Jerez

La nueva vida de Eugenio

  • Díaz Hidalgo se sometió a un trasplante de riñón hace ocho meses, tras año y medio en diálisis · Ahora, perfectamente recuperado, habla de la importancia de la donación

El 7 de octubre del pasado año Eugenio Díaz Hidalgo volvió a nacer. Un día antes le comunicaban que había un riñón compatible y que iba a ser trasplantado. Atrás quedaba año y medio de diálisis, la esclavitud a una máquina que condiciona la vida del enfermo y su familia. La diálisis fue un antes y un después, como luego lo ha sido su trasplante. Jubilado ya, después de 49 años trabajando y sin una baja laboral en su expediente, el destino le jugó la mala pasada de una enfermedad que le llevó a estar encadenado a una máquina. Hasta entonces, él mismo reconoce que nunca había pensado en la donación. "Cuando se ve el toro desde la barrera, se critica hasta al toro, pero cuando pisas la arena, ves que el toro es como una locomotora y todos tus planteamientos se te vienen abajo. Yo nunca me había planteado hacerme donante, pero cuando entras en este mundo, cuando conoces la diálisis, la cantidad de gente que está en esa situación y muchas, sin esperanza de un trasplante, dices: cuando me muera que usen todo lo que puedan de mí, aunque sea los zapatos y la cartera".

Pero a Eugenio le tocó la lotería cuando llegó el riñón que necesitaba y hasta tal punto se considera afortunado que ha dejado de jugar. "Yo compraba siempre la lotería en la misma administración y no he vuelto a hacerlo. Un día me encontré con la dueña y me dijo que hacía tiempo que no me veía. Yo le contesté: Es que me ha tocado la lotería. ¿Cuándo?, me preguntó. El 7 de octubre en la administración Puerta del Mar de Cádiz, porque me he trasplantado. A mi edad, con 70 años, tener expectativas de una vida normal...He tenido mucha suerte. Si ese día hubiese tenido un simple resfriado no habría podido trasplantarme".

Desde entonces, Eugenio se ha convertido en un fiel colaborador de la Asociación para la Lucha contra las Enfermedades Renales (Alcer). "De lo que se trata es de concienciar a la ciudadanía sobre la imperiosa necesidad de encontrar órganos. Tener el carné de donante es un poco el escaparate, pero hay que concienciar a la familia, que es la que decide, porque en esos momentos tan difíciles, el padre o la madre no se plantea la posibilidad de la donación". Y añade: "El donante tiene la gran ventaja de que aunque muera puede seguir viviendo. Si yo como donante, voy a ir a la tumba, con mis órganos hay otras personas que van a seguir viviendo".

Eugenio no oculta que en un primer momento sintió curiosidad por saber quién era su donante, "pero luego te das cuenta que es mejor no saberlo, porque imagínate que lo sabes y te llegas a encontrar a algún familiar por la calle. Sería muy fuerte. Sólo doy gracias a Dios por esa persona que me ha dado la vida".

No le gusta volver la vista atrás, aunque dice que lo que ha pasado no se puede olvidar. La fístula que mantiene en el brazo se lo recuerda constantemente y tampoco ha querido distanciarse de lo que durante mucho tiempo fue su mundo. Sigue pasando por el centro de diálisis para saludar al personal y a los enfermos, a los que fueron de su turno, los de las ocho y media de la mañana. "Voy a darles ánimo, aunque algunos no tienen esperanza de un trasplante, pero hay que creer en los milagros, tener fe y esperar. Es cuestión de paciencia".

Nadie imaginaría viéndole los duros momentos por los que ha pasado. Se encuentra perfectamente, eso sí con revisiones médicas y el consiguiente arsenal de pastillas, pero con un aspecto físico envidiable. Anda varios kilómetros al día y cuenta que a los amigos que le comentan sus ganas de jubilarse les aconseja que no lo hagan. "Será porque a mí me vino todo esto después de jubilarme. Cuando cumplí los 65 años la empresa me pidió que me quedase mientras encontraban a otra persona para que llevase el departamento de exportación de la bodega donde yo trabajaba y contesté que no me volvía a levantar más a las siete y media de la mañana. Me dijeron: no te preocupes, te vienes cuando te dé la gana, y así lo hice, hasta que encontraron a una persona joven a la que enseñé. Me compré un coche para celebrar la jubilación y disfrutarlo y cuando pasó todo esto me tuve que volver a levantar a las siete y media porque a las ocho y media tenía la diálisis".

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