Jerez

La polémica sobre su valor arquitectónico

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El edificio del IARA (Instituto Andaluz de la Reforma Agraria) tenía hace escasos dos años y medio un futuro, digamos, poco prometedor. La propuesta de su derribo y posterior construcción de una terminal de autobuses finalmente no se llevó a cabo. Entonces, algunos arquitectos e historiadores lamentaron que Jerez perdiera un edificio obra del jerezano Fernando de la Cuadra. La historiadora del arte Ricarda López decía entonces que "es el primero de estilo netamente racionalista construido en el corazón de la ciudad. Sería un disparate prescindir de esta obra. La fachada de oficinas está precedida de una malla reticular de dobles líneas horizontales a modo de brise soleil -o parasol-, que acentúa los juegos de luces y sombras. La belleza de la simetría, el orden en la repetición de vanos y macizos nos recuerda a Le Corbusier".

El arquitecto Ramón González de la Peña exponía que "este edificio puede no ser muy querido por la mayoría de los jerezanos pero, además de su valor arquitectónico, que lo tiene, resolvió de forma muy correcta la articulación de los distintos espacios urbanos, plaza Esteve y calle Doña Blanca y también las calles que se acomodan en los accesos secundarios del mercado".

Por su parte, el historiador Antonio Mariscal contraponía en su libro 'Por las calles de Jerez' que tras varias remodelaciones en la plaza, la del 59 fue "un tanto desafortunada, con la construcción del anodino edificio del IARA, que destruyó una buena y necesaria parte del mercado y creó la calle Parada y Barreto". Así, aseguraba que su demolición "dejaría a la vista esa construcción tan singular del siglo XIX como es el mercado central de abastos. Hay que tener en cuenta que en la mayoría de las ciudades españolas son estos mercados lo que más atrae a propios y extraños, y ello genera negocio, por lo que las autoridades hacen esfuerzos para dotarlos y embellecerlos".

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