Tierradenadie

No hay perdón para los malditos

Dicen que el perdón llega cuando los recuerdos ya no duelen, es por eso que hay atrocidades imposibles de ser perdonadas. Si la maldad, connatural con la naturaleza humana, se manifiesta con toda su escalofriante intensidad, el daño que puede provocar es permanente. Se atenúa con el paso del tiempo, sí, pero el sufrimiento jamás llega a desaparecer.

Cuando el egoísmo supremo y salvaje, impropio de un humano, lleva a una persona hasta los inaceptables límites de disponer a su antojo, feroz y brutal, de la integridad o la vida de otra, la única opción que nos queda para intentar, al menos, seguir arrastrando nuestra existencia, que no vivir, es aplicarle el mayor castigo que se pueda parecer a la Justicia.

Si damos por buena la abolición de la pena de muerte -algo que, a veces, dan ganas de replantearse-, sólo resta una alternativa legítima -no ya para compensar a los que sufren, algo del todo imposible, pero sí para evitar que la fiera vuelva a destrozar vidas-: la cadena perpetua.

Hoy, tiempo de hipocresía descarnada y alevosa, parece que esta expresión, 'cadena perpetua', no encajase en los arquetipos que exige nuestra sociedad occidental, tan 'civilizada y liberal' ella. 'Cadena' recuerda demasiado a esclavo -muy 'fuerte'-, 'perpetua' parece un término tan 'violento'… inapropiado para un sistema penitenciario que pretende convencernos de que aceptemos la posibilidad de la rehabilitación universal; una falacia insolente, casposa e irreal. Las hienas morirán siendo hienas, da igual las vueltas que le quieras dar al asunto, es su naturaleza. Así que, tal vez para pensarse más progresistas, tal vez para contentar a los mismos bocachanclas de siempre, los leguleyos de turno parieron un cínico eufemismo: 'prisión permanente… revisable'. Pretendían, con esta parodia absurda, dar respuesta al clamor popular que exigía -y sigue exigiendo- la reintroducción de la cadena perpetua en el Código Penal, sin que los voceros anti sistema les reprochasen un supuesto conservadurismo.

Después de mucho tiempo y demasiados intentos, por fin se logró la puesta en vigor de esa pena edulcorada: 'prisión permanente revisable', ¡pero ni por esas! A tres años desde su vigencia, demagogos baratos, populistas y 'progresistas' del tres al cuarto, se plantean volver a retirarla de nuestra legislación.

Algunos, creo que de buena fe, dicen que no se puede legislar 'en caliente', que no se deben tomar decisiones "con cadáveres encima de la mesa…", y yo les digo: es que siempre vamos a estar 'en caliente', es que siempre, por triste y fatal desgracia, va a haber "un cadáver en la mesa". Si no es Mari Luz Cortés será Sandra Palo, o Marta del Castillo, o Diana Quer, o tantas otras menos conocidas -en paz descansen todas-, o la próxima… que puede ser su hija o la mía. La atrocidad de la bestia no tiene límites: todas mujeres… jóvenes, niñas, discapacitadas… le da igual; siempre las más débiles, las más indefensas, las más frágiles.

Si dejamos en libertad a una hiena en medio de un rebaño de gacelas, siempre -antes o después, pero siempre- acabará por atender a su instinto: el de ellas, las hienas, matar para comer, su modo de sobrevivir, su naturaleza; el de ella, la bestia, matar para saciar su degenerado instinto de perversión, su naturaleza depravada y criminal, pero su naturaleza al fin.

Hay casi un millón y medio de firmas -entre ellas, por supuesto, la mía- exigiendo a nuestros 'representantes' que se mantenga la cadena perpetua, revisable, en nuestro Código Penal. No el 'ojo por ojo…', implicaría la pena capital, pero queremos que las condenas se acerquen todo lo posible a lo que entendemos y percibimos como Justicia, porque es para nosotros, todos, para y por quien se dictan las leyes. Y si no es posible, porque no lo es, remediar el daño causado, al menos asegurémonos que ese culpable no vaya a volver a causar otra tragedia irreparable.

Si existe algún modo, por remoto e improbable que éste sea, de poder llegar a perdonar a quien comete tales monstruosidades, pasa porque el culpable esté encerrado para siempre, o casi…

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