Jerez

La historia de 15 celdas

  • Tragsa concluye los trabajos del ala norte de su claustro grande tras dos años de obras

Durante los dos últimos años, la zona más secreta de la Cartuja de Jerez, la reservada a las monjas de clausura, ha contado con unos inquilinos poco habituales: los arquitectos, técnicos, peones y albañiles del Grupo Tragsa que se han encargado de acondicionar lo mejor posible las celdas en las que las hermanas podrán acomodarse a partir de este mes de diciembre. Estas celdas, hasta ahora en estado de ruina, fueron desalojadas por los Padres Cartujos de Jerez cuando abandonaron el monasterio que habían ocupado durante 53 años, desde 1948. En 2001 el Capítulo General de la Orden Cartujana echó el cierre a las instalaciones para trasladar a sus miembros a otras casas de la misma congregación, dejando paso a las Hermanas de Belén, de la Asunción de la Virgen y de San Bruno, y dando lugar a una curiosa situación histórica: un convento poblado de mujeres.

Durante los últimos años, la Dirección General de Arquitectura del Ministerio de Fomento ha estado trabajando con Tragsa no solo para hacer la estancia de las religiosas más cómoda, sino también para preservar el valor histórico de un edificio único, cuyas peripecias históricas han dejado un abundante patrimonio cultural. En concreto, las obras de reconstrucción han abarcado la zona de servicio del monasterio y, en esta última fase ejecutada, la zona norte del claustro grande. Todas estas infraestructuras habían sufrido un progresivo abandono después de que la orden de los Padres Cartujos decidiera su exclaustración en 1835, momento en el que los monjes empezaron a vivir fuera del monasterio. En la planta baja del claustro se ha realizado una estructura de doble crujía (el espacio comprendido entre los pilares del claustro y las habitaciones) y nueve celdas, mientras que en la primera planta el pasillo es más estrecho y da entrada a seis estancias. Las celdas de la planta baja cuentan con un pequeño jardín y las de la zona alta, con terrazas individuales. Para la construcción de las celdas, además, se han aprovechado los antiguos muros, poniéndolos en valor e incorporándolos a la estructura. A todas estas actuaciones se ha sumado la consolidación del edificio que corría el riesgo de derrumbarse en algunas zonas, dando prioridad a la conservación de una estructura histórica.

La Cartuja de Jerez fue construida en la segunda mitad del siglo XV, en un lugar cercano al río Guadalete en el que una ermita recordaba una de las victorias contra los musulmanes. Su enorme valor arquitectónico reside en los múltiples estilos que guarda su construcción, siempre al servicio de los monjes cartujanos que pasearían durante años entre sus muros.

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