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Jerez

Fallece el sacerdote jerezano Alfonso Castro Pérez

Alfonso Castro Pérez, en el centro de la imagen durante un homenaje de familiares y amigos en mayo de 2016 Alfonso Castro Pérez,  en el centro de la imagen durante un homenaje de familiares y amigos en mayo de 2016

Alfonso Castro Pérez, en el centro de la imagen durante un homenaje de familiares y amigos en mayo de 2016 / Miguel Ángel González

El sacerdote jerezano Alfonso Castro Pérez ha fallecido este jueves en su domicilio de Jerez de la Frontera tras una larga enfermedad.

Castro Pérez desarrolló todas sus tareas pastorales en la Diócesis de Cádiz y Ceuta. Estudió en el Seminario Conciliar de San Bartolomé y se licenció en Teología en la Universidad Pontifica de Salamanca. Ha sido profesor de Filosofía en el Seminario, Rector del Teologado y Capellán de las Carmelitas Descalzas. Fundó el Centro Juvenil de Trille y el de Tartessos donde organizó diversas empresas y cooperativas para proporcionar trabajo a los jóvenes en paro. Abrió varios pisos de acogida, programó cursillos y talleres, actividades deportivas y campamentos de verano. Ya enfermo, seguía muy pendiente de las actividades Creó el Nuevo Madrugador, un espacio privilegiado para la reinserción dotado de varios programas reglados de Formación Profesional Obrera como, por ejemplo, carpintería y albañilería o el taller de impermeabilización, y cursos de jardinería o de mantenimiento general. Durante veinte años también ha ejercido su ministerio sacerdotal en la Prisión de Puerto dos.

Como recuerda su amigo José Antonio Hernández Guerrero, Catedrático de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada de la Universidad de Cádiz y miembro de la Academia San Dionisio de Jerez, Castro Pérez,  "desde que fue ordenado sacerdote decidió, no sólo acompañar, sino convivir, cohabitar y compartir las carencias y los trabajos de los más humildes reclamando y creando espacios amables para los marginados, pero lo hacía, no por un afán paternalista sino por una conciencia de solidaridad y de fraternidad. Él siempre miró, escuchó, habló y trató a los más necesitados como veía, escuchaba y trataba a sus familiares y a sus amigos más cercanos".

"Ha fallecido un creyente, un hombre bueno que, en silencio, nos ha dado muchas lecciones sobre la generosidad gratuita, sobre el servicio desinteresado, sobre la abnegación altruista, el perdón de las ofensas, el reconocimiento sereno de los propios errores, el trabajo oculto, la comprensión de las conductas ajenas, la paciencia, la sencillez sin fingimiento, la modestia recatada, la prudencia sensata, la humildad sincera, el sufrimiento callado e, incluso, la resignación serena ante los males irremediables. Con su hermana Ana, con su hermano Manolo, con sus sobrinos y con Amanda, su generosa y fuerte cuidadaora, somos muchos los amigos que lloramos su ausencia. Que descanse en paz", alaba Hernández Guerrero.

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