Medio ambiente

Un solar llamado González Hontoria

  • El parque de la Feria sigue sin tener un proyecto integral y presenta zonas abandonadas. Tocones secos, botellas vacías, mobiliario roto... Un paseo por el 'antiparque'.

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Érase una vez el antiparque. Un terreno sin apenas sombras, sin apenas vida. Una explanada de albero en la que meses después de la Feria, aún se esconden etiquetas de vino. Érase una vez un parque abandonado a su suerte y al que se le saca brillo una vez al año. Una zona verde sin verde. Con árboles que mueren castigados por el tiempo y por la falta de mantenimiento. Especies que se podan de forma espigada, convirtiéndolos en árboles débiles que no aguantan el fuerte temporal. Érase una vez un solar llamado González Hontoria.

Sólo un par de runners y algunos vecinos de la zona con sus perros aprovechan la mañana en el parque. En el último día de junio, las temperaturas bajan unos grados y corre un poco, muy poco, viento. "El parque está abandonado desde hace muchos años. Ha tenido una pérdida progresiva de arbolado a raíz de una gestión de podar hacia lo alto, en forma de espiga, que lo ha ido deformando", comenta Agustín García Lázaro, de Ecologistas en Acción. Por el parque abundan los tocones secos, las botellas vacías y restos de vallas de la pasada Feria del Caballo. Precisamente, esta semana grande castiga cada año el parque "porque algunos caseteros abren las puertas traseras y tiran al suelo muchos vertidos", lamenta García Lázaro.

Ecologistas en Acción denunció en el año 2000 la tala de árboles, especialmente de eucaliptos, que se llevó a cabo en el González Hontoria. Curiosamente, algunos de aquellos árboles derribados fueron incluidos dentro del catálogo de árboles singulares y de valor patrimonial que editó ese mismo año el Ayuntamiento. Sobre este asunto, García Lázaro recuerda que había ejemplares que se talaron con más de cien años y con cuarenta metros de altura. "La remodelación del parque fue un desastre. Se quitaron muchos eucaliptos porque querían reubicar la caseta municipal, y tras la tala, finalmente la caseta no se instaló allí. Vamos, que fue para nada", cuenta el profesor.

Fue el 'jardinero mayor de la ciudad' quien adquirió en 1903 100 eucaliptos para el parque González Hontoria. Los árboles se plantaron en el invierno del año siguiente y desde entonces vino a formar parte de la fisonomía de este rincón de la ciudad.

Del parque por excelencia a parque olvidado. La reposición una y otra vez de albero en las calles principales ha provocado un escalón artificial entre la zona ajardinada y el paseo. Detrás quedó la iniciativa popular de recuperar la Fiesta del Árbol -Jerez fue una de las primeras ciudades de Europa donde se celebró esta Fiesta en 1898- y muchos jerezanos aún recuerdan los llamados 'Festivales de España', en los años 60 y 70 en la arboleda junto El Bosque, y las tardes del cine de verano. "Había movimiento todo el día. Por las mañanas, las personas mayores paseaban, por las tardes se reunían los jóvenes y por la noche, las familias disfrutaban del cine, del tiovivo y de las casetas donde podías comprar caracoles y tomarte un vino", declara García Lázaro. En aquel momento sí que era un lugar de ocio y de esparcimiento.

Ahora los usos del González Hontoria se centran en las pistas de hielo en Navidad, la semana de la Feria del Caballo y a citas puntuales como la celebración de San Antón. El cerramiento del parque para su mejor conservación no ha aportado nada a la joya verde de la corona. Al contrario, lo ha aislado aún más. "Este parque necesita una remodelación integral. Hay que repoblar y buscar la mejor forma para conciliar el respeto por la zona verde y la Feria. Si no se da un paso hacia adelante para su conservación, auguro un mal futuro para este parque", reconoce García Lázaro.

Sobre la mesa está la esperanza de que la construcción de un restaurante en el Hontoria lo revitalice. El proyecto contempla la construcción de un edificio con dos plantas, terrazas exteriores y una zona de juegos infantiles. Todo un reto que, para Ecologistas, debe ir acompañado por "un proyecto de más envergadura, que abarque todo el parque".

Mientras, caminar a ciertas hora del día es cruzar un escenario del lejano Oeste. Sólo falta ver algún calamino (aquellas bolas de hierba seca que son arrastradas por el viento) para bajar la mirada, acelerar el paso y salir de una explanada en la que apenas hay sombra. "Forma parte del paisaje de la memoria de los jerezanos. Fue un gran parque diseñado a lápiz, y no como El Retiro, que fue reciclar una finca de un señor. Además, el González Hontoria se encuentra en un lugar privilegiado", declara García Lázaro. Aunque ahora no brille, el parque está catalogado como Jardín de Interés Cultural y en él siguen en pie especies como jacarandas, palmeras canarias, ficus o higuera de Port Jackson, ejemplares aislados de algarrobo, robinia o árbol del fuego. También hay casuarinas y pinos piñoneros, entre otros. Desgraciadamente, y a pesar de ellos, hoy el González Hontoria es un monumento a la desidia.

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