Jerez

La historia está servida

  • Presentan la edición crítica del códice del siglo XIII hallado hace dos años en la Biblioteca; una obra cargada de ingredientes para una novela.

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Tiene todos los ingredientes para ser una novela de intriga: un manuscrito donado a una biblioteca que guarda en su interior un misterioso legajo medieval y que aparece por casualidad décadas después de ser entregado... ¿Por qué quien lo donó no advirtió del hecho? ¿Por qué permaneció tanto tiempo sin ser descubierto? Hum, ya se escucha cómo se frotan las manos algunos escritores y babean deseosos de desarrollar la trama...

Un día cualquiera, allá por junio de 2012, el señalado por el destino para que saliera la obra a la luz, Ramón Clavijo, director de la Biblioteca y Archivo municipales, en una de las revisiones habituales de los fondos patrimoniales, buscaba una obra en particular, aunque sus manos acabaron atrapando de la estantería otro ejemplar diferente. Estaba bien catalogado: un manuscrito del XVIII cuyo título se ajustaba perfectamente al contenido…, siempre que uno se limitara a leer el título o lo abriera por el final: ahí estaba el detalle. El que había sido su dueño, Miguel Muñoz, anotó a lápiz en la guarda delantera cómo llegó a sus manos. Se encontraba en el pintoresco y tranquilo municipio onubense de Almonaster la Real: "Estando convaleciente en el pueblo de Almonaster la Real, en Septiembre de 1916, me donaron este manuscrito que perteneció a un monje Jerónimo exclaustrado de San Isidoro del Campo, natural y vecino del mismo pueblo, donde había fallecido. Miguel Muñoz" (firma y rúbrica). Pero Clavijo se dijo, "esto no cuadra". La primera hoja, papel, no casa con el resto, en pergamino, parece que alguien había insertado una parte diferente, ajena al libro.

Aquí comienza la historia de un códice del siglo XIII hallado en un libro del XVIII. La pieza pertenece a la obra 'De Preconiis Hispanie' o 'Historias y excelencias de España', del autor Juan Gil, natural de Zamora, preceptor de Sancho IV (hijo y sucesor de Alfonso X), que estaba inserta en la obra sobre himnos litúrgicos que fue donada (allá por los primer años del siglo pasado) a la Biblioteca por el médico y sacerdote jerezano Miguel Muñoz, figura importante de la vida cultural y religiosa del Jerez de finales del XIX y principios del XX. "Este fragmento podría ser el más amplio y antiguo que hay en España. No hay otra copia similar en nuestro país (excepto en la Biblioteca Nacional de Francia), así que tiene un valor muy importante", cuenta Clavijo, que asegura que en este extracto se habla de la Batalla del Guadalete, por lo que en cierto modo se relaciona con la ciudad.

Y para saciar las ansias de historia, está ya a disposición de los investigadores y del público en general interesados por la materia, una edición crítica de este códice medieval, que fue presentada, junto al original, días atrás en los Claustros. Un entorno idóneo. "La aparición de un códice medieval en una institución pública está claro que no es un hecho que suceda todos los días. Desde que descubrimos el códice hace dos años nos propusimos hacer esta edición facsímil para hacerlo llegar al mayor número de personas posible", apunta Clavijo. Una edición en la que han colaborado la editorial Peripecias, el Centro de Estudios Históricos Jerezanos (CEHJ) y el Ayuntamiento, canalizada a través de la oficina del 750 aniversario de la Incorporación de Jerez a la Corona de Castilla. Una obra que cuenta con un prólogo del director de la Biblioteca y Archivo municipales, una introducción de Francisco Antonio García Romero (CEHJ) y una edición crítica profesional y especializada de la importancia del códice y una transcripción del mismo a cargo de los profesores de las universidades de Huelva y Pablo Olavide de Sevilla Juan Antonio Estévez y Juan Fernández, respectivamente.

García Romero subraya numerosas curiosidades en su introducción, como que tras aquella anotación de Muñoz iba el título en la primera página. "Pero el caso es que, nada más pasar esa página, en folio recto y verso aparecían treinta maravillosas muestras de lo que es un códice medieval... Y, detrás, cinco páginas que sí correspondían y corresponden perfectamente al título que le puso el fraile jerónimo Francisco de Lara o sea, el latín y la traducción métrica de tres himnos". Ambos manuscritos, el medieval y el dieciochesco, estaban mutilados como era manifiesto por múltiples evidencias.

"A la sorpresa y lúcida observación de Ramón Clavijo -añade García- siguió la cooperación de algunos 'elegidos', entre los que me hallé. El propio Ramón y el canónigo archivero Domingo Gil Baro, con la ciencia de expertos bibliotecarios, repararon en el pergamino, las rayas para encajar la escritura en las dos columnas de la página, los reclamos en la parte inferior de alguna hoja, la cuidada letra gótica propia de la época que se le calculaba, las preciosas letras capitulares rubricadas, las encantadoras glosas y acotaciones latinas de otra mano, algunos pequeños y curiosos dibujos (como un puño con el dedo índice que señala unas palabras, un 'mensaje': el rey debe conocer sus rentas y posesiones para que no le hurten lo que es suyo)". Su antigüedad era incontestable y así lo certificó también el restaurador Francisco Bazán.

Faltaba apurar qué encerraba el latín de aquellos pliegos. Allí había personajes de la historia de Roma, emperadores, también reyes godos y don Rodrigo y Muza y Tárik… Debía ser, incuestionablemente, una crónica medieval. Es un códice con fragmentos de varias obras copiadas sobre la historia de España.

Hay que destacar que el original, a pesar de su antigüedad, se encuentra en relativo buen estado. Ahora, tras este facsímil, el siguiente paso es restaurar el códice. Hasta ahora se ha hecho un primer informe en contacto con el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico Artístico sobre su estado, qué actuaciones debían hacerse sobre él y se ha presupuestado. Ahora sólo queda ejecutarlo, porque ya ha sido digitalizado. Una vez restaurado, el original permanecerá en la Biblioteca.

"El bibliotecario hizo en su día una ficha, sin atender demasiado al interior, y el resto de los bibliotecarios la dio por buena a lo largo de las décadas. No ha habido investigadores tampoco interesados en esta portada, que indicaba que era una obra de textos litúrgicos. No ha sido muy trasteado", confirmaba Clavijo el día del descubrimiento. Sea como fuere, hoy la historia ya está servida.

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