Jerez

Un socorro diario

  • El economato del Hermano Adrián abastece ya a 1.324 familias de la ciudad Vistazo completo a la obra social de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, Premio Princesa de Asturias este año

María llegó ayer como cada dos meses al despacho de la trabajadora social del hospital San Juan Grande. Con la confianza adquirida de hace ya algún tiempo de visitas, le dio a Patricia Muñoz, la profesional, el recibo de la luz del mes de poco más de cien euros. En el intercambio, y mientras ambas firmaban los registros competentes para poder acceder a la ayuda, María pidió consejo sobre la ley de Dependencia. Cuando la trabajadora social salió de la oficina para traer el dinero, la demandante dijo que "nunca encontraré la forma de darles las gracias ¿sabes?" y procedió a contar su historia. "Soy viuda desde hace 14 años y ni mi marido ni yo llegamos a cotizar el mínimo para poder acceder a una ayuda o la paga de viudedad. Vivo sola, no percibo absolutamente nada y esta es de las pocas puertas que me han abierto, ya que la mayoría de ayudas sociales se distribuyen entre familias con hijos, sin tener en cuenta a las personas que vivimos solas".

Esta es tan solo una de las miles de historias que cierran las paredes de la obra social de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios. Concretamente, son 1.324 familias las que acuden todos los meses a comprar en el economato que lleva el nombre del recién fallecido Hermano Adrián. A este almacén 'solidario' se unen otras iniciativas como el pago de la luz, talleres de empleo, diversos cursos de formación -carpintería, jardinería o costura, entre otros- y ayudas puntuales para familias con algún miembro con discapacidad.

El hermano superior de la orden de San Juan de Dios, Guillermo García, recordó ayer cuando llegó a Jerez hace cinco años y vio nacer, sin que se diera cuenta, este almacén. En aquel entonces, "aún no conocíamos las consecuencias de la crisis. En junio de 2010, el hermano Adrián daba alimentos todos los viernes a 40 personas que pasaron a 120 familias en cuestión de meses. El efecto llamada y la necesidad nos arrolló, y en seguida decidimos echar a andar un economato en el que queríamos ayudar a un máximo de 200 familias, ¡fíjate a lo que hemos llegado en cinco años!".

A las 1.324 familias que todos los meses subsisten gracias a este economato hay que sumar las 147 que se encuentran en lista de espera, un número que crece casi a diario. García explicó que "desde el principio lo que quisimos es dignificar a las personas que nos pedían ayuda. Que no se sientan como si estuvieran mendigando. Por eso decidimos hacer una especie de supermercado, pero con precios a un 75% más baratos que el coste real de los productos, por lo que con los 8 o 9 euros que les entregamos llenan los carros y da para el mes".

El funcionamiento del economato comienza, de nuevo, en los trabajadores sociales. Son los encargados de estudiar a cada familia solicitante de ayuda. Una vez aceptadas, se hace un carné acreditativo por unidad familiar para que uno de los miembros pueda pasar a comprar. En estas identificaciones "aparece un código de barras para que en el momento que pasen por caja, el voluntario que esté en este servicio sepa cuál es su crédito", detalló ayer la responsable de la obra social de San Juan de Dios, Silvia Gutiérrez.

La figura de los voluntarios es clave para entender el funcionamiento del economato y los distintos talleres que desarrolla la obra social de la orden. Ayer por la tarde, día de economato, una veintena de familias se agolparon a las puertas del supermercado 'solidario'. Por orden de llegada solicitaban número a uno de los voluntarios y pasaban a comprar, "hay veces que hacen cola desde las diez de la mañana y no abrimos hasta las cuatro, es un momento muy importante para estas personas", contó la responsable.

Una vez dan las cuatro de la tarde, comienzan a entrar por orden en el economato. Dentro del edificio, ampliado hace pocos meses debido a la demanda, un voluntario espera a cada usuario con una calculadora para ayudarlo a computar la compra mientras la llevan a cabo. Gutiérrez confesó ayer que "como normalmente siempre vienen los mismos días y están los mismos voluntarios, se producen verdaderos lazos de amistad y en el ratito que están aquí cuentan su vida y les sirve de terapia para desahogarse".

El economato se distingue de otras entidades sociales en que, además de ofrecer comida, tienen en cuenta otros productos que no ponen tan fácilmente al servicio de los usuarios como son los elementos de higiene y limpieza. Por eso, en las estanterías de este almacén se suceden las legumbres y los congelados con productos como detergentes, suavizantes, champús o compresas. Los precios cumplen absolutamente con lo prometido: nada supera ni llega a un euro. Lo más caro, el aceite de oliva, tiene un coste de 77 céntimos. Le siguen en el ranking de precios un pack con los condimentos del puchero por 70 céntimos y el detergente por 69. En junio, los responsables ofrecieron un congelador con productos congelados "y ha sido todo un éxito. Hemos tenido incluso que subir la asignación de cada usuario debido a que ahora hay más donde comprar y tenían que elegir entre una cosa u otra", señaló Silvia Guitérrez.

La picaresca también se contempla en esta obra social, y es por eso por lo que algunos productos solo pueden adquirirse por unidades, ya que como señaló la responsable "nos encontrábamos al principio con que la gente compraba en demasía y revendía los productos". Para evitar también la duplicidad de las ayudas, la organización se integra junto a otra decena de instituciones en el convenio en red del Ayuntamiento que con su actividad colaboran en la cobertura de necesidades básicas de personas y familias con dificultades. En el pago de las mensualidades de la luz, por ejemplo, solo se permite a las personas acudir cada dos meses para no crear una dependencia de la ayuda y con un coste de hasta 200 euros.

La responsable de la obra social San Juan de Dios señaló ayer que el coste anual solo del economato es de 500.000 euros, un número que crece cada año. Sufragar esta cifra es posible gracias a la cartera de bienhechores que cosechó el hermano Adrián durante su alargada trayectoria en el terreno social de la ciudad. Esta herencia asciende hasta las 4.000 personas e instituciones que siguen ayudando en este proyecto, además de las distintas iniciativas puntuales que se desarrollan cada pocos meses.

Cada rincón del hospital se convierte en una historia improvisada como la de Rocío, que acude a la trabajadora social porque sus tres hijos se han quedado sin leche tras la compra de hace pocas semanas en el economato. Un problema solucionado en pocos minutos. Y así continúa el día a día en San Juan Grande, entre problemas y soluciones que este año han hecho ganadora a la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios del Premio Princesa de Asturias de la Concordia.

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