• Wayne Jamison recopila en 'Esvásticas en el sur 2' más historias sobre operaciones secretas alemanas en la provincia durante la Segunda Guerra Mundial

Esvásticas en el Sur

Cuando los nazis idearon un plan para invadir Jerez

Foto aérea de Gibraltar en 1941. Foto aérea de Gibraltar en 1941.

Foto aérea de Gibraltar en 1941.

Yad Vashem

Escrito por

R.D.

La cubierta del libro. La cubierta del libro.

La cubierta del libro.

La importancia de la provincia de Cádiz en el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial fue mucho mayor de lo que la mayoría puede pensar. La presencia de Gibraltar y el Estrecho como puerta de acceso al Mediterráneo y al norte de África la convirtieron en zona de máxima importancia estratégica. Quien controlase todo eso gozaría de una gran ventaja en el conflicto bélico. Ambos bandos lo sabían y eso, junto a la supuesta neutralidad de España, hizo que invirtiesen notables esfuerzos en ello.

El sur del sur pasó así a convertirse en un nido de espías y saboteadores y escenario de importantes operaciones secretas. Wayne Jamison ya se refirió a ello en su primer Esvásticas en el sur, publicado hace tres años. Aquel libro incluía 49 historias independientes sobre aquellos personajes y sus andanzas. Surgieron como pinceladas que buscaban precisamente componer un esbozo reivindicativo de esa importancia que tuvo la provincia entre los años 1939 y 1945. Esvásticas en el sur 2, que ve ahora la luz y que será presentado pro primera vez el 5 de junio en Jerez en el marco de su Feria del Libro, suma otras 47, la mayoría de las cuales, al igual que en el primer título, ven la luz por primera vez tras el trabajo de investigación realizado por el autor.

Bomba camuflada. Bomba camuflada.

Bomba camuflada.

Los objetos de deseo eran, como se ha dicho, Gibraltar y el Estrecho, pero los efectos de esa guerra silenciosa que se libró por su control, aunque se dejaron notar en el conjunto del país, fue especialmente intensa en su área de influencia más directa. Jerez no fue menos. Ni mucho menos. Este libro, de hecho, lo demuestra a través de varias historias que tuvieron lugar en la ciudad y sus alrededores o que fueron protagonizadas por jerezanos.
Los planes de los Aliados para invadirla junto a otras de la provincia si las tropas germanas entraban en España; los diamantes que el mismísimo Herman Göring, ministro del Reich, lugarteniente de Hitler y jefe de la mítica Luftwaffe, vendió en una conocida joyería de la calle Larga; el avión estadounidense que se estrelló o el británico que tuvo que aterrizar de panza en el término municipal; el jerezano que estuvo con la Kriegsmarine nazi en el Báltico; el que murió en el macabro Castillo de Hartheim… Estas, entre otras incluidas en el libro, demuestran que aquel conflicto bélico que cambió el mundo no fue ni mucho menos algo ajeno a Jerez.
El mayor movimiento, lógicamente, tuvo lugar en el Campo de Gibraltar, y así se refleja en este trabajo. En la zona operaron agentes y saboteadores de hasta siete países diferentes. Entre ellos, algunos de los ilustres del espionaje del pasado siglo XX: Ian Fleming, Wilhelm Canaris, Lionel Crabb, Kim Philby, Desmond Bristow, Junio Valerio Borghese… Y otros quizá menos mediáticos hasta ahora pero que también protagonizaron acciones que parecen sacadas de una novela de John Le Carré, Frederick Forsyth o el mencionado Fleming, padre de la saga de James Bond y cuyo trabajo de campo en la zona le sirvió de inspiración. Es el caso de Larissa Swirski, más conocida como la Reina de Corazones, que tuvo un papel aún más importante de lo que se creía en esa singular batalla de espías y saboteadores que se libró en Gibraltar y sus inmediaciones, según los informes británicos a los que ha tenido acceso Jamison y que se incluyen también en este libro. O la agente Churchill, cuyo apellido ya nos indica con quién estaba emparentada.

También hubo cabida para un buen puñado de actores secundarios, cuyas identidades se descubren ahora y que fueron quienes realmente marcaron el devenir de los acontecimientos en aquellos años. La mayoría fueron españoles al servicio de italianos y, sobre todo, alemanes. Algunos por afinidad ideológica, pero la mayoría porque vieron en ello la posibilidad de abrirse camino en una más que lucrativa actividad. No tuvieron reparos en mancharse las manos, en organizar y ejecutar operaciones de sabotaje contra intereses británicos, en ocasiones de lo más arriesgadas.

Se puede hablar de dos grupos de españoles, uno liderado por Eleuterio Sánchez-Rubio y otro por Narciso Perales. Todos, desde los cabecillas hasta los encargados de introducir los explosivos en la Roca, cobraban bien por ello. Wayne Jamison detalla cuánto y por qué conceptos, como también los peculiares códigos que usaban para comunicarse entre ellos y con sus enlaces nazis.

Bastantes de esos españoles acabaron siendo agentes dobles al servicio, en realidad, de los británicos, quienes no dudaron, incluso, en simular, explosiones incluidas, que las acciones de sabotaje que debían llevar a cabo para los alemanes concluían con éxito. Era la mejor forma de que el enemigo no sospechase y ellos pudiesen siendo útiles para sus intereses. Uno de ellos, apodado Nag, sobresalió entre todos y acabó condecorado por los británicos. Otros corrieron peor suerte y terminaron ejecutados en Gibraltar por un verdugo de lo más macabro. De todo ello se habla también en Esvásticas en el sur 2, incluyendo identidades, rutas de acceso, explosivos empleados, lugares de reunión, etc.

Díaz Barranco. Díaz Barranco.

Díaz Barranco.

Hay espacio para otras historias curiosas, como los pescadores que transportaban nazis; el espía que vestía de mujer; la odisea de los hermanos Ordóñez Gamarro; el falso pescador que espiaba por necesidad; o la muerte que tocó ocultar al mismísimo Ian Fleming. Y otras de calado como las nuevas revelaciones que se ofrecen sobre la misteriosa muerte en aguas de la Bahía de Algeciras del general Sikorski. O la del linense Manuel Díaz Barranco, quien, tras una auténtica odisea, logró sobrevivir a los infiernos de Gusen y Mauthausen.

Y bastantes también en otros puntos de la provincia, demostrando así que el influjo fue bastante más allá del Campo de Gibraltar: la base secreta que tuvieron los torpedos humanos italianos en la desembocadura del Guadalete; el origen gaditano de los famosos lobos grises (submarinos) nazis; el partisano de San Fernando; el portuense que estuvo en el Ejército Rojo o el jerezano que perteneció a la Kriegsmarine alemana; los diamantes que vendió el mismísimo Herman Göring en Jerez…

Se detallan incluso todas las acciones de sabotaje que se llevaron a cabo contra intereses británicos en Gibraltar y hasta las incursiones, a veces accidentadas, de aviones y embarcaciones de guerra en territorio gaditano. Historias desconocidas en su mayoría, en definitiva, que demuestran en su conjunto la importancia que tuvo esta zona en el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial. Tanto que estuvo cerca de conseguir que se escribiese un final diferente. Porque… ¿qué habría pasado si los alemanes se hubiesen hecho con Gibraltar?

La falsa leyenda de la playa de Los Alemanes 

Una de las historias del libro aborda la leyenda de la playa de los Alemanes, situada en el término de Tarifa, muy cerca de Zahara de los Atunes, la que cuenta que el mencionado nombre con la que se le conoce popularmente se debe a que allí se refugiaron numerosos nazis tras la derrota alemana en la Segunda Guerra Mundial, convirtiendo la zona en poco menos que una colonia de nostálgicos del Tercer Reich. Pero parece que tiene más de eso precisamente, de leyenda, que de realidad. Al menos si nos atenemos a las conclusiones que explica Wayne Jamison en Esvásticas en el sur 2.

Monjes en la Playa de los Alemanes. Monjes en la Playa de los Alemanes.

Monjes en la Playa de los Alemanes.

Entonces, ¿por qué se llama playa de los Alemanes? La respuesta podría remontarse a varias décadas antes de lo que se creía; cuando se asentaron en el Santuario Nuestra Señora Virgen de la Oliva, de Vejer de la Frontera, unos singulares monjes alemanes llegados de Camerún. Permanecieron allí entre 1916 y 1919, durante la Primera Guerra Mundial, periodo durante el que habrían facilitado en secreto víveres a submarinos de su país que pasaban camino del Estrecho.

El capítulo correspondiente detalla cómo llegaron, quién los llevó, cómo acometían esa ayuda sin ser vistos, qué hicieron en la zona durante esos casi tres años y lo que cuentan sobre ellos diferentes informes británicos y uno bastante extenso del Ministerio de Estado español.

Eso explicaría, según Jamison, la denominación de playa de los Alemanes: “La otra explicación, la que se había impuesto de que nació como poco menos que una colonia de ex nazis que se escondieron allí para no ser capturados por los gobierno de los países vencedores en la Segunda Guerra Mundial, no se sostenía por ningún lado. Más que nada porque las primeras construcciones de viviendas en la zona datan de principios de los años 60 del pasado siglo XX, bastante después, por tanto, de que terminase el conflicto bélico”.

“Otras cuestión -añade- es que allí se instalasen entonces simpatizantes nazis o incluso alguna persona con participación activa en el Tercer Reich, quién sabe si rebotada, por ejemplo, de Argentina tras la caída del amigo y protector Perón”. Eso explicaría los recuerdos que vecinos de la zona tienen de la existencia de simbología nazi en alguna vivienda de aquella urbanización. “Debía tratarse, en cualquier caso, de algo aislado pero que habría alimentado la mencionada leyenda”, concluye.

Las revelaciones de la Reina de Corazones

El primer Esvásticas en el sur ya hablaba de la conocida como Reina de Corazones, una agente doble que comenzó trabajando para los nazis y que después se pasaría al bando contrario y cuya identidad real era Larissa Swirski. Poco se conocía de la que fue una de las espías más activas e importantes de las que actuaron en el Campo de Gibraltar y su área de influencia. Solo lo narrado por su hija, Liana Romero, una mujer de 86 años que vive en Chipiona y que se basaba en su experiencia personal y los recuerdos familiares que conserva. Una historia, en cualquier caso, que nos situaba ante un personaje mayúsculo, emparentado con los Romanov, que tuvo que salir de Rusia tras estallar la revolución bolchevique, que se casó con un militar español y que se codeó con ilustres como Ian Fleming, Wilhelm Canaris, Otto Skorzeny o Lionel Crabb.

Sikorski en Gibraltar. Foto del Gobierno polaco en el exilio. Sikorski en Gibraltar. Foto del Gobierno polaco en el exilio.

Sikorski en Gibraltar. Foto del Gobierno polaco en el exilio.

Pero su gran valor radicaba sobre todo en sus relaciones con los protagonistas de aquel peculiar universo surgido en el Campo de Gibraltar aquellos años e integrado por espías, saboteadores, dobles agentes, políticos, militares, pícaros y delincuentes, conscientes todos de que allí se libraba una batalla muy diferente a la de otros frentes, pero más importante que la mayoría por su importancia estratégica en el desarrollo de la guerra.

La información que Swirski pasó sobre muchos de esos personajes, cómo y con quiénes se relacionaban, cómo operaban los saboteadores españoles al servicio de los nazis, cómo entraban en Gibraltar, dónde se reunían y de qué hablaban fue considerada por los británicos de enorme valor. Y crucial. Sobre todo, la referente a las bases secretas que tenían los italianos en la zona y cómo desde allí se organizaban los buzos italianos que tanto daño hicieron a buques ingleses e intereses dentro del Peñón.

Wayne Jamison ha tenido acceso a numerosos expedientes e informes de la inteligencia británica que se profundizan en esa labor de la Reina de Corazones. Documentos que ven ahora la luz por primera vez en este trabajo y que además detallan varias de las operaciones en las que participó, la información que pasó a los Aliados, cómo la conseguía y hasta cómo fue su fichaje por los británicos.

El plan para invadir Jerez y otras ciudades de la provincia

Muy pocos saben que, durante la Segunda Guerra Mundial, británicos y americanos trazaron un complejo plan para invadir un buen puñado de ciudades españoles, sobre todo del sur del país, entre ellas cuatro de la provincia: Jerez, Cádiz, San Fernando y La Línea. Era, eso sí, preventivo. Solo se habría ejecutado en caso de que los alemanes hubieran entrado en España. Por aquel entonces, sobre todo en los años 1941 y 1942 no era nada descabellado. Hitler deseaba arrebatar Gibraltar a los británicos y hacerse así con el control del acceso al Mediterráneo, con todo lo que eso implicaba. Los Aliados estuvieron convencidos de que los nazis acabarían atacando y por eso idearon diferentes planes hacerles frente.

Mapa de Jerez de la época. Mapa de Jerez de la época.

Mapa de Jerez de la época.

En este en concreto incluyeron mapas que especificaban los objetivos principales a controlar en cada ciudad. Actualmente se encuentran en el archivo de la Universidad de Texas en Austin (Estados Unidos). Esvásticas en el sur 2 reproduce los de los cuatro municipios de la provincia gaditana.

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