Jerez

Seis de cada diez parados carece ya de prestación por desempleo

  • CCOO alerta de la elevada cifra de demandantes sin ingresos, más de 20.000 y que en enero podrían rozar los 25.000 según el sindicato, que ha detectado casos en Jerez de 'canibalismo laboral' por la "desesperación"

Poco más de 300 parados separan a Jerez de su último máximo histórico, los 34.378 desempleados que se alcanzaron el pasado mes de marzo y que escriben una de las páginas más negras de una ciudad lastrada en el aspecto laboral por su pasado reciente y atascada en una crisis que parece no tener final.

Jerez volvió a rebasar en septiembre la barrera de los 34.000 parados y, salvo milagro, todo indica que en los próximos meses subirá algún escalón más, cuanto menos el de los 35.000, que ni siquiera se atisba como el techo de este drama social que en los cinco años, para seis, que dura ya la crisis ha duplicado el número de víctimas desde los 17.000 que se contaban en el verano de 2007.

Los agentes sociales no aciertan a encontrar palabras para definir la situación, que para el secretario local de CCOO, José Manuel Trillo, se antoja inexplicable. Las estimaciones de los sindicatos -que se quejan de la dificultad de acceso a determinados datos en materia de empleo por municipios- apuntan a que en el término municipal hay ya un 60% de parados (más de 20.000) que han agotado la prestación por desempleo, porcentaje que Trillo teme pueda dispararse en diez puntos o más en enero, hasta rozar los 25.000 desempleados, si finalmente se suprime la ayuda de 426 euros del programa Prepara, al que no todos los parados pueden acogerse y que en todo caso tiene una duración máxima de seis meses.

El paro acompaña a Jerez como uno de sus problemas más arraigados, pero "muchos de los afectados salían adelante hasta ahora con trabajos no declarados que se pagaban en negro, los chapuces, los caracoles, las tagarninas...", señala Trillo, quien admite que el dato no era real porque había mucha economía sumergida, "pero ahora no hay nada y lo único que puede explicar la subsistencia de muchos parados es el arraigo familiar que hay en estas tierras".

Francisco Guerrero, de 54 años, es uno de tantos parados jerezanos que han agotado la prestación. Casado y con un hijo recogido -un sobrino que vive bajo su techo desde su nacimiento-, la familia Guerrero carece de ingresos al estar sus tres miembros en paro. Su mujer trabajó por última vez hace veinte años de casera en un cortijo y su hijo, de 19 años, por mucho que lo intenta, nunca ha tenido trabajo remunerado.

Guerrero perdió su empleo hace año y medio junto al resto de fijos discontinuos de la viña San Patricio, empresa de Nueva Rumasa que se quedó en el limbo tras la venta del grupo de los Ruiz-Mateos al empresario valenciano Ángel de Cabo. Tras 19 años en Garvey y otros 14 vinculado a González Byass como oficial de primera, Francisco Guerrero está convencido de que difícilmente podrá volver a trabajar y hasta ahora ha logrado salir adelante con ayuda de la familia, de Cáritas y las monjas. "Nos dan para comer y te ayudan con algún recibo", pero a Guerrero se le acumulan las deudas, entre ellas las del alquiler de la vivienda que habita en el Mopu, barriada de la zona sur humilde donde las haya y en la que muchas familias atraviesan por la misma situación.

"Los cortes de luz y agua son ya habituales y y la Junta ya nos ha mandado algunas cartas para que paguemos el alquiler; igual cualquier día nos ponen en la calle, pero donde no hay...", explica Guerrero, quien tiene "las carnes abiertas" por la situación que atraviesa y a la que no ve salida. "Me he pateado las viñas para pedir trabajo en diciembre, que es cuando empieza la poda; también he buscado trabajo de peón de albañil, de guarda de obra... de lo que sea, pero no hay nada de nada y uno está ya descorazonado", asegura cabizbajo, para luego apostillar que "el paro antes era un drama personal, pero ahora es una plaga".

Guerrero pasa una vez al mes por las oficinas de empleo para interesarse por si hay alguna oferta, pero según avanza el tiempo la desilusión hace mella en su ánimo y "entran ganas de romper el carné y mandar a tomar por c... todo, pero tampoco adelantas nada con eso". La ayuda de 426 para mayores de 45 años es el último clavo ardiendo al que puede agarrarse este parado, pues la familia tampoco da más de sí, ya que "tengo otros dos hermanos en paro, varios cuñados y un montón de sobrinos a los que también hay que ayudar" y aunque "me las he visto y deseado, hasta ahora no me ha faltado para comer" y "ojalá me equivoque, pero creo que esto va para largo y no se ve solución".

En las oficinas de empleo ya no se forman las largas colas diarias de antes. Desde que instauraron el sistema de cita previa, rara vez coinciden más de diez o quince personas en la sede principal de Madre de Dios, junto a la que hay una empresa de trabajo temporal con varias ofertas colgadas en el escaparate a modo de reclamo, pues "siempre te dicen que ya están todos los puestos ocupados".

El que así se expresa es José Acosta, escayolista y conductor de camiones pesados de 42 años que suma ya cuatro largos años en el paro, interrumpidos únicamente por un paréntesis el pasado verano en una empresa de mudanzas, aunque sin contrato, y por un escarceo de figurante en la película 'Libertador', sobre Simón Bolívar . José, divorciado y padre de dos hijos de 18 y 19 años, acudió el viernes a Madre de Dios para pedir el 'boleto' de Cáritas. Acumula un año sin ningún tipo de prestación ni subsidio y también ve con pesimismo su futuro inmediato.

Retornado a casa de sus padres, en la que el único ingreso son los 600 euros de la pensión de jubilación de su progenitor, este escayolista ha memorizado su vida laboral de tanto repasarla. Acosta hizo sus primeros pinitos a los 15 años en Calzados Valero y tras cumplir con su obligación del servicio militar se vio sin trabajo, por lo que no dudó en liarse la manta a la cabeza y emigrar a Lanzarote con su novia.

Tras algo más de una década en la que alternó trabajos de hostelería con la construcción, en el año 99 se le cerraron las puertas del mercado laboral en su destino isleño y regreso a Jerez, en pleno boom del sector del ladrillo, en el que entró de lleno en la especialidad de la escayola.

"Pero empezó la crisis y fui de los primeros en caer, por lo que me dediqué a los chapuces, pero había demasiada competencia, así que me apunté a un curso de conducción de camiones pesado del Ayuntamiento, en el año 2007, y a través de mi hermano me llamaron de la empresa de mudanzas el último verano, pero ni siquiera me contrataron".

"La prestación me la he ido comiendo a saltos y en los tres últimos años he tenido la ayuda de 426 euros, pero hace un año me quedé sin nada y sólo puedo aspirar a la ayuda social de entidades como Cáritas para poder comer", relata José Acosta, quien al carecer de ingreso no puede pasar la manutención de sus hijos, paralizada hasta que vuelva a trabajar. "Menos mal que mi ex mujer trabaja y mantiene a los niños", comenta aliviado este parado, quien confía en volver a tener ingresos más pronto que tarde para volver a pasar la manutención.

El deseo contrasta con la realidad, en la que Acosta se confiesa "desesperado". "Tengo experiencia, pero no hay trabajo, ni en Jerez ni fuera, y estoy en una edad difícil", señala Acosta, a quien se le cambia el gesto cuando explica que tiene que tomar pastillas para la depresión, provocada por su difícil situación personal.

"Cada dos o tres meses me acerco por las oficinas de empleo para mirar ofertas en el ordenador, también he colgado el curriculum en Infojob, Andalucía Orienta y el Serjil, pero no me llaman para nada", explica este parado, quien asegura estar "malviviendo" en la actualidad, situación que le impide pensar con claridad. "Ya no puedo ser optimista y creo que esto explotará", zanja José.

Los sindicatos conocen miles de casos como estos, pero lejos de encauzarse la situación, el secretario local de CCOO tiene asumido que todo irá a peor. "No hay dinero, no hay expectativas de empleo, no hay formación... pero el problema de verdad vendrá cuando la práctica totalidad de los parados se queden sin prestación, y vamos camino de eso", se lamenta Trillo.

Lo pero aún está por llegar, según Trillo, quien denuncia públicamente la última mala práctica detectada por los sindicatos, una suerte de 'canibalismo laboral' en el que parados en situación desesperada se ofrecen a empresas para trabajar por un salario inferior a los que actualmente tienen un puesto de trabajo. "Se están prostituyendo por desesperación", concluye el líder sindical, quien también sufre el drama del paro en sus carnes, ya que su mujer y sus dos hijos figuran entre los más de 34.000 parados jerezanos, de los que más de 20.000 ni tiene ingresos ni esperanzas casi de tenerlos.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios