar el Estado de Derecho, poner fin a la democracia, y privarnos de la libertad que tanto nos ha costado recuperar.

Ante la pasividad de un presidente de Gobierno, Mariano Rajoy, que no estuvo a la altura -actuó muy tarde, mal: o sea, a medias, y sin la contundencia necesaria y exigible-, fue el Jefe del Estado quien se encargó de asumir un liderazgo que se había quedado huérfano. Sin medias tintas, con las limitaciones que la Constitución le impone, les puso las cosas muy claritas a los infames renegados. No sé hasta dónde van a llegar esos sediciosos separatistas catalanes, pero quiero pensar que cuando sea el momento de actuar, el Jefe del Estado, que también es Capitán General de los tres Ejércitos, sea fiel a La Constitución que ha jurado "cumplir y hacer cumplir" y defienda, sin titubeos y con la fuerza que haga falta utilizar para hacer respetar la Ley, la libertad de todos, ordenando detener y poner a disposición de la Justicia a toda esa parva de indeseables mamporreros conspiradores.

Los miserables golpistas catalanes salieron a las calles, que son de todos, a dar hostias a mansalva a quienes no "besaban" su mezquino y ruin trasero. "Conmemoraban" la grotesca payasada en la que pasearon unas cajas de plástico que previamente habían rellenado con papeletas -echadas de cinco en cinco, tres o cuatro veces cada uno, sin censo, y la mitad de ellas "llegadas" por correo electrónico- en el mismo bazar chino en el que las habían comprado cinco minutos antes; "celebraban", digo, algo a lo que esos mamarrachos roñosos llamaron "votación…"

Los "C.D.R." -C, de cobardes; D, de despreciables y R, de ruines- insultaron, escupieron y apalearon todo lo que les "oliese" a español. Mientras, su capo, el presidente chusquero Torras, les arengaba pidiendo más: "¡esforzaros más, apretad más…!" Esas bandas fascistas que campan por sus respetos por las calles de ciudades catalanas, tan españolas como puedan ser Toledo, Cáceres o Granada, amparadas por una policía -la catalana- que no cumple con su deber; protegidas por políticos separatistas y racistas, fuera de la Ley; sostenidas por extremistas de izquierda antiespañoles -Podemos-, anti demócratas y enemigos de la libertad; se arrogan el derecho de ejercer la violencia a su antojo contra todo aquel que no piense como ellos y tenga el valor de decirlo. Así fue como empezaron en 1934…

Con bazofia como la que hoy manda en Cataluña, con medios de comunicación vendidos al servicio de los impostores que los mantienen con nuestro dinero, con las medias tintas de un Gobierno débil, preso de los pactos que le han colocado donde no debiera estar, con la pasividad de las fuerzas políticas democráticas y constitucionalistas, que no se atreven a ilegalizar a engendros anticonstitucionales y violentos como la CUP; sólo queda confiar en que el Jefe del Estado, con todos -digo todos- los medios legales y necesarios, y con toda la fuerza -toda- que haya menester, acabe de una santa vez con esta lacra que está poniendo en serio peligro el bienestar y la libertad de todos.

El 12 de octubre es el día de España, el de todos los bien nacidos que de un modo u otro, con más o menos esfuerzo, antes o después, en mayor o menor medida, hemos puesto nuestro granito de arena para que podamos vivir en paz y mejor. No podemos permitir que cuatro comemierdas, dos en la calle y los otros dos en el Parlamento catalán, nos priven de los derechos que, ayer muchos españoles y otros tantos hoy, nos hemos ganado y merecemos. Tampoco que en Madrid, unos políticos acobardados, "buenistas", débiles y coartados, no sean capaces de hacer cumplir La Constitución, sin peros ni excepciones.

Ni un paso atrás, ni una sola concesión; la Ley es para todos y España, nuestro futuro y el de los que vengan, no se puede permitir titubeos ante los que la quieren poner al borde, para empujarla después, de un abismo fatal. ¡Un nuevo 155, ya!: duro, en toda su amplitud y permanente, hasta que esto se acabe; es lo que dice la Ley, es a lo que obliga La Constitución.

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