Tras las lluvias en Jerez, ¿llegan las plagas?

Después del tren de borrascas que puso a la ciudad en alerta por inundaciones, el “peor combo” para la aparición de determinadas plagas es agua estancada, calor sostenido y falta de prevención

La zona rural afectada por las inundaciones recogerá el Premio de Andalucía 2026 del Ayuntamiento de Jerez

Zona de área de picnic inundada, días atrás, en La Barca. / Manuel Aranda

Durante semanas Jerez sufrió un tren de borrascas que dejó buena parte de la zona rural inundada. Muchísima acumulación de agua, desalojos, humedad, sistema de alcantarillado al límite, parques que no podían ‘chupar’ más agua días tras día... Un escenario que puede favorecer a la aparición de determinadas plagas.

Desde Plagatex informan de que es normal que aumente la preocupación por la posible aparición de determinadas plagas. La acumulación de agua y el incremento de la humedad generan un entorno favorable para algunas especies, especialmente insectos rastreros, voladores y roedores.

“En el ámbito urbano, lo más habitual es que se produzca un aumento de mosquitos, debido a la presencia de agua estancada en imbornales, patios, solares o recipientes al aire libre. También pueden incrementarse las poblaciones de cucarachas, ya que las lluvias intensas pueden desplazar a estos insectos desde el alcantarillado hacia las calles o incluso dentro de nuestro hogar, llegando a través de nuestros desagües”, detallan desde Plagatex.

Referente a las zonas rurales, donde la acumulación de agua ha sido mayor y existe más vegetación y materia orgánica, “el riesgo puede ser algo más elevado”. En estos entornos es frecuente observar un aumento de mosquitos y roedores.

No obstante, insisten desde la empresa en Jerez, es importante transmitir un mensaje de tranquilidad: “La lluvia por sí sola no genera una plaga, pero sí puede crear condiciones propicias para que determinadas especies se reproduzcan con mayor facilidad si no se adoptan medidas de prevención y control adecuadas”.

Si se habla específicamente de mosquitos, “es cierto que pueden convertirse en un problema cuando su población alcanza niveles muy elevados. Tras episodios de lluvias intensas, la acumulación de agua estancada favorece la reproducción de especies como Culex pipiens, conocido como mosquito común, que en nuestra zona es vector del Virus del Nilo Occidental”.

Es importante aclarar que la probabilidad de contraer este virus es baja. Sin embargo, desde un punto de vista epidemiológico, “cuando aumenta considerablemente la densidad de mosquitos también se incrementa la probabilidad de transmisión. Es decir, a mayor población de vectores, mayor posibilidad de que el virus circule y, en consecuencia, de que se produzcan casos puntuales”.

En el ciclo de esta enfermedad, los équidos, especialmente los caballos, son uno de los principales hospedadores sensibles y suelen ser de los primeros en verse afectados cuando el virus está presente en el entorno. Por ello, el control veterinario y la vigilancia en explotaciones equinas son fundamentales como sistema de alerta temprana.

En cualquier caso, como señala Elías Caravaca, técnico superior en Química y Salud Ambiental, la prevención es clave. “El control de focos de agua estancada, la vigilancia entomológica y las actuaciones tempranas permiten reducir significativamente el riesgo y evitar que un aumento puntual de mosquitos derive en un problema sanitario”, subraya.

“Las precipitaciones abundantes generan un mayor número de puntos de cría de mosquitos potenciales, pero la evolución final de la temporada dependerá también de otros factores como las temperaturas y la gestión preventiva que se realice en las próximas semanas. Si las temperaturas aumentan de forma progresiva y se mantienen zonas con agua estancada, es probable que se produzca un incremento de la población de mosquitos en determinados momentos. No obstante, esto no significa necesariamente que vaya a producirse una situación problemática, ya que una correcta vigilancia y actuación temprana pueden contener ese crecimiento”, añade Caravaca.

Desde Plagatex insisten en que para minimizar los efectos, la clave está en la prevención. A nivel institucional, “es fundamental reforzar la inspección y el tratamiento de imbornales, alcantarillado y zonas inundables. A nivel particular, los ciudadanos pueden contribuir eliminando cualquier acumulación de agua en patios, azoteas o jardines, revisando bebederos de animales y manteniendo limpios desagües y canalones. Son medidas sencillas, pero muy eficaces”.

“En definitiva, más que hablar de una temporada ‘especialmente preocupante’, debemos hablar de una temporada que exige vigilancia y responsabilidad compartida”, remarca el técnico.

En cuanto a posibles plagas de cucarachas, Caravaca informa de que “cuando los colectores se saturan o se inundan, las cucarachas como la periplaneta americana, principalmente la especie asociada al alcantarillado, tienden a desplazarse hacia la superficie en busca de refugio y condiciones más estables. Esto puede hacer que aumenten los avistamientos en calles, portales o viviendas en planta baja. Además, la combinación posterior de humedad y temperaturas suaves sí puede favorecer su actividad biológica. Sin embargo, para que se produzca una plaga como tal deben concurrir otros factores, como deficiencias estructurales, acumulación de residuos o falta de mantenimiento en redes de saneamiento”.

El escenario menos favorable tras un periodo de lluvias intensas sería la combinación de acumulación de agua estancada, subida rápida de temperaturas y ausencia de medidas de control en las semanas posteriores.

“La lluvia, por sí sola, no genera una plaga. El problema surge cuando el agua queda retenida en imbornales, solares, cunetas, explotaciones ganaderas o recipientes al aire libre, y posteriormente se producen varios días consecutivos de calor. Ese incremento térmico acelera el ciclo biológico de insectos como los mosquitos, permitiendo que completen su desarrollo en menos tiempo y multiplicando su población en cuestión de días”, detalla el especialista.

Por tanto, el “peor combo” sería agua estancada persistente más calor sostenido y falta de prevención. “La buena noticia es que ese escenario puede mitigarse con actuaciones anticipadas”, remarca Caravaca.

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