• El olivo y, en menor medida, el almendro ganan enteros como la principal alternativa a los cultivos tradicionales de secano

  • El atractivo de la zona reside en la calidad de las tierras, el clima y la cosecha temprana, la gran ventaja respecto a los aceites del interior

La revolución de los cultivos arbóreos

La invasión del olivar llega a la campiña de Jerez

Paisaje de olivos un día nublado en la campiña de Jerez. Paisaje de olivos un día nublado en la campiña de Jerez.

Paisaje de olivos un día nublado en la campiña de Jerez.

Miguel Ángel González

Escrito por

Á. Espejo

Arbolé arbolé, seco y verdé (Federico García Lorca). Un manto verde se extiende por la campiña jerezana y no son las viñas de las que nacen los afamados vinos de Jerez. El viñedo hace tiempo que vio drásticamente reducida su superficie después de encadenar una crisis tras otra, mientras que otros cultivos tradicionales de secano, en particular el trigo y el girasol, bajo la amenaza de la nueva PAC, van perdiendo atractivo con el paso de los años.

A excepción de la remolacha, en un momento dulce por la apuesta de la multinacional británica que adquirió la azucarera del Guadalete, la única superviviente de la drástica reconversión del sector, la falta de alternativas ha inclinado en los últimos tiempos la balanza hacia los cultivos arbóreos que, tras conquistar el resto de la Península, se expanden por la provincia y la campiña jerezana, grandes rezagadas hasta ahora en la revolución del olivar y el almendro.

La familia Ferral fue de las primeras de la campiña en apostar por los leñosos arbóreos, en concreto por el olivo superintensivo en riego. De eso hace ya década y media, recuerda Alexis Ferral, responsable de la explotación familiar que se aventuró tras la reconversión azucarera con la transformación de 40 hectáreas antes dedicadas a la remolacha, el trigo, el girasol y los garbanzos, superficie que ha duplicado hasta alcanzar en la actualidad las 80 hectáreas de olivar, mitad riego mitad secano, a las que suma otras 70 hectáreas de almendro.

“Los cultivos arbóreos son más seguros, sufren menos las inclemencias meteorológicas y son más rentables” explica este ex remolachero metido a olivarero y almendrero, principales alternativas para el secano de la zona desde hace unos años, aunque también compite en el regadío con el aguacate.

Diego Torrejón (d) y Alfonso Cuesta (d), de Emytec, en la explotación olivarera de Alexis Ferral (c) en la carretera de El Calvario. Diego Torrejón (d) y Alfonso Cuesta (d), de Emytec, en la explotación olivarera de Alexis Ferral (c) en la carretera de El Calvario.

Diego Torrejón (d) y Alfonso Cuesta (d), de Emytec, en la explotación olivarera de Alexis Ferral (c) en la carretera de El Calvario. / Miguel Ángel González

El arranque voluntario de viñedo auspiciado por la Unión Europea en la segunda mitad de la década pasada por el problema de excedentes de vino dejó el camino despejado a la entrada del olivar en la campiña, donde este cultivo se propagó a principios del siglo XX como tabla de salvación frente a los estragos de la filoxera, que arrasó el viñedo europeo, estableciéndose incluso varios molinos de aceite en Jerez.

El olivar encajó a la perfección en las tierras albarizas del jerez hasta la llegada de las cepas americanas resistentes a la filoxera, con las que se retomó la producción de uva. Pero estuvo el tiempo suficiente como para demostrar su potencial, al que ahora vuelven a mirar los agricultores por la escasez de alternativas.

La expansión del olivar se aprecia a simple en la campiña de Jerez y, según Alfonso Cuesta y Diego Torrejón, de la empresa de gestión y asesoramiento agrícola Emytec, se explica en la riqueza de los suelos, las bondades del clima y, sobre todo, la cosecha temprana.

“Lo más importante es tener aceite antes que nadie”, señala Ferral, extremo que confirman Cuesta y Torrejón, grandes conocedores en la materia como responsables de muchas de las nuevas plantaciones superintensivas de olivar e intensivas de almendro realizadas en la provincia –Emytec ostenta la delegación en Cádiz de CBH, que tras su fusión con Galpagro ha pasado a denominarse Balam Agriculture, referente nacional en el desarrollo de fincas intensivas y superintensivas de olivar y frutos secos–.

“El aceite de Jaén de febrero no se paga, pero el de Cádiz, donde se cosecha en octubre, todo tiene salida y a buen precio”, explican los asesores agrícolas, quienes subrayan que, “además, tienes la ventaja sobre el vino de que molturas por la mañana y tienes aceite por la tarde”.

El agricultor y los responsables de la empresa de asesoramiento agrícola comprueban el desarrollo de un plantón de almendro en las tierras de Ferral El agricultor y los responsables de la empresa de asesoramiento agrícola comprueban el desarrollo de un plantón de almendro en las tierras de Ferral

El agricultor y los responsables de la empresa de asesoramiento agrícola comprueban el desarrollo de un plantón de almendro en las tierras de Ferral / Miguel Ángel González

Cuesta y Torrejón están convencidos de que la provincia no tardará mucho en dejar de ser la “gran rezagada”, sobre todo en secano, de la gran explosión olivarera que se inició en Portugal a mediados de los noventa tras la construcción del embalse de Alqueva, el mayor de toda Europa. Agricultores españoles se trasladaron al país vecino para explotar las fértiles tierras que estaban abandonadas desde la Revolución de los Claveles a mediados de los setenta y que, tras su transformación en riego a la demanda, se llenaron de olivos en superintensivo “sin que quepa ya ninguno más”.

La experiencia se trasladó al resto de la Península hará unos veinte años, salvo a Cádiz, donde “empezaron tres o cuatro grandes explotaciones, a las que tímidamente se van sumando también pequeñas y medianas”, donde los agricultores se están percatando de que “el olivo puede ser muy rentable”.

“Un agricultor de una explotación de 50 hectáreas de secano que malvive con los cultivos tradicionales o uno pequeño con una parcela de riego de 5 o 10 hectáreas que sufre con el algodón puede pasar a vivir muy bien con los arbóreos”, que ofrecen una rentabilidad media de mil euros por hectárea, incluidos todos los trabajos externos, frente a los 200 o 300 euros que, a lo sumo, ofrecen los cultivos tradicionales, señalan los responsables de Emytec.

Los responsables de la empresa de gestión y asesoramiento agrícola en una plantación de olivos en La Ina. Los responsables de la empresa de gestión y asesoramiento agrícola en una plantación de olivos en La Ina.

Los responsables de la empresa de gestión y asesoramiento agrícola en una plantación de olivos en La Ina. / Miguel Ángel González

“Los olivos, pero en explotaciones totalmente mecanizadas, van a formar parte del paisaje de la campiña y la provincia, donde se dan producciones muy estables, que es lo que se busca junto a la producción temprana, aunque no lo estamos aprovechando”, asegura Alfonso Cuesta, quien augura que aunque las plantaciones de riego aún superan a las de secano, no se tardará mucho en cambiar las tornas.

Los agricultores de la provincia fueron más reacios que en otras zonas del país y, tras “el bombazo de la remolacha, que dejó muchísimo dinero en la zona”, muchos se aferraron al trigo y al girasol, “que eran medianamente rentables”, mientras otros muchos, ante la falta de relevo generacional, se encomendaron a que les pusieran molinos de viento, o mas recientemente, placas solares.

Eso en el secano, pues en el riego las hortícolas sigue siendo un sector fuerte pese a que, según los responsables de Emytec, “es un cultivo de alto riesgo, que requiere una fuerte inversión anual y, al contrario de lo que se piensa, está en manos de unos pocos”.

“Las hortícolas son un lastre porque no mueven la economía y han impedido que entren otros cultivos”, entre ellos el olivo y el almendro, que a juicio de Cuesta y Torrejón ocupan aún poca superficie en la provincia, entre otros motivos porque “muchos agricultores tienen un concepto equivocado y piensan que este tipo de cultivos son sólo para grandes superficies”.

Alexis Ferrar entre olivos y almendros de su explotación. Alexis Ferrar entre olivos y almendros de su explotación.

Alexis Ferrar entre olivos y almendros de su explotación.

El olivar superintensivo sigue siendo rentable aunque el precio del aceite sea bajo. En palabras de los asesores agrícolas, cualquier olivar es rentable cuando el aceite, puesto en almazara, supera los 3 euros el kilo, que viene a ser el coste del olivar tradicional frente a los 2 o 2,5 euros/kilo del intensivo y los entre 1 y 1,30 euros del superintensivo.

Empresarios de otras provincias, como Antonio Martín Antúnez de la algodonera Algosur de Lebrija, figuran entre los principales impulsores del olivar en la provincia, donde “compra todas las tierras que se le ponen a tiro”. La campiña también atrae el interés de fondos de inversión volcados en plantaciones de arbóreos y ya hay algunos proyectos de almazaras en la zona, como el del propio Antúnez, que tiene en marcha la construcción de la que anuncia como la mayor almazara de Europa en la vecina localidad lebrijana.

Sin embargo, aún hay pequeños y medianos agricultores que se resisten a dar el salto, ya sea por la inversión inicial que requiere una plantación de este tipo de cultivos, ya sea por el temor a que los dejen los últimos a la hora de recolectar con las cosechadoras mecánicas.

Emytec garantiza la recolección de las plantaciones que realiza por pequeñas que sean y, aunque admite que la inversión inicial es alta, recuerda que este tipo de cultivos se realiza una vez cada 20 o 25 años, y también puede escalonarse, por lo que puede esperar a que empiece a rentar para ampliar la superficie.

El empresario agrícola y los responsables de Emytec pasean entre los cultivos arbóreos. El empresario agrícola y los responsables de Emytec pasean entre los cultivos arbóreos.

El empresario agrícola y los responsables de Emytec pasean entre los cultivos arbóreos. / Miguel Ángel González

La inversión, en cualquier caso, está muy por debajo de la que por ejemplo requiere una viña, explica Diego Torrejón, quien detalla que mientras que la plantación de una hectárea de viñedo en secano ronda los 15.000, la de olivar oscila entre los 4.000 y 5.000 euros, importe que se reduce a 2.500 euros en el caso del almendro. Y las labores del olivo, a diferencia de la viña, están muy mecanizadas, con lo que se ahorran costes, añade.

Además, prosigue, el aceite de oliva representa una mínima parte del mercado mundial de las grasas, “unos hablan del 2% y otros del 4%, por lo que en cualquier caso está por debajo del 5%, y con que suba sólo un punto no hay superficie en la Península ni en todo el Mediterráneo para satisfacer la demanda”.

Tras el bache de los dos últimos años, el aceite vuelve a pujar fuerte en la actualidad con un precio estable. Y aunque el almendro estaba mejor hasta hace un par de años, cuando el precio se hundió un 40%, sigue siendo rentable, apostilla Alexis Ferral, no sin recalcar que aunque la rentabilidad actual de uno y otro “no es ninguna barbaridad, están muy por encima de los cultivos tradicionales, que además tienen unos costes de producción mucho más elevados”.

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