"No saber ganar tiene bastante más peligro que no saber perder"

El recientemente galardonado con la placa de oro de la provincia hace un recorrido por su trayectoria profesional y también como militante del Partido Comunista y CCOO cuando aún eran clandestinos

Fernando Martín Mora posa en la plaza de La Asunción.
Fernando Martín Mora posa en la plaza de La Asunción.
Pilar Nieto / Jerez

20 de abril 2008 - 01:00

-¿Qué se siente ante reconocimientos como la placa de oro de la provincia?

-Me parece demasiado, porque eso de que personalicen en uno un mérito que no me corresponde... Uno ha tenido que ver una pequeña parte en estas cosas relacionadas con la transición, pero conceder una medalla de oro es casi como atribuirle parte importante del trabajo de los demás. La acepto con cierto rubor si no es en la medida en que se entienda que esta distinción es recibida en nombre de mucha gente.

-Pero usted fue el primero que abrió un despacho para defender a los trabajadores en la provincia, cuando aún no había democracia.

-Sí, con Manuel García Mata. Recién terminados la carrera, nos vinimos de Sevilla con muchísima voluntad, juventud y ganas nos metimos en esta dinámica fuera del sindicato vertical, que era lo que imperaba en esas fechas.

-¿Qué fue lo que les animó a meterse en esto?

-No había nada en Cádiz, pero sí en Sevilla, donde estaban Felipe González, Aurora León... y en Madrid por supuesto Cristina Almeida y los que murieron en la matanza de Atocha en el 77. En Cádiz era donde no había nada, así que mi compañero y yo aterrizamos aquí con la natural sorpresa para la policía y todo el Régimen.

-¿Sorpresa?

-Inmediatamente se fijaron en nosotros, y yo creo que nos dieron más propaganda de la cuenta porque la policía incluso llegó a lanzar octavillas con mi nombre y apellido diciendo que era del PC, cosa que en aquella época era un impacto, diciendo que si querían a un abogado comunista fueran a la calle Doctrina, que era donde estábamos.

-¿Cómo fueron esos primeros años?

-Difíciles. Con el sabor agridulce de que, por una parte, se percibía que el Régimen caía y que estábamos ayudando a ello pero por otra parte miedo, porque teníamos a la policía en los talones y pensábamos que de un momento a otro entraban. De hecho, trataron de detenerme en La Línea porque detuvieron a dos o tres personas de allí y a una de ellas le pegaron hasta hacerle confesar, cosa que no era cierto, que yo había entregado periódicos de 'El mundo obrero', cuando yo sólo me dedicaba a mi actividad profesional. Yo creo que no me llegaron a detener porque al Régimen no le interesaba detener a abogados ni profesionales. Al Régimen le interesaba plantear el tema de la disidencia en manos de 'obreretes'. Yo creo que a mí no me detuvieron por la toga.

-¿Cómo llevaba su militancia en el PC en la clandestinidad?

-Utilizábamos el despacho para reunirnos. Hacíamos reuniones clandestinas muy propias de la época: A los diez minutos ya habíamos tomado el poder y se planteaba cómo iba a ser derrocado el Régimen, qué íbamos a hacer... Una serie de planteamientos totalmente juveniles pero que te mantenían la ilusión, porque lo que sí se tenía claro es que se estaba contra el sistema.

-¿Qué le llevó a este camino?

-Mi profesión, el hecho de que te miraran mal cuando yo lo único que estaba haciendo era una actividad propia de abogado aunque fuera del sindicato vertical. Eso te creaba una rebeldía, decías que eso era una injusticia.

-¿ Y los jueces, cómo se portaban?

-Creo que los jueces jugaron un papel importante en el avance a la democracia. En la jurisdicción social se aplicaba elderecho con todo el rigor. Eso hay que reconocerlo. Con que se aplicara el derecho de la etapa franquista ya los trabajadores salían ganando. El problema es que no se aplicaba ni la ley laboral franquista. El abogado que tuviera la osadía de ponerle la demanda de un trabajador a un señorito... era un tema complicado. Pero los jueces actuaban con total independencia. Yo recuerdo que en aquella época el juez que teníamos en Jerez era José Luis Marquina, un hombre con una independencia extraordinaria.

-¿Qué echa de menos de aquellos tiempos?

-Creo que hemos evolucionado favorablemente: El hecho de que tengamos una Constitución, libertad y garantías supone un avance muy importante que sólo se puede valorar en su justa medida cuando se ha conocido otro sistema. Antes los sindicatos por ejemplo tenían un objetivo común y ahora cada uno tiene sus propios planteamientos. Las peleas internas en los partidos casi no existían tampoco, o eran muy livianas. Era otra época.

-¿Han perdido protección los trabajadores en los últimos tiempos?

-No. Antes en un conflicto la autoridad laboral decidía e imponía lo que había que hacer. Hoy son los trabajadores y las empresas los que negocian, y negocia con más contundencia el que más fuerza tiene en ese momento. Si se pierde fuerza se pierde poder.

-Y los trabajadores, ¿han ganado o perdido fuerza?

-Han ganado fuerza. Lo que ocurre es que a lo mejor no han ganado lo que se esperaba, pero los sindicatos son elementos fundamentales en la democracia, igual que los empresarios y las asociaciones.

-¿Cómo ha visto el desastre de Izquierda Unida en las últimas elecciones?

-Creo que hay que cambiar la ley electoral o hay que cambiar Izquierda Unida. Desde luego es una barbaridad que con un millón de votos se tengan dos diputados.

-¿Cree que el sistema de partidos está teniendo también sus fallos?

-La democracia no se puede articular sólo sobre la base de los partidos y los sindicatos, que son pilares fundamentales, pero no pueden ser los únicos instrumentos. Potenciar el asociacionismo es fundamental en la articulación de una democracia, porque es ganar poder para protestar contra unos impuestos o contra mil cosas, para articular. El partido tiene una dirección, el sindicato otra... pero entre esas dos opciones tiene que haber una sociedad articulada con muchas asociaciones, con muchos planteamientos que hagan real y efectiva esa democracia, porque si no la democracia es sólo votar, y la democracia formal hay que convertirla en democracia real. Todo eso potenciará una modificación en la actuación de los partidos y los sindicatos. Los sindicatos, los partidos y las asociaciones empresariales lógicamente tienen que estar sometidos a las influencias externas para cambiar también y que no se conviertan en reductos de familias que sean las que impongan. Eso es lo que se protesta de los partidos y los sindicatos: que hay familias que son las que dominan. Esa falta de transparencia hay que romperla para que se articulen medidas de participación más efectivas.

-¿Cómo ve el panorama sindical?

-Puedo citarte como ejemplo que hay un colectivo de trabajadores que no ha participado en la actividad sindical y que lo está pagando, y es el de los técnicos. Los niveles técnicos en empresas y administraciones públicas han sido reacios ha sindicarse y eso ha hecho que se encuentren muy endeblitos de cara a empresas privadas o públicas. No han tenido conciencia de clase y por eso no se han sindicado, pero ahora a nivel práctico lo están pagando, porque tienen una defectuosa articulación. Los más indefensos ahora en las empresas son los mandos intermedios, y de ahí para arriba. El empresario frente a un trabajador se encuentra al sindicato, pero frente a un mando intermedio no tiene sindicato y en la Administración pública ocurre lo mismo. Lo que no se puede dejar es a los sindicatos en manos de personas que impidan la regeneración. Hay que regenerar los sindicatos, la democracia. Hay que regenerar todo.

-¿Cree que los sindicatos están en manos de personas que impiden la regeneración?

-Creo que la participación en los sindicatos y en los partidos no es atractiva para mucha gente porque se va a encontrar de entrada con un conflicto interno, que no se facilita, y eso supone que en los sindicatos y en los partidos políticos haya menos transparencia y que se tiendan a perpetuar unas cadenas de mandos que, al final, se empiezan a amoldar al sillón. Esa es una tendencia humana, pero esa tendencia hay que desmontarla, y si no se participa no se fomenta la transparencia. Puede no gustarte lo que hay, pero el instrumento es fundamental.

-¿Sería partidario de que se limitaran en tiempo los mandatos de los cargos públicos?

-Es que si eso está dentro de un sistema de opacidad dentro de los partidos y los sindicatos me da igual. A mí me interesa la transparencia y la democracia interna. Un límite de ocho años es poco tiempo en una actuación de Gobierno. Para mí eso no es lo fundamental. Lo importante es tener un acceso a los partidos y los sindicatos formalmente muy transparente para que se pueda hacer uso de esa formalidad. Ante el desencanto, la reacción no debe ser la retirada, sino la participación, tener conciencia de que el instrumento vale. Lo que hay que potenciar es el funcionamiento interno democrático y fluido.

-¿Qué asignaturas pendientes tiene la justicia en el apartado laboral?

-La dotación de más medios. Los juzgados de lo social de Jerez están llenos de asuntos muy por encima de los niveles aconsejables de funcionamiento. Aquí se está con una sobrecarga de un 50% por lo menos superior al nivel estimado. Parece que se va a crear este año un tercer juzgado de lo social que ya debería estar en marcha. Hay también escasez de jueces, de personal... No se trabaja con los instrumentos tecnológicos con los que pueden trabajar otras consejerías o ministerios.

-¿Hay algún caso del que se sienta especialmente orgulloso?

-Me sentó muy bien participar en el acuerdo del conflicto de las bodegas del Marco de Jerez en los años 91-92. Fue un conflicto con un enconamiento muy fuerte y por medio había un tema estructural grave como era la reforma del Monte Pío de San Ginés de la Jara, la previsión social de todos los jubilados o jubilables del sector. Haber participado en que las dos partes llegaran a acuerdos me satisfizo muchísimo.

-De jubilarse ni hablamos, ¿no?

-No. Estoy distraído y hago lo que me gusta. No me cuesta trabajo.

-¿Qué tal perdedor es cuando le toca hacerlo?

-Uno se acostumbra a perder y a ganar con humildad. Así se está en condiciones de mejorar, porque se puede aprender en cualquier momento, de cualquier persona, de cualquier cosa. Claro que no me sienta bien perder, pero hay que procurar perder con resignación y ganar con humildad. Hay más peligro en no saber ganar que en no saber perder.

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