Ciencia

Los pingüinos y el cambio climático

  • El biólogo jerezano Enrique González Ortegón participa este mes en el proyecto PiMetAn, que profundiza en la cadena alimenticia de diferentes especies animales en la Antártida

Enrique González Ortegón, en la Antártida.

Enrique González Ortegón, en la Antártida. / Francisco Baldó

Desde el pasado mes de febrero, el biólogo jerezano Enrique González Ortegón participa, junto a un equipo de varios investigadores y científicos, en el proyecto PiMetAn, cuyo objetivo principal es desvelar qué papel juegan los pingüinos en el funcionamiento ecológico de la Antártida.

Allí, en la base española Juan Carlos I, en la Isla de Livingstone, permanece tras un periplo especialmente complicado, sobre todo porque el covid también ha llegado hasta esta zona.

La verdad es que ha sido un viaje largo y más complejo de lo normal, porque tuvimos que pasar una cuarentena en Punta Arenas (Chile)donde no podíamos salir de la habitación del hotel, y posteriormente hemos tenido varias dificultades para llegar en avión hacía el aeropuerto de Rey Jorge en el continente antártico, por niebla densa o avería en el avión, lo que resultó que haya sido una travesía más larga”, relata el biólogo.

Tras aterrizar enla isla Rey Jorge y ser transportado por el buque Hespérides hasta la base, el equipo ha comenzado a trabajar en una misión que durará 35 días. En ella, y bajo la coordinación de Antonio Tovar Sánchez, experto en Biogeoquímica, el equipo lo conforman el también biólogo Francisco Baldó, Gabriel Navarro Almendros en Teledetección, Luis Barbero González en Geoquímica y drones, Javier R. Viguri Fuente y Gemma Ruiz en cinética y modelado químico, David Roque Atienza, licenciado en Ciencias del Mar, que apoya todas las actividades de campo y de laboratorio, y Erica Sparaventi, becaria del proyecto.

El jerezano reconoce que “el retraso que hemos tenido en el viaje ha hecho que los numerosos objetivos del trabajo apremien, por tanto debemos aprovechar al máximo estos 35 días de campaña, días largos en el verano austral donde amanece a las 4:30 y oscurece a las 21 horas”.

Entre los objetivos marcados por el proyecto PiMetAn, está “averiguar qué papel tienen los pingüinos en los ciclos de los metales que tienen lugar en el océano Austral, algo que es fundamental para saber cómo encajan estas aves en la cadena trófica antártica. Para ello es importante conocer quién se come a quién en este mar tan frío. Hay muchos animales marinos, como por ejemplo las ballenas o los pingüinos, que se alimentan de animales tan pequeños como el Krill antártico o la especie Euphasia superba, un crustáceo de no más de 5 cm de longitud, el principal alimento de las principales especies que habitan esta región helada”, explica González Ortegón.

Para conocer las especies que forman parte de esa cadena alimenticia, el equipo PiMetAn colectará las distintas especies que habitan estas aguas, “mediante redes desde las zódiac, trampas y buceando con equipos especializados para soportar las gélidas aguas polares (entre 1- 2ºC). Para conocer las poblaciones de pingüinos se volarán las pingüineras y se recogerán y estudiarán los excrementos de los pingüinos para conocer si efectivamente el krill está formando parte de su alimento, ya que otras especies acuáticas podrían ser su alimento, además de analizar los nutrientes que concentran. Nutrientes que se analizaran y se verá si son capaces de activar la cadena trófica, fertilizando a las microalgas y éstas a organismos acuáticos como el krill que será fuente de nuevo para estas aves u otros animales como las focas o ballenas”.

El cambio climático está también detrás de esta investigación, como así se recomienda desde la Convención para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos, como parte del Tratado Antártico, que tiene como principio fundamental la conservación de la fauna marina y la utilización racional de los mismos.En especial, “se requieren estudios que se centren en reunir información sobre las comunidades de pingüinos (distribución y cambios en la abundancia) y en el krill, dado que esta última especie representa la base de la cadena alimentaria antártica”, añade el biólogo.

En palabras del jerezano, en la península antártica “hay lugares, donde los pingüinos se concentran, y hay enormes cantidades de estos excrementos y no se sabe su efecto en el medio ambiente, es decir cómo está fertilizando la zona costera. Es un puzzle marino-costero, donde el conocimiento de sus “piezas”, sus especies y el saber cómo encajan, ayudará no solo a conocer mejor cómo se dan estos procesos actualmente, sino que un registro posterior, o idealmente a largo plazo, permitirá tener una mejor idea de los efectos del calentamiento global en este continente tan delicado por este efecto”.

Hay que tener en cuenta, tal y como explica Enrique González, que “el aumento de temperatura no sólo derrite el hielo antártico de una manera más acelerada, también ha cambiado el tiempo de formación de hielo marino, lo que afectaría a especies que dependen directamente de él para completar exitosamente parte de su ciclo de vida, como por ejemplo focas y pingüinos. De continuar una tendencia a incrementar la temperatura, se esperan cambios en la distribución y abundancia de krill, clave para el ecosistema marino antártico, y un incremento de organismos gelatinosos como las salpas. En el día a día de nuestras pescas, las salpas son comunes en toda la bahía Sur de la Isla Livingstone, donde estamos trabajando desde la BAE Juan Carlos I. Esto es debido a que los organismos gelatinosos, están mejor adaptados a una mayor temperatura. Cambios en las condiciones ambientales y principalmente el tiempo de formación de hielo marino no solo influirá negativamente en el ciclo de vida del krill, sino que también repercutirá en toda la cadena alimenticia que de estos dependen”.

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