rafael verdú. ex futbolista

"Lo poco o lo mucho que he llegado a ser se lo debo a los jerezanos"

  • A punto de cumplir 91 años, este madrileño de Cuatro Caminos aterrizó en Jerez hace ahora 65 años y sigue enamorado de una ciudad de la que próximamente será 'Hijo adoptivo'

No puede dar dos pasos por la calle Larga sin pararse.¡Hola Rafa!, ¿Cómo estás, Rafa? Así transcurre nuestro pequeño paseo de Gravina "donde tengo mi oficina", comenta entre risas, y la calle Corredera. En apenas cien metros cuatro o cinco paradas. Es el día a día de Rafael Verdú Fernández (Madrid, 1927), toda una institución en Jerez, y todo un ejemplo de que en esta vida, quien siembra, recoge.

-Va a ser usted propuesto como Hijo adoptivo de la ciudad...

-Bueno, afortunadamente tengo tantos amigos en esta ciudad que hace unos meses me dijeron que me habían propuesto al Ayuntamiento para nombrarme Hijo adoptivo. Y ahí estamos recogiendo firmas.

-Un madrileño de Cuatro Caminos que lleva 65 años en Jerez....

-Sí, y aquí me moriré. Desde que pisé por primera vez Jerez en 1947, me enamoré de esta ciudad. Parece que estuviera predestinado, pero ya no sólo yo, sino toda mi familia, porque a mis padres les encantaba Jerez a mi mujer, igual, hasta a mi suegra...

-Todo el mundo conoce al Rafael Verdú futbolista, pero, ¿cómo fue su infancia?

-Bueno, por mi edad, he vivido todas las guerras, la guerra civil española, la segunda guerra mundial...He pasado mucho, y aunque la posguerra fue difícil, no puedo decir que pasé hambre, porque yo era hijo único y en mi casa, lo poco que había era para mí. Mi padre lo pasó peor, porque lo metieron en un campo de concentración en Albacete después de la guerra, y recuerdo que yo iba recogiendo colillas para llevárselas a él, que era un fumador empedernido, y luego naranjas, que se las cambiaba a los italianos, que eran aliados de Franco, por tabaco. He pasado mucho, la verdad.

-Antes de empezar con el fútbol, ¿qué hacía Rafa Verdú?

-Trabajar. A los catorce años ya estaba yo trabajando, primero de aprendiz ayudando a mi padre a pintar, porque él era pintor de coches, luego fui chapista y después, fui botones de una compañía de seguros. Al colegio fui poco, date cuenta que era una época complicada, y lo único que sabía era sumar, restar, multiplicar y dividir. Lo demás lo he aprendido todo en la vida.

-¿Y cuándo puso pie en tierra por primera vez en Jerez?

-La primera vez que vine a Jerez fue en 1947. Yo estaba en el Plus Ultra y viajábamos hacia Tetuán donde jugábamos un partido amistoso. Paramos en la calle Santo Domingo a repostar, y la verdad es que me encantó todo lo que vi.

-Porque usted empezó en el Plus Ultra...

-Yo empecé jugando en el Cuatro Caminos, un equipo de Regional amateur, con apenas 16 años. Todos los años se hacía una selección castellana para enfrentarse a un equipo de Primera o Segunda División en un partido benéfico. Me seleccionaron y como iban tantos ojeadores se fijaron en mí, y al terminar el partido me dijeron a mí y a mi padre que había varios equipos intersados en ficharme. Uno fue el Atlético de Madrid y el otro el Plus Ultra, que era filial del Real Madrid, y claro, como yo era del Madrid desde niño, elegí ese.

-Tuvo que ser algo inolvidable....

-Sí, tanto para mí como para mi padre. Don Santiago Bernabéu nos llamó para firmarme, y fui con mi padre y el presidente del Plus Ultra, Antonio Borrachero Castro. Fuimos a las oficinas del Real Madrid y preguntó Bernabéu, '¿qué queréis?' Y mi padre contestó, 'qué vamos a querer Don Santiago si somos madridistas de toda la vida'. Entonces dijo: ¿Os parece bien 50.000 pesetas? Fíjate que estábamos hablando de 1947. Llamó al cajero y nos dio esa cantidad. Estábamos tan sorprendidos que no sabíamos ni cómo irnos a casa, nos daba miedo todo. Y al día siguiente fuimos a las siete de la mañana al banco a ingresar el dinero. Todavía tengo la libreta (risas).

-Su carrera profesional empezó ahí, pero ¿cuándo debutó con el Real Madrid?

-Con 21 años. Se lesionó Macala, que era extremo, y como yo entrenaba con ellos, me llamaron para suplirlo. El debut fue nada menos que en el campo de Les Corts contra el Barcelona. Imagínate. Recuerdo que Miguel Muñoz y todos los veteranos me decían, 'Rafa, tú tranquilo', pero aquello imponía, el campo lleno y ya sabes, la rivalidad siempre ha existido. El entrenador era Mr. Keeping (Michael Alexander Keeping), un inglés, aunque todo lo hacía el segundo, Baltasar Albéniz, un vasco que era muy buena gente. Además, Sabino Barinaga, que jugaba, había estado varios años en Inglaterra y sabía inglés, y era él quien también traducía.

-¿Se acuerda usted de aquel equipo?

-Claro que me acuerdo. Portero era Juanito Alonso, Azcárate, Pont y Navarro, Miguel Muñoz, Narro, Rafa, Olmedo, Pahiño, Molowny y Cabrera. Entonces se jugaba con tres defensas, dos medios y cinco delanteros, y encima no había cambios, sólo se podía cambiar el portero. Aquel partido nos fuimos al descanso perdiendo 2-0, pero al final ganamos 2-3. Fue algo maravilloso.

-¿Y cómo recaló en Jerez?

-Fue en 1953. Yo había fichado por el Córdoba dos años antes, porque al Real Madrid llegaron Alfredo Di Stéfano y grandes figuras y me dijeron que lo mejor era salir. 'Nos ha llamado el Córdoba, pero vamos, si quieres te vas o si no, te quedas en el Plus Ultra y así no te mueves de Madrid'. Yo había firmado dos años a 50.000 pesetas cada uno, y entonces, le dije al Córdoba que yo quería 100.000. En realidad lo hice porque no tenía intención de irme, pero me lo dieron. Y como siempre he sido hombre de palabra, acepté. Allí me lesioné a mitad de temporada, me rompí la pierna y en aquel tiempo se tardaba mucho en recuperarte. Volví al Plus Ultra y en el 53 me llamaron de Jerez, pero para ir de prueba. Allí estaba Ventura de entrenador y como me conocía me ficharon por una temporada. Me dieron 45.000 pesetas.

-Así empezó todo...

-Sí porque además, como he dicho antes, toda mi familia se enamoró de Jerez. Mi mujer estaba embarazada y no quiso irse a Madrid, tuvo al niño aquí. Nos alojamos en una casa en la calle Escuela y allí vivimos ratos inolvidables. Conocí a muchos amigos como Jologa, el pintor, Domingo el Panadero, Juanito el carbonero, Valentín el almacenero...Era como una familia. Recuerdo que aquella primera temporada vinieron varias veces a intentar ficharme por parte del Betis, pero ni mi mujer ni yo quisimos irnos, estábamos tan a gusto...Pasamos cuatro años estupendos.

-Fichó por el Levante y después ¿por qué volvió a Jerez?

-Me fui al Levante, sí, porque en el fútbol ya se sabe, cuando llega un entrenador nuevo, las cosas cambian. Me pagaron 100.000 pesetas por año. El primer año jugué casi todo, pero la segunda, poco. Ya tenía 30 años así que decidí que mi carrera había terminado. Me fui a Madrid donde yo tenía un taxi que compré cuando fiché por el Real Madrid y además, en el Plus Ultra siempre me ofrecían un empleo en la compañía de seguros. Pero un día mandaron a mi casa un aviso, como se hacía antiguamente, de que me iban a llamar a una hora en una cabina. Al ver mi familia que la procedencia era Jerez, todos, dijeron 'si es para jugar, nos vamos'. Me llamó Helio Huarte y me propuso volver. Me dijo 'consúltalo con tu familia', y le contesté 'no tengo que consultar, si todos quieren ir. Contad conmigo'. No hablé ni de condiciones. Llegué y tras estar en una pensión, me dieron un piso que el Xerez tenía en la Asunción. Como me debían dinero me lo compensaron. Arreglé la casa y bueno, allí sigo.

-En un barrio de lo más jerezano...

-Sí, La Asunción siempre me acogió bien y llevo allí casi 60 años. Ha habido siempre gente muy humilde pero muy buena. Cuando me instalé en el piso, me traje a mi padre, porque mi madre había fallecido repentinamente durante una visita que hizo a Jerez en unas Navidades, estando yo en la calle Escuela. Tras consultar con mi padre, la enterramos en Jerez, la única propiedad que me queda (risas), porque compré un nicho para cinco. Mi padre apenas tenía cincuenta y algo de años y como una de mis ilusiones era quitar a mi padre de trabajar, mi mujer y yo le dijimos, 'vete a Madrid, pero jubílate y te vienes'. Y así fue, se instaló en Jerez con nosotros y estuvo viviendo con nosotros 31 años. Pasó lo mismo con mi suegra, que era navarra, y también se vino. A mi padre y a mi suegra los quería todo el mundo en La Asunción.

-(...)

-Yo le decía el flamenco. En La Asunción era el rey. El Borrico y todos los flamencos le conocían porque además le gustaban mucho los toros y paraba mucho en el matadero. Mi padre era de los que de joven se perdía y llamaban a mi abuela diciéndole que estaba preso porque se había intentado montar en un tren de mercancías en Salamanca, tras ir a una capea. Todo el mundo conocía en La Asunción al abuelo Vicente.

-¿Cómo era Jerez entonces?

-Bueno, yo añoro mucho aquel Jerez que conocí en mis primeros años aquí. Esa calle Larga, el edificio del Gallo Azul, donde recuerdo que había un guardia municipal que controlaba el tráfico encima de un taburete. Además, por cada calle que pasabas, había una bodega y existía un olor a vino por toda la ciudad que me encantaba. Tengo grabados muchos recuerdos de aquel tiempo, la sirena de la fábrica botellas, que tantas veces me despertó viviendo en La Asunción, el rugido del león del Tempul cuando vivía en la calle Escuela, el pescaíto frito de Santiago, los cines de verano, la Fiesta de la Bulería, las corridas de toros...También me acuerdo cuando se cogían los autobuses para ir a Valdelagrana....Era una ciudad distinta.

-El fútbol le ha dado alegrías y penas pero gracias a él, usted ha sido una persona muy conocida...

-Sí, eso es verdad. He sido siempre una persona que, de alguna forma, he estado de cara al público, y quizás por eso me conoce tanta gente. Además del fútbol, trabajé treinta años en Sevillana y nunca se me cayeron los anillos, eso se lo dije al director cuando aprobé las oposiciones. Me dijo, porque él era muy xerecista, 'Rafa, vas a trabajar de peón', dándome a entender que un futbolista conocido como yo iba a entrar a trabajar en el puesto más bajo. Pero ahí estaba yo, y allí me jubilé. También compré dos puestos en la plaza de abastos de La Asunción, uno para mi mujer y otro para mi suegra, que era muy ducha en el comercio. Hasta tuve un taxi en Jerez, que entonces tenían su parada fija, que era en la Alameda Cristina. Gané bastante dinero, la verdad, aunque los puestos, cuando llegaron los grandes almacenes, los tuve que cerrar, porque dábamos las cosas a cuenta y bueno...(risas).

-Volvamos al fútbol. ¿Qué se perdió con el Domecq?

-Se perdieron muchas cosas, pero sobre todo el calor del público. Es más, creo que si hubiera continuado estaríamos en otra categoría. El liner, para levantar la bandera, lo pasaba mal (risas). La primera vez que vine a jugar a Jerez lo hice con el Plus Ultra y recuerdo que me tocó lanzar un córner en el fondo sur. Al tirarlo, me dijeron de todo 'hijo de...', pero luego lo acompañaban de 'qué bueno eres, Rafa'. Te insultaban y luego te decían 'un piropo' (risas), y eso a mí, siempre me llamó la atención. También me sorprendía cuando la gente utilizaba los nombres de los toros, como aquel Desteñido que fue indultado en Jerez, para insultar al árbitro.

-¿Mereció la pena su etapa en político?

-Bueno, fue algo que ocurrió casi sin pensarlo. Recuerdo que en Navidades me llamó Aurelio Romero en una zambomba de la Cope y me propuso ir en las listas. Tenía 75 años y me pusieron como delegado del mayor. La verdad es que disfruté mucho, porque todo el mundo me conocía, incluso en las pedanías, pero aquello duró poco.

-(...)

-Eso sí, siempre he dejado claro que yo no soy de ningún partido. Eso se lo dije a Aurelio Romero aquel día. De hecho, fue Pacheco el primero en llamarme para ser consejero del Xerez, y Pilar Sánchez la que me puso una avenida con mi nombre, algo que ni soñando lo esperaba. Son tres personas de tres partidos, por eso digo que no soy de ninguno.

-El Xerez le hizo perder su casa, ¿se arrepiente haber confiado en quien no debía?

-Tengo noventa años y medio y, sinceramente, no me arrepiento de nada de lo que he hecho. Si volviera a nacer, haría lo mismo. Siempre me he fiado de la gente, y quizás por eso me dieron coba, pero no me arrepiento.

-Y de lo que vivimos hoy con dos Xerez, ¿qué piensa?

-Yo respeto a todo el mundo, y quiero que me respeten a mí. Mientras el Xerez CD siga, yo seguiré con él. No puedo hacer otra cosa. Sí tengo claro que por encima de todo está la amistad, y respeto la gente, que ha decidido tomar otro camino, más si cabe con gente a la que yo he visto llorar con el Xerez.

-Que le nombren Hijo adoptivo, ¿qué es para usted?

-Imagínate. Me den o no me den esto, yo me siento jerezano y lo poco que soy o he llegado a ser se lo debo a los jerezanos. Cuando me pasó lo de la casa, yo tenía ochenta mil personas apoyándome (rompe a llorar). Eso es muy grande, por eso digo que el día que me muera, sé que me van a enterrar aquí con mis seres queridos y con amigos tan grandes que se han ido antes que yo.

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