El paseo de caballistas del Real de la Feria de Jerez

Feria del Caballo

En la década de los 80, un jurado premiaba a los jinetes y carruajes mejor ataviados.

Antonio Robles Morión

Jerez, 17 de abril 2015 - 07:51

Desde el año 1986 el Ayuntamiento de Jerez, mediante su Delegación de Fiestas se propuso adecentar lo que se llamó “el paseo de caballos por el Real en la Feria de Jerez”.

No era suficiente acometer la organización y distribución de las casetas de Feria, su decoración de fachadas y el embellecimiento de las mismas, fomentando el concurso de casetas y otorgando diversos premios que suplían en parte los gastos que los propios caseteros soportaban por los arreglos y mejoras. Todo ello y mucho más era necesario corregir y potenciar para hacer un ferial digno de la ciudad de Jerez.

Entre los objetivos, se encontraba la “circulación” de caballos y carruajes tirados por los mismos. UnaFeria que llevaba a gala en su propio nombre el caballo y la exaltación de tan noble animal debía estar a la altura de una ciudad que despuntaba con una Feria de las mejores de Andalucía.

Se comenzó por elaborar un reglamento que recogiera cómo debían vestir los jinetes y amazonas que montaran en caballo y lucieran su bella estampa por el Real. El caballo con montura vaquera y su jinete en consonancia con el noble animal debería vestir a la más rigurosa usanza vaquera: traje corto, sombrero de ala ancha, botas de montar vaqueras y sus correspondientes zahones como es perceptible en las tareas de campo cuando se realizan labores a caballo con reses bien bravas o mansas. Por supuesto que se permitía a las señoritas montar en la grupa del caballo con el colorido traje de flamenca, y nunca jamás empernacadas en el caballo.

Por nuestra tradición inglesa, cuya cultura hípica y caballar tenía y tiene cierto arraigo en la ciudad de Jerez, se incorporó al reglamento la monta del caballo a la inglesa, con su pertinente montura inglesa de la que hacían gala las señoritas amazonas. Tras estas primicias del reglamento quedaba terminante prohibido la entrada al Real montando caballo con traje de “paisano”, con pantalones vaqueros, camisas de cuadros y sombreros tejanos. Dándose la anécdota de que una vez hizo presencia en la puerta del Real un buen número de caballistas, procedente de la Base de Rota, americanos ellos, que con su forma de vestir tejana no se ajustaba a los requisitos que se estaban implantando en la Feria. Evidentemente no se les permitió el paso a la misma montando así sus caballos.

El paseo de caballista no sólo lo componen caballos y jinetes. Los “coches “de caballos constituyen una estampa tan bella de la que hace gala la Feria de Jerez. Coches perfectamente enjaezados, clásicos todos ellos, a la vaquera, a la inglesa o a la húngara, con sus mayorales y vestimentas, de acorde con el coche en cuestión, circularon sin mayor problema por el ferial. Quedó terminante prohibido la entrada de coches de alquiler, los cuales no cumplía con el engalanamiento y la prestancia que se exigía. Estos coches de alquiler llegaban hasta la misma portada del ferial, pero de ahí no pasaban.

Tampoco se permitía la entrada de carros tirados por mulas, ni de charré, ni de pequeños coches tirados por ponis. Como anécdota se puede referir la presencia de un carro de campo tirado por mulas al que se le prohibió la entrada al recito Ferial. Estas mulas eran “preciosas”, y el comentario generalizado aquel año fue que “no se permiten la entradas de mulas en la Feria del caballo de Jerez”.

A todo ello, la Delegación de Fiestas organizó el concurso del paseo de Caballistas por el real de la Feria, con el objetivo de fomentar la participación en el mismo, pero ajustándose siempre a las normas de embellecimiento y prestancia ya dictadas. En la cruceta del Real de la Feria se dispuso de una pequeña tarima en la que se podía apreciar como brillaban los catavinos de alpaca plateada que podían ser entregados a caballistas y coches enjaezados que circularan por el real. Distintas categorías para los participantes que se hacían merecedores de trofeos grandes, medianos o pequeños.

A partir de las trece horas desde el jueves al sábado de Feria, un jurado compuesto por personalidades jerezanas conocedores del mundo del caballo y de sus tradiciones se disponía a valorar cada caballo, cada montura, cada jinete y amazona que circulaban entorno al real del ferial. Cabe destacar la presencia en este jurado de Don Antonio Romero Girón buen conocedor de las tradiciones hípicas, de Don Huberto Domecq Ybarra, varias veces campeón de España de la disciplina hípica de Acoso y Derribo, Don Gonzalo Fernández de Córdova –Marqués de Grañina- Juez de enganches y de Doña María Delgado miembro ejecutivo del Comité de Disciplinas Hípicas de la Feria del Caballo de Jerez.

Para participar en este concurso que enaltecía el paseo de caballistas, no se necesitaba inscripción alguna. Bastaba con hacer acto de presencia y llenar el ferial con la belleza, el colorido, y la majestuosidad de caballistas, jinetes y amazonas.

Muchas eran las vueltas que estos daban entorno a la cruceta del Real donde se encontraba el jurado. Al final conseguían su preciado trofeo que el jurado discrecionalmente, pero con un criterio unánime, entregaba a los participantes que cumplían con los criterios establecidos en el reglamento. No sin hacerles recorrer varias veces el paseo, tan sólo con el objeto de que el público que se arremolinaba entorno a la tarima pudiera contemplar tan bellas estampas.

Por último cabe decir, que es deseable se vuelva a recuperar esta noble, sencilla y bella actividad para nuestra Feria del Caballo. Con la que se consiguió exportar una imagen del ferial, envidiada por otras ferias de Andalucía. Fueron muchos los Ayuntamiento de ciudades que organizan feria donde participa el caballo, que se dirigían al Ayuntamiento de Jerez pidiéndoles información y asesoramiento para montar ellos también un paseo de caballistas al estilo del de Jerez.

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