Ciudad

A la retaguardia

  • La estación de autobuses debería ser vanguardista, pero nada más lejos de la realidad. Presenta puertas averiadas, pintadas en los baños, ausencia de megafonía y paneles inútiles.

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"Perdona, ¿de dónde sale el autobús para Rota?". La pregunta la realiza un usuario de la nueva estación de autobuses de Jerez tras comprar su billete. "Ahí, donde se está formando la cola", le contesta amablemente una chica que se cuelga su mochila y acude también en la misma dirección. La fila de personas que se agolpan en los andenes delata desde donde saldrá el próximo vehículo. Este es el principal mecanismo de información -si es que se le ha olvidado preguntar en ventanilla al comprar el billete- de un lugar que estaba llamado a estar a la vanguardia pero continúa lleno de desperfectos desde sus inicios.

En esta ocasión, por la coincidencia horaria, el vehículo al que le toca partir y que cogerá este usuario va camino de la playa. "No tenía ni idea de cual tenía que coger", expone David, que acude por primera vez a la estación para este tipo de viaje y se deja guiar también por los colores del vehículo y su rotulación, la de la empresa a la que le ha comprado su billete. Está extrañado. Por megafonía no hay avisos, los altavoces están completamente mudos. Hay bastantes aparatos de megafonía repartidos por toda la estación, pero sirven de poco; de nada. "Se echa de menos escuchar a la típica voz que al menos te diga que tengas cuidado con tus pertenencias", comenta este usuario entre risas, mientras afirma que le llama la atención que esto no ocurra cuando "en la estación de Prado de San Sebastián -en Sevilla- sí suena este mensaje a cada rato".

Los elementos visuales, aunque parezca contradictorio, no se ven. Es decir, están presentes en el recinto, pero tampoco cumplen con actividad alguna. Nada más entrar, el enorme panel electrónico que preside la estación tiene un funcionamiento similar al que realizaría en una terminal abandonada. Si fuese por él, no llegaría ningún autobús; las horas no pasarían; tampoco nadie partiría de este apeadero. Los paneles luminosos que cuelgan de las columnas situadas junto a los andenes tampoco realizan prevención alguna. No obstante, en peor situación se encuentran los viejos televisores que cuelgan de las columnas de dentro y solo sirven para acumular polvo.

"Esta estación es una ruina, la gente que no viene tiene que saber cómo está", refleja uno de las personas que trabaja en el lugar y prefiere guardar su anonimato. Es curioso, porque en enero de 2015 concluyeron las últimas reformas que se realizaron en la estación y estuvieron destinadas a mejorar el aspecto de la fachada, la mejora del sistema de prevención de incendios y la climatización del lugar.

El empleado lleva razón: la nueva estación de autobuses es una auténtica ruina. Nada más entrar, saltan a la vista los primeros desperfectos que hay en ella. Para enumerarlos todos detalladamente hacen falta varias horas de grabación o bastantes más líneas de las que aquí se ofrecen. La imagen de la ciudad que da uno de los lugares a los que deben llegar turistas es lamentable. En verano hay más movimiento, pero en invierno puede pasar incluso por abandonada. La catalogación de nueva "debe ser ironía", vuelve a resaltar el trabajador.

La queja se centra a partir de entonces en los distintos elementos: "Esas puertas llevan averiadas años y no va a venir nadie a arreglarlas". Se refiere a las de la entrada. El aspecto del cristal roto y el cartel de averiado avisan de que es imposible acceder al recinto por la puerta de la izquierda. Igualmente ocurre en la entrada que da acceso al apeadero. "Hasta que no se caigan los cristales, eso va a continuar roto. Ya no es que las puertas no abran, es que les da igual que la cristalera esté rota. Hasta que no se caiga no la van a cambiar. Y tampoco estoy seguro", expone sobre el lamentable estado que presenta el vidrio de los portones mecánicos.

La iluminación brilla por su ausencia. De los cinco focos que están colocados en la estación, según asegura otro trabajador, "funcionan solo un par de ellos. Me lo acaba de confirmar el compañero". "Pero la actividad nocturna de la estación tampoco es mucha", explica dejando pasar este desperfecto como uno de los menos graves. A continuación, cambia su mirada de lugar y pregunta: "¿Habéis entrado en los baños?". La situación en los servicios es siniestra: pintadas y pegatinas a medio despegar presiden un lugar cuyo desgaste es más que evidente.

Pero lo que ocurre en la estación queda reflejado perfectamente con la situación en la que se encuentra la zona comercial. El quiosco que había allí echó el cierre hace tiempo. El bar solo cuenta con su espacio, pero no tiene instalado los elementos necesarios para abrir 'sus puertas' -función que cumple de momento una valla-. ¿Funcionaría ahí una cafetería? "Ni siquiera lo han intentado", responde el trabajador de la nueva estación, que se ha quedado en apenas una década de vida a la retaguardia.

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