La huelga de Cándido y Toxo
Tierra de nadie
YA saben, ¡qué les voy a contar que ustedes no conozcan! Estamos, vivimos –se supone, me refiero al ‘vivir’-, en el país del compadreo, de la chapuza y de la poca vergüenza; somos lo que hemos permitido que nos dejen ser; nos arrastramos por el limbo del rescate, bajo la sombra de la deuda externa, sin crédito ni recursos, aplastados por un desempleo inhumano… el peor de los escenarios es hoy una realidad… ¡por culpa nuestra!, porque hemos permitido que sanguijuelas, sin preparación ni cultura suficiente, se encaramen a los más altos puestos del poder para chupar hasta la última gota de nuestro futuro. Porque hemos dejado que los que nos mandaron pudiesen permitir que sus amigos nos siguieran mandando; que los que nos engañaron y nos expoliaron colocasen a padres, hijos, hermanos, primos o valedores varios, para que nos siguiesen esquilmando todo lo que a ellos no les dio tiempo robarnos. Ahora, nos quejamos; ahora, lloramos, con amargura, la desgracia que nos aplasta y nos priva del futuro que nos mereceríamos, por haberlo trabajado, pero que lo hemos perdido, por muchos años, desde que confiamos, y elegimos seguir confiando, en las ratas de alcantarilla que nos enmierdaron el presente y nos despellejan el mañana.
Parece que cuarenta años de dictadura -demasiado tiempo para sobrevivir huérfanos de libertad-, no fueron suficientes. Parece que, tras cuatro décadas de impotencia, obligado silencio e imposiciones absolutistas, algunos de los que representan a los que dijeron sufrir la privación de sus derechos fundamentales, hoy se erigen, cual fantoches de cutre opereta, en impositores excluyentes de la voluntad popular, arrogándose una representatividad inexistente, una intención falsa e hipócrita y unos objetivos prostituidos hasta el vómito abyecto y repulsivo.
Estamos hartos de mentiras, hartos de demagogia, hartos de vuestras ‘políticas’ sociales, hartos de manipulaciones, subterfugios, palabrería barata y cinismo; ¡ya vale!
Pasado mañana, durante la hipócrita huelga general que habéis convocado, las cosas volverán a ser las mismas: los ‘piquetes informativos’ ejercerán de comandos fascistas, opresores y violentos; las cerraduras se llenarán de silicona; las ruedas de los coches de los que -ejerciendo su derecho constitucional- no secunden vuestra farsa, estarán reventadas por el odio y el rencor, serán amenazados, insultados, empujados o agredidos; los cristales de comercios y tiendas, destrozados por vuestra ira; la convivencia, alterada; la economía, pisoteada, el futuro más estrangulado aun… entre tanto, probablemente, uno, en la sede de ‘su’ sindicato, mientras se entretiene en ‘duplicar’, al menos, el número de ‘seguidores’ de la convocatoria, o contando los relojes –de más de 20.000 euros- que usa, tendrá que tomar un poco de bicarbonato para suavizar la digestión del último almuerzo en el Tse-Yang –restaurante del hotel Villamagna, cinco estrellas Gran Lujo, de Madrid-; el otro, estará ingiriendo una biodramina, para mitigar los síntomas del mareo que le causó su último crucero de lujo por el Báltico… Ambos, los dos, muy involucrados con ‘los compañeros y compañeras’ que las pasan putas o se tiran por la ventana de la casa que el banco, al que deben la hipoteca, va a desahuciar, poniendo así fin a su angustia… y a su vida. ¡Qué lejos estáis de ellos!, tan lejos, como los dueños, mil millonarios, de esos bancos que revientan el futuro de quien sólo se ha dedicado a trabajar para poder vivir con dignidad y, llegado el momento –el que le dijeron que sería el momento-, retirarse a descansar con una pensión suficiente para no tener que mendigar y les permita ver crecer a sus nietos mientras duerme tranquilo esperando la llamada, no lejana, de una Parca más generosa que vuestros espíritus y los de los que los condenaron al infierno, en vida, de la desesperanza. No tenéis perdón de Dios, aunque seáis ateos –si lo sois-, ni de Dios ni de nadie que se precie de tener un mínimo de moral, ética y sensatez.
No seré yo, aunque hoy despotrique, quien os pondrá en el sitio que os corresponde, el Tiempo, él sí, ¡y la Historia!, ella también; hablarán, a los que vengan mañana, de la mezquindad que ha movido vuestras vidas.
¿Huelga general?... ¡no!, es la huelga de ellos, la de Cándido y Toxo; mientras se divierten y se procuran una presencia mediática que garantice su estatus y su ‘mañanatus’, los trabajadores sufren la deslealtad de la injusticia; los humildes –los más humildes- ven como la última de sus luces se apaga sin que nadie –de verdad- se ocupe de ellos; los desfavorecidos, los discriminados y los ‘apestados’ de la sociedad, se ahogan en la escoria del pozo negro que vosotros, los que os apoyan y los políticos –de cualquier signo- que os mantienen; habéis cavado bajo nuestros pies.
Sólo espero estar vivo el día en el que caigáis con todo el equipo a la espalda, puede que no llegue a verlo, pero puede que sí, ¿por qué no?, ¡torres más altas cayeron!.
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