Jerez

Los hábitos también están en crisis

  • Una decena de órdenes y congregaciones religiosas han dejado Jerez en los últimos 20 años

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A una semana de que la orden Jesuita dejara huérfano el convento de Madre de Dios, se vuelve a reabrir el debate sobre las falta de vocaciones en la sociedad católica jerezana. En estas líneas, un vistazo al presente, pasado y futuro de la comunidad religiosa de la Diócesis recordando a aquellas órdenes y congregaciones que han dejado un hueco en la historia reciente de la ciudad.

La congregación de los Fossores abrieron la veda en 1993, una marcha que tuvo bastante repercusión en la ciudad. Conocidos popularmente como los guardianes de los muertos eran los encargados de realizar las labores de entierro y mantenimiento del cementerio municipal. El medio centenar de religiosos que llegaron en 1959 menguaron hasta los dos hermanos que a principios de los noventa encontraron insostenible seguir realizando esta labor. En esta misma década se marcharon las Siervas de María, de las que aún queda el recuerdo del nombre de la calle y de su convento en la plaza de las Angustias, hoy reconvertido en hotel.

Esa ha sido la tónica durante el siglo XXI, que amanecía en la ciudad con el anuncio de la marcha de dos comunidades religiosas de gran relevancia como son la orden de los Cartujos y las religiosas de María Inmaculada -conocidas popularmente como las religiosas del Servicio Doméstico-. Aunque su primera incursión en la ciudad fue en el siglo XV, la vuelta de la orden de San Bruno se produjo finalmente en 1948, cuando doce monjes de la comunidad regresaron a la Cartuja de Santa María de la Defensión, donde permanecieron durante 53 años. Dos motivos fueron los que impulsaron su marcha: la falta de vocaciones -el último religioso que entró en la comunidad fue en 1977- y que el monasterio no pertenecía a la orden sino al Estado español. Poco tiempo estuvo vacío, ya que el Obispado consiguió que la comunidad de vida contemplativa Hermanas de Belén ocupara la Defensión desde marzo de 2002.

Ese mismo año, las nueve hermanas del Servicio Doméstico hicieron las maletas y dejaron el Palacio de Bertemati que ocupaban desde 1942. El monumento fue sede de la comunidad debido a que el marqués Enrique Bertemati dejó esta propiedad para las monjas en su herencia. Curiosamente, otra cláusula del texto recogía que si las hermanas dejaban la ciudad,el inmueble pasaría a manos del Obispado, institución que hoy día ocupa el espacio.

Las religiosas de María Inmaculada llegaron a Jerez en 1877, aunque un año después dejaron la ciudad para regresar en 1936. En los años 60, el resurgir de las vocaciones llevó a la comunidad a tener más de 30 hermanas, número que se fue contrayendo hasta las nueve que se marcharon en 2001 hacía casas más necesarias. Como curiosidad, cabe señalar que el nombre por el que es conocida la comunidad es debido a que estas religiosas se encargaban de formar a las chicas que llegaban de los pueblos para darles una formación básica y que se dedicaran al servicio doméstico.

Tres años después hacían lo propio las religiosas de la Compañía de María, quienes dejaron el colegio del mismo nombre en manos del Grupo Educativo Alfa en 2004. Ponían así punto y final a 115 años de presencia en la ciudad, cuando llegaron para hacerse cargo de la formación moral y religiosa de niñas y jóvenes de clase alta. Finalmente, el colegio tuvo que pasar a ser mixto tras abrirse en 1986 al concurso educativo.

De la misma forma, se cumplen ahora siete años desde que las monjas Dominicas decidieran dejar huérfano al convento del Espíritu Santo. El edificio es el convento más antiguo de la ciudad, el primero en acoger a una orden religiosa femenina en el siglo XVI -las monjas Dueñas de Santo Domingo- y que ha sido objeto de numerosas teorías sobre el destino de los bienes que había dentro del templo.

La falta de vocación también acabó con la presencia en Jerez de las Hermanitas de los Pobres, que dijeron adiós a la calle Domecq en Estancia Barrera en 2009. Su primera casa fue en la calle Liebre cuando aterrizaron en Jerez en julio de 1875, donde llegaron a dar cobijo hasta a 40 ancianos. Cuatro años más tarde se trasladaron a la calle Domecq. Tras 130 años en la ciudad, las 8 religiosas que quedaban en la congregación y los 26 ancianos a los que asistían se terminaron dispersando por las distintas casas de la comunidad, dejando la puerta abierta a volver si algún día cambia la situación.

Otra necrológica se firmó sobre la orden Franciscana el año pasado. Una reorganización de las casas llevó a los Franciscanos a marcharse de Jerez después de casi ocho siglos de presencia en la ciudad. A pesar de que en la decisión pesó mucho el tema de la reorganización, los hermanos achacaban esta marcha a una imposición de la "realidad" de hoy, que tenía reflejo en que solo cinco hermanos componían la comunidad franciscana. Aunque se comprometieron a volver a San Francisco los días señalados, aún vuela sobre el templo la incógnita de quién se hará cargo de su gestión. Actualmente, son un grupo de voluntarios los que se encargan de este céntrico monumento mientras que su espacio en Corredera se ha cedido a Proyecto Hombre.

El último capítulo se cerró hace una semana, cuando los Jesuitas marcharon de Jerez cuatro siglos y medio después. Aunque se anunció el pasado mes de marzo, los hermanos eligieron el día de su fundador, San Ignacio de Loyola, como día clave para dejar la ciudad. Llegaron en 1574 a la calle Francos hasta ir a parar al hospital de San José en el siglo XVII. Junto a la calle Francos estuvieron desde 1704 a 1973, concretamente en la Sala Compañía, convento reconvertido hoy en espacio multifunción para teatro y conciertos. Las últimas cuatro décadas en Jerez las han pasado en la iglesia de Madre de Dios, donde el pasado jueves dijeron finalmente adiós tras la celebración de una misa en su honor.

Las comunidades religiosas masculinas fueron las primeras en llegar a Jerez como recuerda José Luis Repetto, párroco de San Dionisio. Dos órdenes -que se distinguen de las congregaciones en que las primeras tienen voto solemne y las segundas simple- llegaron a la ciudad en el siglo XIII: las de Santo Domingo y San Francisco.

Durante el siglo XIV, aunque Repetto reconoce que hay "bastante polémica al respecto", hay constancia de que los mercedarios estuvieron en la ciudad en el año 1365. Un centenario después se fundó el monasterio de la Cartuja de Santa María de la Defensión, donde los padres cartujos llevaban en su última etapa, después de sobrevivir a la desamortización de Mendizábal. Desde 2002, las Hermanitas de Belén son las que hacen vida en el monumental convento.

El mayor crecimiento de órdenes y congregaciones, tanto masculinas como femeninas, se produjo durante el siglo XVI. Llegan a la ciudad los hermanos de San Juan de Dios, Jesuitas, Trinitarios, Franciscanos Descalzos,Terciarios Franciscanos, Carmelitas y Mínimos. Incluso, como nota curiosa, Repetto señala el "pequeño periodo" que los benedictinos permanecieron en Jerez. Tiempo suficiente para que la zona donde estuvieron siga teniendo reminiscencia de su nombre: San Benito. En este mismo siglo, además, aparecieron las primeras comunidades religiosas femeninas, con el desembarco de las Dominicas del Espíritu Santo y las Clarisas.

Del esplendor del XVI en el nacimiento de comunidades en Jerez se pasa directamente a la sequía de los siguientes siglos. Solo dos órdenes masculinas aparecieron en la ciudad durante el XVII, Capuchinos y Mercedarios Descalzos. Estos últimos se desginaron al convento de Belén, que hoy día da nombre a la plaza.

El crecimiento de la familia religiosa en Jerez dio un freno en seco el 19 de agosto de 1835. En esta fecha María Cristina, reina regente por su hija Isabel II, mandó cerrar todos los conventos de la ciudad. Un año antes, en Madrid, fueron asesinados varios monjes a manos de civiles y se asaltaron conventos por el rumor de que los frailes habían envenenado los pozos de la ciudad. Este periodo histórico se denomina la desamortización de Mendizábal -ministro de la regente-, donde se expropiaron terrenos pertenecientes al clero regular.

José Luis Repetto cuenta que esta fue uno de los documentos "que la reina María Cristina tuvo que firmar sí o sí para que su hija pequeña reinara. Tuvo que pasar por el aro". Cuando Isabel II se convirtió en mujer "y vio lo que en su nombre se había hecho en la Iglesia", decidió reabrir los conventos en 1860. Antes, la Iglesia ya habría sufrido los varapalos del reinado de José I Bonaparte a principios del XIX.

No es de extrañar, por tanto, que el periodo de finales del siglo XIX y principios del XX se considere del resurgir de la comunidad religiosa. Las órdenes y congregaciones volvieron a la ciudad, aunque la falta de vocación es la que ha obligado a la marcha de muchas de ellas en torno al fin del segundo milenio.

En la actualidad, José Antonio Naranjos, presidente de Confer Asidonia-Jerez, explica que los cambios sociales y la disminución del núemro de vocaciones "están haciendo mella en al vida consagrada". "Su presencia en ciertas iglesias locales está en peligro", alerta el franciscano, quien apunta que en el caso de la Diócesis jerezana "se plantea más bien el problema de la reorganización de sus obras apostólicas".

Actualmente, en la ciudad existen cinco comunidades de vida religiosa femenina de vida contemplativa -o clausura-, que son las Agustinas, Clarisas Franciscanas, Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Inmaculada, Hermanas de Belén y Mínimas. Por otro lado, Jerez cuenta con diez familias de religiosas de vida activa, compuestas por las Dominicas de Santa Catalina de Siena, las Dominicas del Santísimo Sacramento, Esclavas del Sagrado Corazón, Hermanas Auxiliadoras, Hermanas de la Cruz, Hijas de la Caridad, Hijas de Santa María del Corazón de Jesús, de Jesús María, de los Sagrados Corazones de Jesús y María y las Hijas de María Auxiliadora.

En cuanto a las comunidades de religiosos, en la ciudad resisten actualmente diez órdenes y congregaciones, como son Capuchinos, Carmelitas, Dominicos, Hermanos de la Salle, Hermanos de San Juan de Dios, Marianistas, Mercedarios, Redentorisras, de los Sagrados Corazones y Salesianos.

A sabiendas de este problema de vocaciones, desde el Vaticano se ha incentivado el tema de comunidades religiosas. Juan Pablo II, por ejemplo, convocó un sínodo en 1996 donde profundizó en su significado y perspectivas. Francisco I, precisamente, dedicará el próximo 2015 a la vida consagrada. El Papa actual, en su carta, señalaba como los consagrados son símbolo "de humanidad plena, facilitadores y no controladores de la gracia".

Una vida consagrada, que según apunta Naranjos, en nuestra Diócesis "está llamada a seguir leyendo atentamente los signos de los tiempos".

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