¡Que no falten los pestiños!

Navidad

La cocina autogestionada de Cáritas en Estancia Barrera prepara un menú especial de Navidad para sus usuarios. El proyecto arrancó en 2013.

Usuarios y voluntarios de la cocina de Cáritas elaboran dulces navideños ayer.
Usuarios y voluntarios de la cocina de Cáritas elaboran dulces navideños ayer. / Fotos: Vanesa Lobo
Pablo Fdez. Quintanilla

JEREZ, 20 de diciembre 2016 - 08:16

En la cocina autogestionada 'Esperanza de la Yedra' huele a ralladuras de limón, a anís y a la harina chillando cuando cae en el aceite hirviendo. Allí se acumulaba en la tarde de ayer una docena de personas preparando pestiños, rosquillas y bizcochos. El resto del año, en la cocina se limitan a preparar raciones para los usuarios, pero ahora llegan unos días especiales. La repostería navideña crea un ambiente de trabajo especial. Quizás sería porque ayer tenían la visita de la delegada de Acción Social, Carmen Collado, y de algún que otro periodista, pero les costaba arrancarse con los villancicos. "Y a la masa hay que cantarle", decía una voluntaria de Cáritas, la entidad que puso en marcha esta iniciativa a finales de 2013 en un local del Ayuntamiento ubicado en Estancia Barrera.

Los usuarios de la cocina autogestionada son personas en riesgo de exclusión social que Cáritas conoce por recibir ayuda alimentaria en las parroquias. Seleccionan a grupos variados de hasta 12 personas que están en períodos de cinco meses. Acuden cada mañana de lunes a viernes a cocinar y se llevan las fiambreras para que en las casas, donde suele haber menores, no se pierda la costumbre de comer en familia y se normalice la situación. "Tenemos varios objetivos", dice Juan Carlos Mateos, voluntario de Cáritas y coordinador del proyecto junto a la también voluntaria Inmaculada García. "Aprenden a trabajar en equipo, se forman y reciban una alimentación adecuada". En ciertos casos, las personas beneficiarias de las ayudas de alimentos no saben cocinar. "Aquí les enseñamos a que coman de todo, no faltan las legumbres y las verduras, porque una de nuestras voluntarias es nutricionista", explica Mateos.

El más joven de los usuarios de la cocina es Miguel Álvarez, un chaval del mismo barrio de 20 años. Lo que su turno de cocina elabora es el principal sustento de su familia, compuesta por cinco personas. "Tengo una hija, y estamos en casa mi novia y yo con mis padres", explica. Lleva cocinando desde el verano. Su tiempo en este proyecto acaba el mes que viene. "A mí siempre me ha gustado la cocina, pero aquí he aprendido a hacerlo. Para aprender bien a cortar con un cuchillo te tienen que enseñar". Esta función la cumplen los mismos voluntarios de Cáritas que son cocineros. Ahora comenzará a echar currículos en bares y restaurantes. Porque otro de los objetivos de este proyecto es la inserción laboral en la hostelería. "De aquí salen con una experiencia que no tienen en escuelas", explica Marián Cano, voluntaria y nutricionista. Ella es encargada de la elaboración de los menús durante todo el año, y también de impartir cursos de manipulación de alimentos o de higiene en cocina.

Este viernes, con ocasión de las fiestas, la cocina realizará un parón de una semana. Por eso, además de los pestiños y otros dulces, se facilitarán también alimentos para Nochebuena y Navidad. Porque durante los meses que dura esta formación se intenta acoplar todo a las necesidades de los usuarios. E, igualmente, se acopla el menú a lo que aportan los colaboradores. "Nos traen comida desde asociaciones hasta personas particulares, entidades y empresas". Muchas mañanas, consiguen que los empresarios de Mercajerez cedan los productos que no tienen salida comercial. "Si una semana nos dan, por ejemplo, dos cajas de berenjenas, nos centramos más en eso para aprovecharlo, y lo que no, lo congelamos para usarlo más adelante".

La cocina funciona, salvando las distancias, como un puesto de trabajo. Personas de todas las edades aprender a socializar, a trabajar en equipo o a cumplir con horarios y órdenes. La recompensa luego se ve en el propio plato que sirven en casa. Hay gente que lleva mucho tiempo sin empleo y gracias al proyecto pueden volver a sentirse necesarios. "La última vez que tuve un trabajo fijo fue en la fábrica de botellas. Desde entonces, he ido cambiando según lo que me ha ido saliendo, en algún bar por ejemplo", señala Juan Sánchez, de 43 años y cuyo núcleo familiar está compuesto por cuatro personas. "Dependemos de esto", relata. Este año, gracias a Cáritas y a los muchos colaboradores que permiten que la cocina autogestionada siga en pie, podrán degustar dulces de Navidad. Ojalá, por estas fechas el año que viene, ninguno de ellos necesite beneficiarse de esta cocina.

En septiembre de 2013, con motivo de la coronación canónica de Nuestra Señora de la Esperanza de la Yedra, la Hermandad decidió destinar una partida importante para el barrio. En concreto, se puso en contacto con Cáritas, a quien el Ayuntamiento había ofrecido un local en Estancia Barrera que se había quedado vacío. La Yedra pagó la remodelación de la cocina, a la que dotó de los elementos necesarios. En todo caso, esta iniciativa fue ideada desde Cáritas Jerez y actualmente está en marcha un proyecto similar en Sanlúcar. "Hemos expuesto esta idea a nivel nacional y ha gustado", cuentan desde la ONG. Varias decenas de personas se han beneficiado ya. Y, por fortuna, no faltan en Jerez voluntarios para realizar la cobertura a los usuarios.

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