Con la nevera a la piscina

Ni sal en el cuerpo, ni arena en la toalla, muchos jerezanos prefieren pasar la jornada del domingo en Piscinas Jerez por la proximidad y el buen estado de las instalaciones

Las familias ahorraban ayer llevándose todos los enseres y alimentos a las instalaciones acuáticas municipales.
Las familias ahorraban ayer llevándose todos los enseres y alimentos a las instalaciones acuáticas municipales.
Virginia Menacho / Jerez

06 de julio 2009 - 01:00

Con la nevera al hombro, sillas plegables, chanclas y bañador, como si de una playa se tratase, llegan las familias al complejo municipal de Piscinas Jerez. La temporada de 2009 se inició hace apenas unos días, el pasado 1 de julio, y ayer fue el primer domingo que los jerezanos pudieron disfrutar de este complejo. El recinto, que consta de un gran lago y una piscina olímpica de veinte metros de largo, recibe cada día una media de 600 bañistas dispuestos a pasar un día de diversión, según contaba ayer Inma López, coordinadora de las instalaciones. Inma explica que este año ha sido difícil la puesta en marcha de las instalaciones, debido al recorte de presupuestos al que se han tenido que ajustar por la crisis. Pese a ello, las piscinas están puestas a punto para recibir a los bañistas hasta el próximo mes de septiembre, cuando se clausurará la temporada.

Este complejo de ocio es un reclamo para los jerezanos, y vecinos de otras localidades, en estos días en los que el calor azota con gran fuerza la comarca. Más aún para aquellos que no disponen de medio de transporte propio para dirigirse a las playas de la provincia, y ante la pereza de coger el tren hasta El Puerto o Cádiz, llegan en autobús urbano hasta el complejo municipal. En tan sólo dos horas y media, la piscina registró ayer unas 700 personas cuando ni siquiera el reloj marcaba las dos de la tarde. La crisis no parece haber hecho mella en la afluencia de público, a pesar de que, según explican los bañistas, resulta más económico ir a la playa. El precio de la entrada es de cinco euros los adultos, y cuatro los niños, mientras que los pensionistas pueden acceder por dos euros y medio y los niños menores de cinco años completamente gratis. Existen unos bonos para que la entrada se adecue mejor al bolsillo de los bañistas. Sin embargo, muchos prefieren darse un baño en la piscina y evitar la arena que, incómoda, llega desde la toalla hasta el bocadillo de tortilla.

"Ni la arena ni el salitre" les molesta en la piscina, comenta una mujer mientras sus compañeras embadurnan a sus hijos con crema de protección solar. "Sin arena se come mejor", apunta otra bañista cuya mesa plegable no tiene nada que envidiar al chiringuito más selecto de la costa. "Tenemos pimientos asados, ensaladilla rusa, pulpo a la gallega, aceitunas, tortilla de papas, hamburguesas, filetes empanados, chorizo, mortadela, queso, cerveza fresca y tónica por si nos sienta algo mal", enumera la familia Lirio como si estuviese leyendo la carta de cualquier bar. Algunos de sus miembros acuden el lugar desde hace más de veinte años, y verano tras verano vuelven juntos cada domingo, y algún que otro día a la semana, para enfrentarse de forma refrescante a las altas temperaturas. La mujer más longeva de esta familia, de ochenta y dos años, explica que con su "vasito de cerveza" está bien a gusto y no le hace falta ni darse un chapuzón.

El dilema playa-piscina no existe como tal, cada forma de ocio tiene sus cualidades. En Piscinas Jerez, además de la limpieza de las instalaciones, las familias valoran la seguridad del lago, en el cual los más pequeños juegan como si estuvieran en la orilla del mar, bajo la mirada vigilante de seis socorristas que rodean el lago y velan para que nadie trague más agua de lo que el cuerpo aguanta. En la piscina olímpica, de cincuenta metros largos, vigilan otras dos personas, entre ellas Almudena Borrego. "Entre semana vienen las familias, la madre con el niño, mientras el padre está trabajando, y pasan el día", dice Almudena, que lleva seis veranos vigilando a los bañistas.

Ante la falta de mesa, la familia Jara Carrasco degusta una buena mariscada sobre una nevera de playa. En la fiambrera tienen bocas, langostinos y patas de cangrejo bien frescos, de la misma Caleta. Además tienen tortilla, filetes empanados y tinto. Esta familia viene del mismo Cádiz , junto a otras dos familias, a pasar el día. Entre todos suman seis niños, que disfrutan del lago. El trueque de playa por piscina se debe a que, de vez en cuando, les gusta cambiar de aires, y pasan el domingo en Jerez y el resto de la semana en las playas de la capital.

Aunque los usuarios del complejo pueden acceder al mismo con todos los enseres típicos de un día de playa, está prohibido introducir sombrillas. Sin embargo, existe un servicio de alquiler de sombrillas por dos euros más uno de fianza, que es devuelto si la sombrilla no sufre ningún desperfecto.

Entre otros servicios existe restaurante-bar, donde aquellos que no vienen provistos de nevera pueden degustar de un menú por ocho euros, guardarropa, unidad móvil de Cruz Roja y Policía Local. Las instalaciones abren de martes a domingo, y cierran los lunes. Entre semana existen diversos cursos por la mañana, como el de 'acuaerobic', el de mantenimiento para ancianos o cursos para niños.

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