Tierra de nadie

Una pluma prodigiosa

Mario Vargas Llosa, en la presentación de su libro 'La llamada de la tribu'. Mario Vargas Llosa, en la presentación de su libro 'La llamada de la tribu'.

Mario Vargas Llosa, en la presentación de su libro 'La llamada de la tribu'. / efe

No debería ocurrir así, pero para la mayoría de la minoría que aún tiene en la literatura la esperanza última de mejorar el mundo que nos hemos dado, y de paso el nuestro interior, el verano suele ser tiempo, si no de reencuentro, si de dar satisfacción a la necesidad -bendita sea- de recuperar el tiempo que hemos perdido sin leer lo suficiente. Aclaro que "no debería ser así", porque es una verdadera lástima restringir a las vacaciones estivales el placer incomparable de vivir leyendo.

Cayó en mis manos, a Dios y a D. Mario gracias, uno de los últimos libros de Mario Vargas Llosa, 'La civilización del espectáculo', un ensayo sobre la literatura que reúne todas las portentosas cualidades de las que su autor ha hecho gala en su amplia carrera como escritor. Les recomiendo, si el tema es de su interés, su lectura. Es una verdadera maravilla que enriquece al lector. Una serie de meditadas consideraciones avaladas por la simpar experiencia de su autor y elevadas al grado de maestría gracias a la privilegiada pluma del escritor de Arequipa.

Atrapado en la prosa de sus páginas, uno se da cuenta de esa parte de la realidad que, sin apenas ser conscientes de ello, nos invade. Se nos muestra una faceta, tal vez no muy bien conocida, de hacia dónde puede llevarnos eso que hoy entendemos por 'progreso'. Le preocupa y agobia, a mí también, la intensidad ignorada, la trascendencia escondida, con la que el mundo que creemos tocar se va diluyendo, como agua entre los dedos, en los días de nuestro existir.

La cultura, madre de grandes cambios en nuestra Historia de seres inteligentes, vigía de tropelías de grandes tiranos, referencia en tiempos de desolación y apoyo en situaciones en las que el desespero y la angustia se enseñorearon del destino de la humanidad; es la protagonista del libro del que les hablo. De su relevancia pasada y su metamorfosis presente, se empapa el lector, ávido de pasar una página tras otra, para seguir aprehendiendo los pensamientos, contundentes pero siempre respetuosos, que Vargas Llosa despliega con suma agilidad, certero tino y perspectiva preocupante.

No puedo estar más de acuerdo, en general, con las tesis que el ensayo mantiene. No deja de confortarme, aunque tal vez desease haber estado equivocado, el comprobar cómo alguien del prestigio literario con el que merecidamente cuenta el autor, me lleve a pensar que no anduve muy errático desde que acaricié la sensación, defendida con ahínco desde hace mucho tiempo, de sentirme por completo decepcionado, y muy frustrado también, con la ramplona vulgaridad con la que en nuestros días se contempla y considera todo aquello que antes, con toda legitimidad, era 'lo culto', la cultura, y quienes eran, por y para ella.

Inquietante, sin duda, la visión que el maestro vierte sobre el riesgo, patente y hoy por hoy parece que imparable, que nuestra civilización occidental, democrática y razonablemente libre, corre de regresar a la barbarie absoluta que implicaría la dejación en la vital influencia que la cultura -en sentido estricto, es decir: el que antaño tenía pero no tiene lo que hoy se considera cultura- ha tenido en todo el discurrir de la era del Hombre.

Incontestable, en mi opinión, la argumentación en la que sostiene sus opiniones. Demoledora la crítica objetiva con la que desarma a los fantoches, charlatanes, manipuladores, embaucadores y demás trileros 'culturales' que, en aras de un culto ciego, profano y fatuo a una modernidad a la que se nos quiere obligar a venerar, tergiversan, inventan, fabrican e imponen lo que está bien y lo que está mal, lo que es bello y lo que no, lo que aporta y lo que importa, al menos eso es lo que intentan y, al parecer, están logrando; sólo en función de lo que se pueda llegar a pagar por ello.

No lo duden, si pueden, lean esta obra inteligente, instructiva, ejemplar y, sobre todo: culta. Un prodigio de pluma, y de mente…

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