La sobria realidad con aplastante personalidad
Diario de las artes
Pepe Carretero | Sala Pescadería | Jerez
Pepe Carretero es artista de larga y consolidada trayectoria. Es pintor de personalidad artística acusada; de esos que tienen una realidad formal apabullante, que sabe lo que quiere hacer y lo lleva a cabo con solvencia y hasta trascendencia creativa. No es artista de medias tintas, sino que sabe argumentar plástica y estéticamente lo que quiere mostrar. Su pintura no deja indiferente y desentraña una sociedad cercana a la que él impone su particularísima visión. Lleva toda su vida pintando lo real, dejando que lo inmediato organice su acción representativa.
Él es un espectador nato de lo que existe, de lo que ve, de lo que aparece, de lo que se supone; es transcriptor de lo entrañable, de lo cotidiano de la existencia, de la calle, de todo lo susceptible de manifestar una verdad creativa. Se trata de una figuración donde los elementos imponen su arbitraria realidad expresiva. Las imágenes desencadenan desenlaces inesperados, se oferta un diálogo dispar entre la representación y su mensaje, entre la densa ambientación invadida de misteriosas referencias oníricas y su aplastante conciencia representativa inundada de pasmosa realidad.
Pepe Carretero es pintor nacido en el Tomelloso y vive entre la ciudad manchega y Madrid. Es artista conocido porque está en posesión de un lenguaje de indiscutible personalidad. Es de los pintores que estuvieron en la Academia de Roma que es tanto como decir que alcanzó la meta soñada por casi todos. Además, goza de una larga y espléndida carrera, jalonada de muchos e importantes acontecimientos expositivos y de significativos reconocimientos.
Está en posesión de una personalísima figuración, con la excelsa realidad como desarrollo de unos planteamientos pictóricos donde todo está materializado en unos esquemas claros y determinantes. Su representación no sólo nos sitúa en unos compromisos que partiendo de lo que la mirada descubre nos adentra por sistema personales que mediatizan la realidad haciéndola infinitamente más cierta y consecuente. Su pintura patrocina una serie de complejos conceptuales donde, incluso, la realidad, a fuerza de real, pierde, a veces, su condición ilustradora.
La obra de Carretero surge profunda, sugeridora, llena de matices plásticos que acentúan un carácter pictórico serio y riguroso. Él es un pintor apasionado que se abre de verdad a una pintura apasionante, llena de registros y con un sentido vehemente de la expresión. Su pintura es más bien a contraestilo, sin fulgurantes apariciones estelares; es pintura serena, sin maquillajes efímeros ni superfluos planteamientos, esos que tanto anima a la creación contemporánea y que, muchas veces, sólo promueven a ficticias especulaciones de lo que tiene poca sustancia. Su obra es personal, muy de Pepe Carretero, que es tanto como decir con sello propio, lleno de particularidad y sentido pictórico y se ha ido haciendo madura a base de fuerza y de energía vitalista. Una pintura que se convierte en reconocible y sustentadora de un lenguaje puro dentro de la figuración española.
La pintura de Pepe Carretero es totalmente clásica, para nada renuncia a la sutil esencia de una ejecución determinante, garante de los registros mínimos que conllevan su realidad plástica y positivadora de todos cuantos asuntos rodean el bello acto de la creación. Para ello se deja llevar por una forma argumental basada en una línea bien dibujada que favorecen y maximizan los asuntos representados y que se distribuyen en una estructura compositiva que recrea una sabia ambientación y en una arquitectura visual que sustenta todo un definitivo engranaje representativo.
Es un pintor convencido y convincente. Ha elegido las sendas de un arte representativo donde tienen cabida los más amplios desarrollos. Ha sabido desprender a la realidad de su agobiante carga imitativa y busca posiciones emparentadas con la más abierta expresividad. Su pintura es cercana, llega con la claridad de lo que está cocido a conciencia, relata los esquemas de lo real, de lo que ocurre a su alrededor; los planteamientos de una sociedad con infinitos matices, que Carretero suscribe sin medias tintas en un organigrama lleno de pureza y verdad. Su pintura es, en definitiva, como la vida abierta que nos rodea.
Su exposición de Pescadería nos lleva por las sendas de un artista que no ofrece duda porque sabe mostrar un lenguaje particular donde la realidad propone los desarrollos y desenlaces sólidos de un artista seguro, realizador de una pintura de inequívoca sutileza y personalidad.
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