Jerez

"Me llaman 'el lento' porque me esmero mucho en la cocina"

-¿Cuántos años lleva en el negocio de las hamburguesas?

-Llevo ya veinticinco. Son más años que Matusalem, pero para este negocio es fundamental que te guste. Comenzamos en la Puerta Real con el mini-burguer, también conocido como 'Nona', con la idea de tenerlo poco tiempo, pero fue pasando el tiempo y cuando nos dimos cuenta ya llevábamos veinte años.

-¿Por qué cree que tiene tanto renombre en Jerez su comida?

-Yo creo que es más por la elaboración propia de las hamburguesas. Tenemos tanto renombre por el boca a boca, que es como mejor se hacen los negocios. El 'Nona' era algo muy familiar. Todos los que iban allí, aparte de la comida, buscaban también nuestra compañía, la de una pareja muy agradable.

-¿Sabe usted que es conocido como 'el lento'?

-Sí, es una etiqueta que llevo desde hace muchos años, pero es que es cierto. Yo hago las cosas con mucho esmero, pausado. Durante la época del mini-burguer tenía que trabajar de cara al público y no era lo mismo que ahora en 'El Volatín'. Allí había que cuidar mejor el trabajo, debíamos tocar la comida lo menos posible porque la gente lo veía. De ahí, supongo yo, que empezó lo del apodo.

-¿Por qué se mudó de la Puerta Real a las Torres de Córdoba?

-Allí estábamos en régimen de alquiler y tuvimos algunos problemas. Era un local que estaba muy deteriorado y requería de una restauración. No se llegó a un acuerdo con la gerencia de Urbanismo y decidimos mudarnos. El nuevo local sí es de nuestra propiedad. De paso ampliamos un poco el negocio.

-¿Sigue conservando la misma clientela que en el 'Nona'?

-Sí. Aunque con el cambio de local hemos perdido a los turistas. Ahora estamos en las Torres de Córdoba, y ya no es la zona céntrica por donde se mueven los extranjeros. Por suerte nuestra clientela es fiel. Muchos han venido de parejita con veinte años y ahora tienen cuarenta y traen a sus hijos a cenar aquí.

-¿Qué trato tenía usted con los turistas?

-Muy bueno. Recuerdo cuando los extranjeros venían de vacaciones. Ellos curioseaban los negocios más familiares del centro y al final acababan viniendo todos los días a comer al 'Nona'. Cuando volvían a Jerez pasaban de nuevo por aquí. Incluso ahora en 'El Volatín' siguen viniendo, aunque ya les coge más retirao.

-¿Alguna anécdota graciosa?

-Las peleas de las parejas en la puerta del bar, y las nuestras propias, las mía y las de mi mujer. A los clientes les hacía mucha gracia nuestras peleillas de pareja.

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