Librería Agrícola de Jerez: "Hacemos el bien"

El popular negocio cumple 37 años de vida, un universo de títulos y anécdotas que lo convierten en un establecimiento único en todo el país

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Félix Jiménez de los Galanes y Esther Mora, en la Librería Agrícola de Jerez.
Félix Jiménez de los Galanes y Esther Mora, en la Librería Agrícola de Jerez. / Manuel Aranda

Félix comienza a contar la historia de su librería temiendo que todo el mundo la conozca, que esté "un poco vista", pero la realidad es que estas casi cuatro décadas de vida del negocio familiar están llenas de anécdotas y apuntes desconocidos.

Librería Agrícola de Jerez nació en 1989 en la sala de juntas de la empresa de fitosanitarios que tenía Félix Jiménez de los Galanes Cejudo en la calle Paúl. Perito agrícola, nacido en Daimiel, encontró en Jerez su primer trabajo, a comienzos de los 70. Y en esta ciudad, junto a su esposa, la orduñesa Carmen Vidaller, Menchu para los amigos, crearon una familia, tuvieron cuatro hijos y dieron vida a un espacio encantador.

La librería se inició como un negocio auxiliar, que sobrevivió a los fertilizantes. Una agrolibrería, cuya denominación la otorgaba entonces la Editorial Mundi-Prensa, de las que llegó a haber en España unas cuatro, ahora es la única.

La idea surgió como una propuesta de Félix a su mujer, para que ella se encargara de regentarla, "pero así, como una idea, muy altruista". Y se hizo realidad, "con el jaleo que tiene una librería. Bueno, como todos los negocios, pero una librería es impresionante, libro por libro, cada uno con su distribuidor, editores, y además, con muy pocos beneficios", recuerda Carmen. Sin embargo, nada de eso le quitó el disfrute de trabajar allí. "Me puse al frente, ayudada por mi marido, claro. Y así fuimos, poco a poco. Y es que era un trabajo para disfrutar. Disfruté muchísimo".

Interior de la librería.
Interior de la librería. / Manuel Aranda

"Nos hemos criado entre libros, entre una cosa y otra, el colegio, echando una mano, ferias de libros... Mi padre falleció en el año 1996, justo cuando empezaba todo a remontar". Félix Jiménez de los Galanes es el mayor de edad de los cuatro hermanos, "aunque no el más alto", reconoce. "Mi madre tiene el cielo ganado con nosotros" (bromea).

Propietarios de tres locales contiguos, y tras una serie de vicisitudes con los bancos, pudieron salvar la ubicación actual. Aunque la intención de Carmen era ya cerrar, Félix la animó a seguir adelante. Fue la venta online lo que les permitió remontar el vuelo, y muy alto. Era el año 1998 y muy pocas librerías en España ofrecían este servicio. Félix encontró ahí el potencial y ayudado por una serie de amigos crearon una primera página web básica que no tenía ni carrito de la compra. "Recuerdo el primer libro que vendí, era uno de Juan Llamas. Y de ahí, hasta ahora. Hubo un tiempo en el que a los de Correos los tenía fritos, llevaba casi a diario un carro lleno de pedidos. Luego ya cambió la manera de enviarlos, claro. Venía Correos aquí".

"Y de esto vivimos, -añade- de respetar nuestra temática y de mantener un catálogo especializado, libros difíciles de conseguir, rarezas, para técnicos y para todos los públicos, pero con ese punto nuestro de especialización". Claro está, que se puede conseguir cualquier título de cualquier otra temática también. Además, y aunque en menor medida, Librería Agrícola también ha editado títulos.

"Si yo no hubiera seguido en la librería, seguramente estaría fuera trabajando, buscándome la vida. A saber. Pero la flauta sonó (sonó porque se tocó, añade Esther Mora, empleada en la librería desde 2004). La ayuda de los amigos fue crucial para salir adelante. Y la verdad es que hacemos el bien (ríe), vendiendo libros hacemos el bien. Solucionamos problemas". Félix agradece también el respaldo de su hermano Daniel, que se encarga de todo el tema administrativo y contable de la librería.

Esther Mora, durante la entrevista.
Esther Mora, durante la entrevista. / Manuel Aranda

En el año 2004, Carmen se jubiló y entró en plantilla Esther Mora Robayo, que se autodefine "la librera dicharachera. Nunca pensé en ser librera. Yo estudié Historia del Arte y trabajaba en el Museo Arqueológico de Cádiz cuando Félix me llamó para venirme a la librería. No lo dudé. Me encantó la idea".

Estanterías de maderas repletas de libros. Hay libros por todos lados, por todos. Es una invasión del espacio con encanto. Está incluso la sección de los libros castigados y, por supuesto, la de los indultados. También han jugado a poner libros bocabajo o colocar títulos de temáticas dispares uno al lado de otro.

Respecto al local, Félix reconoce que podría buscarse uno más grande, "pero perdería mi esencia. Esta librería tiene ya mucho prestigio. Hay gente que viene simplemente a darse un paseo, a disfrutar de los libros. Incluso personas que están de vacaciones por la zona vienen en cuanto pueden a echar un vistazo a las novedades".

Félix habla del futuro de la librería y de los libros. "Aquí estaremos hasta que nos jubilemos. No creo que esto tenga una segunda vida, pero nunca se sabe. El día que se acabe, pues se acabará. Y me dará mucha pena, pero la cuestión es que yo no me voy a jubilar. Y es que aquí se está bien", decide finalmente.

Tiene claro que "no estamos en vías de extinción. Nos han querido matar desde hace mucho tiempo, pero las librerías van a seguir existiendo un par de cientos de años más, como mínimo. Incluso aunque sea el libro por decoración, seguiremos. Nos vamos adaptando a lo que va saliendo, a temáticas nuevas, siempre hay una demanda. Hemos ido añadiendo mucho, arte, naturismo, artes marciales, escalada, música y ruido...". "Aquí hay libros de todas las editoriales y de cualquier parte del planeta, yo me encargo. Y, si no, lo busco debajo de las piedras".

Félix, junto a algunas de las estanterías del negocio.
Félix, junto a algunas de las estanterías del negocio. / Manuel Aranda

Una ciudad, Jerez, en la que no faltan librerías, "cada una con su especialidad", y a cada cual más bonita. "Algunas son preciosas, como El Laberinto, La Luna Nueva. Bomarzo...".

¿Tiene pienso para pájaros?

Félix y Esther conservan con cariño y muchas risas un listado de anécdotas, "un millón". Frikadas bien apuntadas, tipo el señor que preguntó un día si vendían pienso para pájaros; otras curiosidades como caramelillos de menta, "loctite para un diente que se me ha caído", bonobús, hilos dorados para colgar cosas... "También nos han pedido pilas, y les hemos ofrecido pilas de libros", (ríen). Y, por supuesto, "hacemos de psicólogos muchas veces, muchas".

Félix y Esther subrayan que desde la Librería Agrícola de Jerez apuestan "por autores minoritarios de publicaciones muy específicas, sellos editoriales marginales, temáticas 'polémicas' y, sobre todo, difusión de temas que pongan en valor nuestro potencial natural, ecológico, agronómico, entendiendo esto último como la gestión de nuestro terroir. Hay muchos ejemplos, cada uno en su temática, defensores del lobo, pero a la vez tenemos todo lo contrario, cazadores y ganaderos extensivos; cada uno expone en sus obras la experiencia vivida. Lo importante es que es un espacio libre y que incita a la reflexión y a la empatía. Aquí no juzgamos a los clientes. Nos llevamos bien con todo el mundo". Por otra parte, Félix aprovecha y critica que el servicio de publicaciones de agricultura de la Junta de Andalucía "se lo han cargado, así como el de cartografías. De tener el mejor servicio nacional, a no tener nada. Es importante denunciarlo".

Algunos títulos significativos de la librería.
Algunos títulos significativos de la librería. / Manuel Aranda

Esas ferias toda la familia...

Carmen Vidaller habla de los 37 años de vida de la librería. "Ahora estoy bastante desligada; sé pero no sé. Ya no sólo me parece increíble, y fantástico, este aniversario, sino que me parece mentira la edad que tengo ya, y cómo se me ha pasado la vida. Y hasta que no te pasa, no te das cuentas. Y quién me diría que hace 30 años que murió mi marido...", cuenta en una agradable conversación por teléfono.

Recuerda con mucho cariño las ferias, "a las que íbamos toda la familia, con la comida, y pasábamos allí el día. Por ejemplo, en Chipiona, la feria de la flor cortada, y junto a los stands de varias cosas, nosotros poníamos el de la librería. Se aprovechaban los fines de semana e íbamos todos. Así que sí, por la librería han pasado mis cuatro hijos, pero Félix, que es el gerente, es el que más se ha implicado, junto a Daniel, porque los otros han seguido con sus carreras. Su continuación del negocio fue la salvación".

Y Carmen va incluso más allá, a la importancia de la familia, de las raíces, "porque mi marido y toda su familia son estupendos, de esos que nunca hemos estado enfadados unos hermanos con otros, o unos tíos o unos primos. Eso es muy bonito y dice mucho de la familia de mi marido. Es el germen de lo que continúan siendo hoy los Jiménez de los Galanes".

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Exterior de la librería.
Exterior de la librería. / Manuel Aranda
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