ANÉCDOTAS DEL JEREZ. En un océano de viñas

Un paseo a la deliciosa campiña

  • La riqueza toponímica del viñedo jerezano supone un enorme tesoro cultural Las viñas de 'Dios' y del 'Diablo'

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Ahora que el sol ha entrado fuerte y sin llamar a la puerta, qué mejor que volver a recrear la vista en la deliciosa campiña jerezana. Alternativas hay infinidad. Ya sea la carretera de Morabita, Trebujena, El Puerto, Rota o Sanlúcar para saludar las primeras cepas que, desde los oteros más elevados, deleitan nuestros ojos con ese mar, o mejor dicho, ese océano de viñas.

Jesús de las Cuevas era más concreto al hablar de las rutas de las viñas: Iniciar el periplo por la carretera Jerez-Trebujena; retornar por sus pasos contados, coger entonces la de Sanlúcar, proseguir hasta Chipiona y Rota o torcer hacia El Puerto, que por ahí y a ambos lados, comienza a rebotar ampliamente el oleaje de las vides, "aunque lo ideal -ya lo comprenderéis- será, luego, introducirse de lleno por el triángulo extensísimo, cogiéndolo de través, si queréis tutear las más famosas viñas una a una". Es bien cierto que las viñas nunca quisieron acercarse demasiado a las grandes carreteras y la pregunta del turista era la de siempre: 'Pero, ¿dónde están las viñas?' Y contestábamos en el camino con un 'por ahí, por ahí...'

Y su hermano José le encontró la justificación: Había que explicarles que nuestras viñas eran "viñas pudorosas" y que preferían que antes que salirle al paso al viajero, que sólo las conocía de oídas, que fuera este quien las buscara, que fuera a ellas; tal ha de ser, para que todo tuviera también como el gozoso, vendimiador aire de un descubrimiento inolvidable.

300 días de sol al año, inviernos suaves y veranos calurosos, vientos de poniente y levante, tierras calizas y lluvias en invierno y primavera hacen que estas viñas adquieran unas cualidades únicas y diferentes. O sea, 3.250 horas de sol al año, 9 horas para pasearse a gusto: "¡Qué néctar! Todo el campo jerezano con su sol y su fortaleza, parecía estar dentro de aquella cepa que yo me iba bebiendo poco a poco para que el encanto durase más", decía Joaquín Belda paladeando un 'Solera 1847' en González Byass.

Recorred pues, aunque sea con la memoria, el sinfín de pagos y viñas que rodean a la capital del vino: Julián Pemartín, ya sólo en la relación de nombres de los pagos de viña de la zona cuenta hasta 285 topónimos, cifra que eleva Alberto García de Luján en su libro 'La Viticultura de Jerez' a los 394 pagos y su riqueza toponímica es inmensa. Fijaos cuán curiosos son algunos de sus nombres: 'Clavería', 'Alegría', 'Amores', 'Huevo Blanco', 'Santo Dios', 'La Lechera', 'Casablanca', 'La Loba', 'La Rosa'...

Buena parte de estos nombres datan de los siglos XVIII y XIX, algunos relacionados con la naturaleza del terreno y, muy especialmente, los hagiotopónimos, esto es, las viñas, haciendas o casas bautizadas con nombres de santos y vírgenes o bien con la religión católica y la iglesia. Hay pagos con hermosos nombres de viñedos. Mirad: 'Las Beatas', 'El Cielo', 'La Gloria', 'Las Ánimas', 'La Soledad', 'Plantalina', 'La Esperanza'... muchísimas de ellas con un origen remoto detrás cuya explicación no sabemos y posiblemente nunca sepamos por su abandono o desaparición tras la tremebunda plaga de filoxera.

Pero entre todas, hay dos que interesa destacar. Las estudiaron dos maños, que no jerezanos, que invierten su tiempo libre para descubrir al nativo la riqueza natural que tiene ante sus propios ojos. Son los hermanos Agustín y José García Lázaro y el blog que, día a día, cuenta con más adeptos es el de 'Entorno a Jerez'.

Resulta que, en uno de sus infatigables recorridos, se dieron de bruces con dos viñas de topónimos antagónicos y rotundos. Dos nombres precisos, sonoros y categóricos: La 'viña de Dios' y la 'viña del Diablo'. Cuentan que ambas aún mantienen los topónimos y se sitúan en las cercanías del Cortijo de Ducha, sito en el afamado pago de Ducha, a unos diez kilómetros por la carretera a Sevilla.

El antiguo Camino de Ducha nos conduce a las dos viñas entre suaves lomas donde el viñedo ha dejado paso al cereal. Allí ya están la 'viña de Dios' y la 'viña del Diablo', una frente a otra. Más arriba, a la izquierda del camino, se levantan los restos de la que fuera monumental casa de la 'viña de la Paz' y, más adelante, las ruinas de la casa de viña de 'La Montañesa' y la de 'La Francesa'.

Coronando la loma más alta de estos parajes del pago de Ducha, junto a Cerro Oria, ahora desierto de cepas, siguen en pie las ruinas de 'Viña de Dios'. Y explican entonces que, frente a esta viña, a la derecha, se encuentra un conjunto de edificaciones de nueva planta que corresponde a la 'Viña de San Patricio', levantados a mediados del 60 del pasado siglo en el lugar donde se alzaba la 'Viña del Diablo', rodeada de sembrados de trigo y sin que nada recuerde aquellos horizontes de cepas que llegaban hasta 'La Zangarriana', una de las cunas del flamenco de la gañanía.

El guardia de la finca les cuenta que conoció las ruinas de la antigua casa, la historia de sus primeros propietarios, recordando además aquel anuncio que apareció en la prensa y que decía: "Se necesita casero para la finca 'Viña del Diablo', carretera Madrid-Cádiz, kilómetro 626,5", algo inquietante que, a buen seguro, echaría a más de uno atrás . Y, ¿cuál de ellas fue primero? Lo piensa. Cree que fue la del Diablo. Y puede ser que fuera su nombre lo que provocara la reacción de los vecinos del pago que, para salvar irónicamente la 'afrenta', dieran el nombre de 'Viña de Dios' a la suya... O puede que sea al revés.

Los García Lázaro toman después la carretera de Sanlúcar, la que dicen posee los mejores y más extensos pagos -los 'pagos de afuera', que así se conocen-, la zona del Jerez Superior. Primero, por su rica tierra de albariza y su cercanía al mar. Se lo he oído decir a esa grandísimo capataz que fue Manuel Morales, un apasionado del campo desde los 12 años. "En la primavera-verano llega la 'marea', un viento del oeste, cuya humedad absorbe el suelo y la conserva hasta llegar a gran profundidad. Con las labores, esa humedad sube y se pone a disposición de las raíces y con cinco o seis mañanas con esa gran humedad, la viña se repone sin haber llovido..."

Pues bien: Los hermanos buscan visitar allí los parajes de otra 'viña de Dios', ubicada en el célebre pago de Bilbaina Alta, junto a la autovía a Sanlúcar. El Plano Parcelario del término de Adolfo López Cepero lo ubica allí, con el escueto nombre de 'Dios', colindante con otras haciendas cargadas también de significación religiosa. "Allí están 'Los Judíos', 'Las Ánimas', 'Santa Teresa de Jesús', 'Santa Cecilia', 'San Ginés'... O también 'Santa Julia', 'Santa Cristina', 'San Julián', 'La Santa'... Diríase que todo el santoral, hecho viñas, custodia a 'Dios".

"Hay que poner una vela a Dios y otra al diablo", nos recuerda el refranero tradicional. "En Jerez nos pasamos de precavidos y, por si acaso, hemos puesto en nuestros viñedos dos 'viñas de Dios' y una 'del Diablo".

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