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“Un traje corto jamás se puede hacer a la ligera”

  • Entrevista de Marco A. Velo con Antolín Díaz Salazar, maestro del traje corto 

“Un traje corto jamás se puede hacer a la ligera”

“Un traje corto jamás se puede hacer a la ligera”

Alberto Villagrán Inmobiliaria Alberto Villagrán Inmobiliaria

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¿Cómo nace su vocación por la sastrería?

Porque yo, cuando salí del colegio con dieciséis años, en aquella fecha había que trabajar porque en las casas no se ganaba lo suficiente. Y entonces me marché con un tío mío, que era sastre. Yo tenía dos tíos sastres, José y Antolín Díaz. Me fui con Antolín. Ellos no hacían ropa corta, sino ropa a la usanza de entonces, abrigos y prendas tradicionales. Pero yo quería distanciarme, digámoslo así, de la sastrería al uso porque entendí que cada vez la confección era más importante y la sastrería… pues menos. Quise especializarme en algo que no hiciera nadie. Y, siendo como era autodidacta, fui mirando prendas, contrastando, y de la Plaza Esteve, que es donde conseguí tener mi sastrería propia, quité todos los trajes normales y puse solo chaquetillas cortas. Las pasé canutas, eso sí. Porque aquello era sólo para la Feria. Me mantuve tenazmente en esa convicción. Y comenzaron a venir gente de Sevilla, de otros puntos de Andalucía, y de otros lugares ya de España… Me hice un nombre. 

¿Cuándo decidió apostar por la especialización del traje corto?

Yo nací en el año 1933. Y me casé con 29 años. Y ese cambio lo hice con 40 años. Pues sobre 1973 aproximadamente. Y así hasta hoy. El cambio fue para bien. Le dio un distintivo a mi producto. Fuimos mejorando en el trabajo. Entonces sólo se hacían chaquetas negras y chaquetas grises, y yo fui introduciendo combinaciones muy bonitas como la chaqueta azul y los pantalones de pata de gallo blanca y azul. A los fabricantes de pañería les decía concretamente lo que quería. Fui cogiendo un nombre poco a poco. Me adelanté bastante en el tiempo. 

Usted ha sido un trabajador incansable… 

Mi dedicación ha sido plena. La demanda comenzó a desbordarse exageradamente. Y nunca se me cayeron los anillos cuando tocaba echar deshoras. Me gustaba lo que hacía. He sido un enamorado de mi trabajo. Igualmente con los toreros. He recibido en mi negocio a prácticamente todas las grandes figuras. Al último que he recibido ha sido a Morante de la Puebla, a quien le he hecho varios trajes. 

¿Cuál ha sido su distintivo de calidad?

Todo en mi casa es artesanal. Es mi mayor seña de identidad. Todo aquí se ha hecho siempre a mano. Hay quienes fabrican bajo un prisma demasiado comercial. Y estas obras de arte no se pueden hacer a la ligera. Eso jamás. Porque son trajes que deben durarte siempre. Tienen que durar treinta y cuarenta años hartos de mandarlo a limpiar. Así debe ser. Hay que pespuntear por dentro. 

Antolín Díaz Salazar, maestro del traje corto Antolín Díaz Salazar, maestro del traje corto

Antolín Díaz Salazar, maestro del traje corto

Un traje, como obra, precisa de una laboriosidad quizá desconocida… 

Un traje necesita mucho tiempo. Es imposible calcular las horas que precisa un traje. Un mínimo de treinta horas, seguro. Mínimo. Un traje normalito. De traje corto básico, me refiero. Si es bordado, un mes y medio o dos meses. Si me preguntas cuántas horas al día, cuántas horas en una jornada laboral he echado pasando de una confección a otra, yo te diría que al menos quince. De quince horas diarias no he bajado. Durante décadas. E incluyendo casi siempre fin de semana y festivos. 

En la calle Bizcocheros asentó su negocio… 

Andando el tiempo me vine aquí, a la calle Bizcocheros. Y monté el museo. De modo que los clientes venían, y en lugar de esperar casi en la calle, como me pasaba en la Plaza Esteve, aquí se recreaban visitando el museo. Museo o exposición permanente. Yo estoy muy desencantado que esta exposición de 160 trajes de corto no haya podido abrirse a la visita de todos. Porque es algo único. Ya tengo 88 años y este proyecto lo doy por perdido. Es una sinrazón que esta exposición tan amplia no pueda visitarse. 

Su mujer Carmen Beato -q.e.p.d.- fue esencial en su trayectoria, ¿verdad?

Mi mujer fue exagerada, de buena artista. En el bordado fue un Dios. Han venido artistas artesanos cofrades y se han llevado las manos a la cabeza cuando veían los bordados de mi mujer. Era muy profesional. También muy trabajadora, incansable. Su sello tenía mucha personalidad. Siempre a mi lado. Ella formaba parte importantísima de mi éxito. 

¿Es amplia la variedad del traje corto?

De trajes cortos sólo los hay de dos formas, los que son de solapa y los que son de tirilla. La de tirilla es la guayabera, que la reminiscencia es de un uniforme militar español en Cuba. Bien es cierto que de estos dos tipos vienen las derivaciones. Los de solapa se usaban más para los toreros, para los maestros, y los de guayabera para los subalternos. Y para los cocheros. 

Su sastrería ha sido un foco atracción mundial… 

Han venido gente de Inglaterra y se han quedado tres días en el Hotel Jerez esperando que le haga el traje. Y de Italia, una barbaridad. Y los mejores toreros y rejoneadores de España. Me he sentido, sí, profeta en mi tierra. Y reconocido nacionalmente por mi oficio. Si yo estuviera bien de la vista, seguiría trabajando. Pero no veo apenas nada.