Jerez

Una quiosquera en la Diáspora

En este mes de septiembre, también toca nuevo curso para nuestro 'Kilómetro 0' -que pronto cumplirá dos años ya-, y no podíamos tener mejor protagonista que nuestra paisana María Luisa Cobo Peña, nacida y criada entre "La Plata y Santiago", y afincada en la capital de España desde primeros de los años setenta del siglo pasado.

Con María Luisa di por casualidad. Ambos coincidimos por primera vez la pasada primavera en una cata de vinos de jerez del restaurante madrileño 'Malacatín', que también les conté en estas páginas. En ese primer encuentro, nada más oírme hablar, me dijo "¿tú de qué barrio eres?, porque yo soy de La Plata y de Santiago". Ahí supe que un kilómetro cero debía ser para ella.

Nuestra protagonista es puro derroche de simpatía, sabiduría y jerezanía. En su quiosco, situado en la céntrica Plaza del Cascorro esquina calle Embajadores, entre los barrios de La Latina y Lavapiés- el Madrid más castizo de todos- lleva vendiendo prensa a los madrileños desde que la Transición ocupaba todas las portadas. Se dice pronto.

Como ella misma cuenta: "Yo llegué a Madrid después de terminar mis estudios en el Coloma. Porque si mi madre quiso algo desde siempre fue que yo estudiara y que fuera una mujer independiente". Grandes y adelantados consejos de una madre que, después de conocer a María Luisa, puedo decir, que ha debido sentirse más que orgullosa de su hija, quien hoy por hoy es una mujer libre, con las ideas claras, sabia, y como su madre quería, independiente.

Pero María Luisa no llegó a Madrid de casualidad, sino que vino por mediación de su madrina, quien le había precedido en esto de buscarse un futuro en la capital de España; y llevaba varios años ya vendiendo prensa "en unas banquetas que ponían en la calle donde dejaban los periódicos". Hoy, precisamente, en el mismo sitio, y varias décadas después, su ahijada María Luisa tiene un quiosco en toda regla, y a la jerezana.

Digo a la jerezana, porque hace unos años, un joven grafitero del barrio le dio el toque definitivo a su quiosco, reproduciendo en su fachada uno de los carteles de la Feria del Caballo de nuestra ciudad. Ahí es nada. Como cuenta María Luisa: "Yo siempre he decorado mi quiosco, desde que me lo pusieron en el año 1975, con carteles de Jerez: de caballos y de bodegas. Y un día un chico se enamoró de uno de los carteles de la feria que tenía colgado, me pidió que se lo regalara, y para que no lo perdiera, se ofreció a pintármelo, y mira qué bien hecho está".

A la vista de su quiosco se puede decir que el trocito de la calle Embajadores que ocupa, por mucho que quieran los 'gatos' -gentilicio distintivo de los madrileños por los 'cuatro costaos' - es más La Plata que Lavapiés.

Nuestra protagonista ama Jerez, y se le nota. Tanto lo quiere, que su única debilidad es el flamenco. Pero no cualquier flamenco. Como ella dice: "A mí lo que me gusta es el flamenco de verdad, el flamenco de Jerez". Todos los veranos, desde que vive en Madrid, los pasa en nuestra tierra, fija su residencia en Chipiona, y desde allí no se pierde ni la Fiesta de la Bulería, ni los Viernes Flamenco, ni nada que suene e Jerez.

Y cuando está en Madrid, hace lo que puede. Por lo que no es raro que, durante el invierno, te la encuentres en los mejores tablaos de la capital, buscando siempre el compás de su segundo barrio, Santiago. Pero no va a cualquier sitio. Se tienen que cumplir dos requisitos para que asista a un espectáculo flamenco: que los artistas sean de Jerez, y que, de beber, también haya jerez. "Si tienes que tomarte algo para ver un flamenco, que sea vino de jerez, ¿no?". Más claro, imposible.

Es siempre reconfortante encontrar a personas tan especiales como nuestra quiosquera en la Diáspora, que provocan que dos ciudades lejanas se acerquen tanto entre sí, como en la portada de su genuino puesto de prensa, embajada jerezana involuntaria en el corazón del viejo Madrid.

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