paco cepero. guitarrista

"Tanta técnica está acabando con la guitarra"

  • El jerezano repasa sus más de 50 años como tocaor y compositor en una semana en la que acaba de recibir su enésimo galardón, el Premio Compás del Cante, de los pocos que le faltaban

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Casi no tiene espacio para colocar los innumerables reconocimientos. En una pared, discos de oro y platino, en otro rincón diplomas, una vitrina entera para estatuillas, por no hablar de las fotos en las que aparece con ilustres como El Cojo Peroche, Caracol, La Paquera... Estamos ante historia viva del flamenco, un guitarrista que ha marcado época y que ha sido capaz de crear su propia escuela tocaora.

-Hace apenas 48 horas recibió usted su enésimo galardón, el Compás del Cante. ¿Cómo fue la experiencia?

-Fue una cosa muy bonita. Los artistas cuando recibimos reconocimientos, por lo menos con la edad que yo tengo, sentimos una motivación especial. En Sevilla hacen las cosas muy bien y bueno, a uno le agradan estas cosas. Además, había gente como Curro Romero, Farruquito, La Susi, Pepa Montes, El Lebrijano...

-(...)

-El problema de tener tantos reconocimientos es que uno echa la mirada hacia atrás y te sale el carnet de identidad. Entonces te das cuenta de que el tiempo ha pasado volando, que yo empecé muy jovencito pero que ya tengo 72 años. Uno va ya en la cuesta abajo de tu vida. Me encuentro bien, me cuido, pero en cuanto me siento más gordo ya estoy en la consulta del doctor González (risas).

-A medida que uno cumple años, ¿le da más importancia a este tipo de premios?

-Sí que se la da, e incluso te pones nervioso cuando llegan. El otro día yo iba como un flan, igual que cuando estuve en Sevilla tocando hace unos días. Cuando yo empezaba ocurría todo lo contrario, pero conforme avanza tu vida uno siente más responsabilidad. Ahora tengo más templanza y más maestría y también me gusta disfrutar del momento, y eso antes no pasaba.

-Ha hablado antes de cuando empezaba. Entonces su profesión estaba muy mal vista...

-Cuando uno rebobina se acuerda de que en este pueblo había personas de mucha categoría pero también había señoritos, gente que te trataba fatal, que a veces no te pagaban o lo hacían cuando les daba la gana. Nos ponían en la cocina o en un sitio apartado, parecía que teníamos el ébola. Gracias a Dios, algo hemos luchado para que las nuevas generaciones se encuentren tocando en los mejores teatros del mundo y sintiéndose artistas de verdad.

-Ahora lo tienen más fácil...

-Claro que sí. Te digo un ejemplo. Antes no había tanto reverb y el sonido había que sacárselo al instrumento. Hoy los chavales, siempre hablando de la guitarra, van al conservatorio, estudian armonía y solfeo y tienen a un profesor que les enseña treinta ejercicios para la mano izquierda, treinta para la mano derecha, treinta obras clásicas...Cuando sales de ahí el guitarrista se come la guitarra, pero después tienes que empezar tú porque la vida del artista es una carrera donde el tiempo y el público son los jueces infalibles. Son ellos los que dirán si eres bueno, malo, regular o si no sirves. Ahora la juventud debe ponerse y aprender, que es lo importante, pero después no tirar por tierra el legado que nos han dejado, porque esto es muy serio y muy rico en armonías y en músicas. Se puede avanzar, pero sin salirse de los límites.

-De todos modos, hay muchos jóvenes que recurren a Paco Cepero para pedirle consejo...

-Sí, la verdad es que vienen y encima se dejan aconsejar. La juventud está muy despierta, es lista, y tienen el oído mejor preparado que nosotros. Si tú les dices 'este cambio hazlo así' y luego ven en directo que todas las cosas que tú les dices les sirven, siguen viniendo.

-¿Esa figura del tutor hace falta hoy día?

-Los mayores debemos de estar siempre ahí para los que quieran nuestros consejos. Mira, te voy a contar una anécdota. Cuando llegué a Madrid iba a buscarme las fiestas a la Venta Manzanilla, que era muy famosa. En esa época trabajaba allí Manolo de Huelva. Cuando llegué preguntó '¿este chiquillo quién es?' Y le dijeron que era sobrino de Cepero. Entonces pensaba que era cantaor y me echó el brazo por encima, 'vente sobrino'. Cuando se enteró que era guitarrista me miraba con una ira...Antiguamente los tocaores no querían que nadie le copiara una falseta, sin embargo hoy es distinto. Tanto los cantaores como los guitarristas y los bailaores con experiencia debemos ayudar a los jóvenes porque son ellos los que van a coger el testigo. Yo ayudo en todo lo que puedo.

-Cuando uno coincide con casi todos los grandes nombres de la historia del flamenco, ¿te hace diferente?

-No lo sé. He tenido la suerte de haber coincidido con todos los grandes nombres porque con 14 años tocaba a La Paquera y con 15 a Caracol. Y en Jerez mis cimientos los hice con Fernando Terremoto, El Sernita, Tío Borrico, El Troncho, El Sordera, Paco Laberinto...Gente que me enseñó a amar el flamenco, porque además yo me considero un cantaor frustrado.

-También ha abanderado usted a los guitarristas de acompañamiento, que ahora parecen bichos raros, todos quieren ser solistas....

-El otro día me dijo La Susi en Sevilla cuando toqué que ya no se acompañaba así. Nunca me he metido contramano con un cantaor y ya se sabe, lo importante es no molestarlo, ahí eres el banderillero. Yo he ido a festivales y he tenido que tocar a varios artistas. Eso sí, siempre he respetado a mis compañeros porque eso también es importante. Si de algo puedo presumir es que acompaño bien al cante, de lo demás no presumo.

-¿Hasta cuándo le veremos tocando la guitarra?

-Hasta que tenga fuerzas. Si algún día veo que mis fuerzas se aminoran, lo dejaré, diré adiós y me pondré a dar clases de guitarra, no voy a hacer el ridículo en un escenario porque creo que el artista, lo mismo que ha luchado por conseguir cosas también tiene que saber retirarse a tiempo.

-Habla de su faceta como guitarrista, pero con su parte compositora también podría escribir un libro...

-Sí, he hecho temas a mucha gente, desde Julio Iglesias pasando por Rocío Jurado, la Pantoja, El Fary, Manolo Escobar, Bordón 4, María del Monte, María Vidal, Los Marismeños... Esa fue una etapa de mi vida y llegó un momento en la que dejé a un lado el flamenco. Tanto es así que cuando me vine a Jerez hace quince años estaba olvidado como guitarrista. Es más llamé a muchos cantaores a los que años antes había ayudado y nadie me echó una mano, por eso tuve que ponerme a tocar solo. Para tocar solo hay que estudiar mucho y yo no soy de esos, yo necesito la técnica suficiente para desarrollar lo que yo quiero hacer. Además, considero que todo lo que se basa sólo en la técnica es un síntoma de impotencia. El otro día me dijo el padre Felipe Ortuño que se me ha quedado grabada. Me dijo 'Paco, el arte siempre empieza cuando te olvidas de la técnica'. Eso es hace que transmitas al público.

-¿Qué es lo que más valora hoy día como profesional?

-La honestidad contigo mismo. Sé cuándo he tocado bien y cuándo he tocado mal. Además, uno tiene una especie de psicología y cuando hago algo nuevo a alguien me fijo en su rostro, ahí me doy cuenta si es bueno o no vale nada. También valoro el respeto del público, cuando ocurre eso es que el artista está considerado.

-Hace unos días presentó su última creación para la Real Escuela de Arte Ecuestre. ¿Ha quedado contento con el resultado?

-Sí, porque además era una espinita que tenía clavada. Creo que ha quedado precioso y le da un toque distinto. Me ocurrió igual con la sinfónica 'Suite Gades'. Creo que después de eso me puedo morir tranquilo. He hecho muchas canciones para artistas de todo el mundo, he acompañado a los mejores cantaores pero me faltaba esto para ponerle la guinda al pastel musical de mi vida. 'Suite Gades' fue aquello, porque una obra sinfónica no es una falseta por bulerías, hay que echarle muchas horas y más en mi caso que no sé solfeo. Como me dijo Paco Gandía, 'Cepero tienes cabeza pa llevar Rumasa sin papeles' (risas), pero almacenar toda esa música y adaptarte al director es complicado.

-¿Para eso hace falta escuchar otro tipo de música?

-Por supuesto, pasa igual que cuando escribes, es importante haber leído a muchos poetas. En la música a mí me encanta Vivaldi, Beethoven, Mozart, Albéniz, Falla, Turina...Hay una riqueza ahí que inconscientemente lo vas absorbiendo y luego, cuando tienes creatividad, lo regurgitas, pero siempre dándole tu toque, y eso sí que no se puede aprender. Yo puedo enseñarte la técnica, pero crear no.

-Por hacer ha hecho usted hasta marchas procesionales...

-Eso es algo que me ha enriquecido mucho, al menos espiritualmente. He hecho el himno de la coronación de la Virgen del Valle y de la Esperanza y una salve preciosa a la Virgen del Valle. El día de mañana, cuando me vaya, se recordará en la calle porque de hecho una de mis marchas, 'el Rey flagelado', que hice para la Amargura, se ha hecho famosísimo en Sevilla. Eso para mí es muy grande.

-Antes ha hablado de sus grabaciones. ¿Hay mucha mentira en los discos de hoy en día?

-Sí. A mí me gusta grabar en directo, no con el Pro-Tool, porque entiendo que la perfección da frialdad. Eso se nota cuando tocas en directo, porque ahora hacen una escala y le meten más velocidad, pero luego eso hay que hacerlo en directo y a ver quién es el guapo. Además, soy de los que cuando un tema no sale, al otro día lo borro todo, porque de un día a otro no tienes el mismo estado anímico ni la misma pulsación.

-En Sevilla todas las críticas de su actuación en la Bienal fueron para enmarcar...

-Sí, actuaciones como las de la Bienal son las que a uno le mantiene vivo, más aún si el público responde como respondió ese día que había gente esperando porque se acabaron las entradas. Por todo eso uno coge su guitarrita todos los días esperando a que surjan cosas así, porque la guitarra ya se sabe que si las dejas un día, tienes que tardar seis en recuperarlo. Yo no soy de las personas que estudia seis horas, pero sí de una horita diaria para estar a punto.

-¿Es usted de los artistas a los que les gusta estar al día en su gremio?

-Sí, a mí me gusta ir a los sitios y hacer mi análisis. El otro día fui a ver a Agujetas y la verdad es que me recordó cosas, porque es un cantaor que tiene cosas buenas. Quizás no tuvo su gran noche, pero dejó detalles. También me gustó su hijo que sacó fuerzas de todos sitios. Yo veo y escucho, sería un error creerte el mejor de todos. Lo decía Paco de Lucía, que se aprende de todo el mundo, y el que menos te espera te enseña algo. A lo mejor un día le dices a un chaval que está empezando, 'coge la guitarra y toca', y le ves cosas que tú llevabas buscando treinta años. Esta profesión es así de maravillosa.

-¿Y cómo está el nivel de los artistas actualmente?

-La palabra artista es muy cara, se puede ser buen profesional, pero artista no lo es todo el mundo. Artista era La Paquera, Lola Flores, Terremoto, Manolo Caracol, Paula, Antonio Gallardo.... Hay buenos profesionales, pero artista es otra cosa. El artista improvisa, nunca es igual.

-(...)

-Mira, de Antonio Gallardo me acuerdo mucho porque haciendo música tenía una personalidad inconfundible. Una vez me dedicó una cosa. (Recita) Tengo un dolor tan entero que me parte el corazón/díselo a Paco Cepero que él te escribe una canción. /Tengo un dolor tan fiero que hasta el alma me desgarra/ díselo a Paco Cepero, que él te toque la guitarra. /En la soledad me muero/ese es mi mayor castigo/ díselo a Paco Cepero, y que sea también tu amigo. /Porque no existe alegría ni premio más canastero que pisar Andalucía y encontrarte con Cepero.

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